Si te olvido / por una casualidad / improbable / no creo que pueda hacerlo / pero si te olvido / la totalidad de la vida / perdería tanto peso / que probablemente / me volvería pájaro <<“Fideo” María del Carmen Corral Bosch, “Si te olvido”

ASUNTO: Remedios la Bella, este mensaje va como chalupa cargada de explosivos (brulote)…
FECHA: sábado 3 de junio de 2006  14.51

…directo a tu línea de flotación tan sólo para que reconozcas mi friso electrónico (la cabecera que te aparecerá en la bandeja de entrada) y no elimines los envíos sucesivos, creyendo que te vienen de los Estados Unidos y son spam.

Y para no perder el hilo de lo que te dije anoche, que reproduzco en el siguiente dialoguito, que se puede tocar de tan fiel:

Se me partía el alma (tú, viendo cómo Gabriel* me advertía y aceleraba para terminar**).

Pero ¿tú tienes alma?

Es que no creo que haya una infinita variedad y al tipo de belleza que representas tal vez te injurio con el verbo no me parece que le convenga mucho el alma.

Te devuelvo el filo, lobita feroz (el de espada, por el que fue pasada la ciudad de Nob a un dedo en alto de Saúl y en represalia por haber dado asilo a David).

_____
* Gabriel Mazer,
Rabito Tontodulzón, el rabino de la Comunidad Judía Progresista Bet Shalom de Barcelona cuando tenían la sinagoga en la sede del Centro de Estudio de las Tradiciones Religiosas (CETR). Precedió a Ariel Edery.

** Mi turno oral en la rueda de intervenciones de la festividad de Shavuot con el tema del ‘destino aciago del rey Saúl’.

RE: Remedios la Bella, este mensaje va como chalupa cargada de explosivos (brulote)…
FECHA: domingo, 04 de junio de 2006  9:36:52

Remando en círculos ya está en mi ordenador, esperándome…

En cuanto a este cuerpo que usted (el tuteo vendrá de forma desordenada, su inigualable manera de expresarse me lleva a diferenciarlo del resto de los mortales) adivina (y me informa) sin alma; y me llena y me avergüenza el motivo… espero que posea al menos un resto de sensibilidad como para apreciar estos escritos que me envía.

M.

ASUNTO: Remando en círculos. El piélago (7)
FECHA: domingo 4  12.43

Las remesas 8, 9 y 10 que irán a continuación son los tres misiles filoguiados contraestrella. Espero que rayen tu cielo con el dedo de Dios que es de hielo.

ASUNTO: recibe de Remedios
FECHA: martes, 06 de junio de 2006  20:27:59

Sigo el orden, encuentro tu pedido de informar sobre si los escritos han sido devorados por un Alien, obedezco: los voy abriendo sin respiro, maravillada de verdad (ya enfatizaré este placer, esta lectura). Y sin alienígenas a la vista. Estoy por entrar en lossonetosdePetrarquita…

M.

ASUNTO: Nos quedamos sin poder ir a la montaña rusa
FECHA: viernes 16  8.28

Anoche te vi opiándote como la Bella Durmiente en su urna de cristal…

Primero fue Jaime con el cronicón de su vida errante; posteriormente, la explicación para selenitas de los «cuarenta años de dictadura» (tango) y lo que no va a pasar después del domingo, que los castellanohablantes terminaremos llevando una estrella de David debajo de la lengua o pegada al paladar.

La tertulia empieza con los peores augurios*: encuentro de hombres solos que aciertan por casualidad en el blanco de que, en realidad, es más elevado demostrar que saber, y uno que habla una lengua que dos tienen que traducir.

Para colmo, al volver a casa encendí el televisor y vi en el programa de Eva Hache, de la Cuatro, a David Summers, el cantante de Hombres G, que contaba que cuando llegaba a su casa se olvidaba de que era famoso, era artista, y volvía a ser una persona. Los Hombres G eran los que cantaban un decir aquello de

Sufre, mamón,
devuélveme a mi chica;
te retorcerás
entre polvos pica-pica
.

Sin comentarios… «de alguna manera», como se estila decir hoy. O que los haga una persona. Pues por eso mismo._____
* Un mísero empeño de tertulia con los asistentes de Bet Shalom en la cafetería de la Librería Laie de la calle Pau Claris. No había nada que nos uniese. Ni los monoteísmos, posterior uno al otro.

RE: Nos quedamos sin poder ir a la montaña rusa
FECHA: viernes, 16 de junio de 2006  11:26:05

y Enrique [se llama Ernesto] contó no sé qué cosa de las autonomías mirándome (siempre) a los ojos, como si yo necesitara esa información más que ninguno, y yo no pude irme aunque sea a pasear mi vista por las etiquetas de las botellas de los vinos que estaban al fondo y que ya había escogido para salvarme la tarde después de que Jaime supusiera que teníamos muchas ganas de escuchar su arribo a Europa.

La pregunta es sobre las condiciones de mejora de una tertulia indefinible. ¿O será esta sólo una desventura de comienzo?

En fin, cosas que pasan…

M.

RE: Te mando la crónica…
FECHA: domingo, 18 de junio de 2006  17:27:43

gracias, Grizzly, ya la iré leyendo…

sí me llegó la imagen del perrito, a modo de firma, quizás.

te llamo en la semana para encontrarnos (espero tenerla bien de tiempo, nunca sé con anticipación cómo viene).

M.

ASUNTO: Reina de las amazonas, Pentesilea,
«símbolo de la eterna Geometría»…
FECHA: viernes 23  12.10

Aquiles la mató en el sitio de Troya y la lloró luego.

«¡Yo también quiero ser una princesa!» Tu auténtica demanda de justicia mitológica debe de haber hecho algún progreso desde la noche de Laie, porque una persona no habría pedido eso y, desde luego, por boca de su cotidianidad bienaventurada se burlaría.

Cuando me fui a acostar, me vino a la mente e, involuntaria, floreció en mis labios la sonrisa de quien, teniendo vendados los ojos, aun así se enternece.

Vas a hacer que me disuelva.

RE: Reina de las amazonas, Pentesilea, «símbolo de la eterna Geometría»…
FECHA: viernes, 23 de junio de 2006  15:08:28

¿Es que querer ser una princesa no forma parte de la realidad?

Tal vez alguien me ha estado mintiendo sobre las posibilidades en la tierra. Qué remedio, ya es demasiado tarde para ordenar algunas cosas…

(No tomes esto como una victoria después de tu arenga, mi persona se debilita cuando su realidad no le alcanza o le sobra y por momentos flaquea, pero no es más que eso.)

M.

ASUNTO: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: domingo 25  15.46

Me he enterado de que tienes sobre la mesa un ofrecimiento para ir a Santa María de Huerta este fin de semana próximo. ¡Qué fantástico que pudieres hacer acopio del poco dinero que ganas, la poca fuerza que el amor te deja y la decisión que hace del impulso ciego vencedor real del «mundo como representación»!, ¡ahí va eso, don Arturo! Ojalá que sea porque sí. Ojalá que te decidas. Ojalá que sea La Hoja.

Conocerías a otros que encienden hogueras en la noche, que, también como tú, recorren un túnel con todo lo necesario para desesperarse. ¿Qué buscar? ¿Cómo buscar, si no?

¿Y si buscar no fuere?

Charlaríamos la pila de horas. El pueblo, por puro cansancio de la España inmemorial y profunda del sesteadero, no vale gran cosa, pero tiene su carretera general lo suficientemente solitaria como para hacer que te pongas a dar respuestas sin preguntas. La estación de ferrocarril es del Far West; te paras en el andén y muy a gusto oteas a ver si se ve venir el tren que trae a Frank Miller en Solo ante el peligro (A la hora señalada en la Argentina). Hay claustros más grandes que una derrota (un rumbo marino), que una deriva de pasos. Hay un bosquecillo de eucaliptos con su mesa y bancos de piedra en concordancia; no hay nada como esperar a que atardezca en esos bancos, con la pala de mango largo del panadero se retiran del fondo, donde aún arden, las palabras que se mofan de las soluciones. Hay piedras enormes que parecen enharinadas, tumbadas detrás de la iglesia, cerca del ábside, ruinas falsas, panes fríos en el horno, deliciosamente falsas a lo Claudio de Lorena. Hay «senderos que se bifurcan» como los soñó tu autor preferido, el libro que mira, el viviente hipotérmico, tu inspiración, tu penate, por los que podríamos andar, despertando el interés de los insectos.

Prometo que no tendrás que hacerme callar. Ya se encargarán de ello los pajaritos.

GRUMPY GRIZZLY.

RE: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: domingo, 25 de junio de 2006  15:32:26

Sí, acabo de hablar con Estela (¿o Stela?) para ir a Huerta el fin de semana que viene.

Pero debo dejar por escrito una aclaración capital: decidí ir para cortar con mi distracción (que quiere decir mi esterilidad literaria), para concentrarme en la escritura y la lectura. Tendremos que reducir esa pila de horas que mencionas dedicadas a la charla; apenas si puedo balbucear alguna palabra en voz alta cuando no soy persona.

¿Entonces puedo confiar en los pajaritos?

M.

RE: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: domingo 25  22.52

¿«Aclaración capital» o prohibición sumaria?

Mi gozo en un pozo.

Au secours!gemiquea la cría de cocodrilo.

Menos mal que siempre guardo de reserva unas pocas lágrimas de macho adulto para verter.

DE: Petrarquita
ASUNTO: Princesas
FECHA: martes, 27 de junio de 2006  10:33:20

Hola, dinamo:

Como el buen camello que sabe vender su mercancía, me susurras al oído el veneno de la novedad, de la musa escritora, de la belleza exótica y la desgracia en vida.

Al calor de los rescoldos de la conversación, no he podido ni he querido evitar que salieran unos versos, más de introspección personal que de canto a la musa, si bien, no lo puedo negar, son un comienzo, aunque tan distinto del cancionero de rosa fría*. Es evidente que no estoy anímicamente como entonces, las heridas siguen sangrando y, como te dije, no es fácil volver de ninguna mujer, y menos de las dos que han marcado mi vida. Supongo que dentro de mí un traumatólogo espiritual podría ponerse las botas con tanta magulladura y desgarro. No obstante, la pluma sigue manando, que no es otro mi destino. No sé si la cifra de cinco poemas para iniciar un cancionero es caprichosa, aleatoria, o salió de algún manual que te guardas en la manga, pero sí puedo afirmar que aquí llega el primero.

Princesses, what princesses?

El cofre del deseo está agotado,
no quedan más que sueños en el fondo
que escarban por salir, mas no respondo
y lamo las heridas del pasado
.

Los años cual monedas he arrojado
al pozo del olvido más redondo
mas sube a mis entrañas el hediondo
perfume de un cadáver desdichado
.

Me río del dolor, carne sin hueso,
en que tan fácil es hincar los dientes
y beber de la sangre del absceso
.

No faltan a mi puerta pretendientes
ni faltan las sirenas cuyos besos
me vuelven a tentar por imprudente
.

_____
* Hacia febrero o marzo de 2005, ella terminó con él y le prohibió que la llamara por teléfono. Lo descuajó de su vida.

Para compensar la pérdida, y por las soledades aliadas de seguir juntos componiendo (una sincronía que habíamos descubierto en Estambul), intenté reencarnarla con otra musa.

Empezó a escribirle sin haberla visto, lo llevé una tarde en moto a la calle Badajoz de Poblenou, subimos al 4.º 3.ª con la urgencia del ansia ilesa en la distancia con que subimos a la habitación de las chicas para entregarle a Maléfica sus tercetos, y se la presenté.

Intercambiamos pasiones limítrofes, direcciones opuestas: Remedios la Bella (como el personaje de Cien años de soledad), después Maleva, MGK, Libia en nombre de la Reina, Canaán, Duckie, etc., y finalmente Reina de Lejanías, conforme a los miasmas de Keats (Juanito, el de la tos), fue para él la musa «de préstamo» que fue para mí rosa fría.

PARA: Remedios la Bella
RE: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: martes 27  10.59

Ser previsor, lo primero:
no basta la mano
para el sol castellano
.
Lleva sombrero
.

RE: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: miércoles, 28 de junio de 2006  9:36:25

ocho y media a la altura del Hard Rock de plaza Cataluña? Tienen idea de cuánto dinero sale el traslado?

cambio y fuera.

M.

RE: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: jueves 29  6.38

En estar contento hago mal por una decisión que tomaste y que te cansa, poniendo placer y deber en la balanza. ¿Hago mal?

No será Dios quien me castigue.

Pero si la perspectiva de las cosas te cambia con el viaje, si revuelves con un palo el fondo quieto de tu melancolía como lama de una ciénaga, recordaremos que fue por tu coraje y me harás feliz si me echas a mí toda la culpa.

RE: charanga de rezos y terapia floral en el monasterio de Huerta
o un enemigo que ha dejado de serlo
FECHA: jueves, 29 de junio de 2006  16:55:36

no podré hacerle feliz echándole toda la culpa. No sabré arrojarla fuera de mí salvo si las circunstancias sobrepasan mi voluntad, a veces monstruosa, a veces tímida.

Y anoto al margen que oigo blasfemias sobre los pobres mortales que perseguimos la felicidad. No quisiera ser yo la que lo inicie en el mundo terrenal de una mayoría embobada (léase alienada) y proclive a los jarabes y las anestesias del mundo ordinario. Puestos en esta ocurrencia, sería yo la gran culpable, y en mi caso, sí será Dios quien me castigue.

¿Coincidirá conmigo en que los creyentes tenemos que rendir unas cuentas siempre impostergables y que los actos indignos son para nosotros una cuestión pública?

Tengo a buen cuidar mis relaciones con el innombrable. Usted sabrá entender.

M.

ASUNTO: Sweet Surrender
FECHA: lunes 3 de julio  1.06

Cansado, roto, partido en dos, desenfundo con las dos manos y te apunto al entrecejo y al corazón.

Así dentro de unas horas, cuando lo abras, lo tendrás calentito.

Hasta pronto, princesita.

RE: Sweet Surrender
FECHA: lunes, 03 de julio de 2006  11:20:36

«…más de introspección personal que de canto a la musa…» Opino la misma definición para el soneto y después cambio los términos: invierto los escritos y la obra es la prosa y el soneto el epílogo de un imprudente hurgando excusas para penas (las que hicieron los últimos versos van queriendo abandonar aquel propósito).

Mientras tanto yo veo a los dos cocodrilos en la otra orilla y duermo largas siestas con la tranquilidad de quien se resiste a creer que la imagen del acecho tiene más realidad que un decorado de cartón.

M.

ASUNTO: HANDLE WITH CARE (Manipúlese con extrema precaución)
FECHA: lunes 3  18.57

¡Ja, ja!, la «imagen del acecho», ¡ja, ja! ¿Pero tú te acuerdas del ciclo de las películas de Tarzán cuando Tarzán lo hacía Johnny Weissmuller, que había un cocodrilo que desde su silla de obispo se deslizaba en el agua cada vez que Johnny Weissmuller se zambullía? La toma duraba dos segundos. No te fíes del decorado: la misma fuerza que le cuesta a un cocodrilo dormir con un ojo abierto le cosquillea para abrir la boca. Así como «de todo laberinto se sale por arriba», como decía Marechal, de un decorado algo puede salir si está bien pintado y te puede pegar un julepe.

Tú podrás dormir «largas siestas», tortuguita, que te he visto cómo, pero la nocturna tempestad del demonio de tu belleza, ésa sí que no duerme.

¡Ja, ja!

ASUNTO: El filo de la navaja tiene los labios de su desgana
FECHA: martes, 04 de julio de 2006  10:08:18

Hola, dinamo:

Tras leer la sentencia con firma de la empecatada niñita de tus ojos, sólo he podido exclamar: ¡La inteligencia al servicio de la estupidez y la armadura de la frase displicente al servicio del encastillamiento chabacano! ¡Qué se le va a hacer! Tu prima donna ha resultado ser más prima que donna, es una lástima. La estolidez de su respuesta es un reflejo de su combativa indiferencia y de su negativa a dejar siquiera un resquicio para soñar. Ya comentábamos por teléfono, casi devanando las consecuencias de tu hilo discursivo, que esto no iba por buen camino. Apenas ha nacido el diamante de las entrañas de la tierra y ya lo pisa hasta hacerlo añicos. No la aburras más con nuestro soñar en vida y vivir en la literatura. La pizpireta busca novio y quiere casarse; el rabino le dará calabazas cosher y ella rumiará su desdicha hasta que, a la vuelta de la esquina, la pille el macarra que siempre dices que espera a estas princesas «de burguesía catalana» que Barcelona parece tan proclive a macerar. Le había escrito otro soneto, pero ¿para qué malgastarlo en tanta displicencia y egoísmo vano? Está tan envarada por su vida que ni siquiera puede inclinarse un poco para saludar a un poeta que aún cree en la Furia de la poesía y en su capacidad para abrir nuevos caminos donde nada existe. ¡Ojalá se cure algún día de su tortícolis espiritual!

PETRARQUITA.

ASUNTO: Trilita para el DINAMitero
FECHA: miércoles, 05 de julio de 2006  7:29:35

Hola, dinamo:

Te envío el poemita para que sigas con tus conjuros en el castillo, como la madrastra de Blancanieves. Es una manzana reineta, pero no sé si la doncella querrá hincarle el diente.

Poema para llevar en la liga

Como el hierro forjado y retorcido
al que dobla el dolor del conquistado,
el viento bate un hueco en el costado:
la caja de caudales de Cupido
.

De Epicúreo el juego consentido
nace del cuerpo, ese dudoso vado
por que cruza el placer, dócil ganado
que devora el caimán de los sentidos
.

Se nutre la desdicha de tus venas,
hija de Venus que el placer olvidas
a la sombra encumbrada de tus penas
.

Oh tú que escribes con tus siete vidas,
tú que limas ajena mis cadenas,
¿cierras la puerta a que el dolor convida?

P. D. Caimanes, cocodrilos…, ¿coincidencia?

PETRARQUITA.

ASUNTO: HANDLE WITH CARE (Manipúlese con extrema precaución)
FECHA: miércoles 5  11.56

Va la nitroglicerina en frasquito, con una condición: que le contestes a su dirección de email, que le escribas a él directamente. No me utilicéis a mí de intermediario. No soy el maestro titiritero, no me gusta mover los hilos… demasiado.

Y ahora, cruzo los dedos.

ASUNTO: glup!
FECHA: miércoles 5  12.06

Corto contigo y ni que el muy bestia hubiere hecho acto de contrición. Mira lo que te dedica. ¡Y fíjate en la hora! ¡Tan temprano y ya maquinando!

RE: glup!
FECHA: miércoles, 05 de julio de 2006  15:23:54

No tengo el mail del Petrarquita. Te envío a vos mi respuesta para que se la reenvíes.

M.

ASUNTO: para Petrarquita
FECHA: miércoles, 05 de julio de 2006  15:27:33

Esta empecatada niñita se inclina (sólo un poco, claro, la arrogancia de vivir su propia vida no le permite mayores atenciones) para saludar a un poeta que, furioso él, claudica sobre su creencia la Furia de la poesía, basándose en la imagen de dos cocodrilos al acecho montados sobre un decorado de cartón.

¿Qué es lo que te habrá llevado a leer en eso una «armadura de la frase displicente al servicio del encastillamiento chabacano»? ¿Cuál sería la reacción adecuada (esperable, bonita, complaciente) de la musa ante la poesía que la llama? ¿Una declaración de vergüenza, de inmerecimiento? ¿Divulgar la fragilidad y la sonrisa que le dibujan los versos? Pero no, esbozo otras causas de tu furia, las arrimo a la incomodidad de sentirse cocodrilo o motivo de escritura, que es lo mismo que decir musa pero muso, como si estar del otro lado no estuviera en tus planes. Demasiado tarde…

No seré yo la culpable de tu felicidad ante la inconformidad con un mundo real sobrevalorado. No tengo ningún temor ante el mediocre deseo de querer tener novio y casarme. Mi deseo de escritura no es tan endeble como para que quede domesticado por la anestesia de una compañía, que lejos de ahuyentar la soledad, a veces la solventa. ¿O acaso el miedo al abandono no es sufrir por adelantado y para siempre la soledad? Y al margen anoto y sigo entre preguntas: ¿no es mi interlocutor un hombre casado o juntado?, ¿es menos poeta y más persona desde entonces?

En cuanto a tu profecía macarra no puedo más mencionarte lo que callaré por respeto a la sensibilidad de tu alma de poeta. Ya he sido víctima y verdugo de una historia que yo misma me urdí desafiando los límites de lo soportable. No estaba jugando a sufrir para escribir en aquel entonces la evidencia es que ni una sola línea ha quedado de esa historia pero me resguardo en la fe a la experiencia, en que tu profecía es mi pasado.

Quizá se hayan equivocado de musa, parece que ésta es muy inquieta y me imagino que no querrán retratos monstruosos de Dora Maar habiendo tanta belleza quieta y apática dando vuelta. ¿Pero un error quién no lo tiene? Todavía estás a tiempo, me dicen que tu uso estaba constreñido al préstamo. Ya ves, hasta tienes suerte, no hay inversión que te someta al arrepentimiento.

Comenzaba a acariciar el murmullo de tu poesía. Pero para qué te voy a hablar de esto si suscribirás tu opinión a las del Eclesiastés: «Vanidad de vanidades, todo es vanidad».

El otro cocodrilo se rió, desafió su naturaleza lacrimógena y coincidió con mis intenciones. Pero no voy a sobrestimar los propósitos de los escritores, en absoluto son más verdaderos que las lecturas de sus lectores. (¡Pero qué pena tu falta de risa!)

MGK.

ASUNTO: Revelación
FECHA: sábado 8  15.20

Sigue habiendo un camino de Damasco único, pero no una localización geográfica única del camino de Damasco. De pronto puede acomodarse a los dictados del espacio de una sinagoga improvisada en una biblioteca.

Sé lo que te estorba para escribir, y tú también lo sabes. La necesidad del conocimiento verdadero dejémosla a los chismosos. ¿A nosotros qué tiene que decirnos la revelación, el camino de Damasco?

Anoche se me reveló; como otros animales, que dejan de existir el día que mueren, tu muerte comienza por existir en la ansiedad con que le preguntabas a Jai anoche.

Anoche…, ¡ah, anoche!
También había reproche
.

Te costará admitir que alguien ponga en voz alta tus pensamientos*. Ver que alguien, fuera de ti, está pensando lo mismo que tú piensas y dejando de lado los escrúpulos de no reconocerlo.

_____
* El rabino, de quien era novia, había hecho una escapada a Viena con otra mujer. Varios lo sabían.

RE: Revelación
FECHA: sábado, 08 de julio de 2006  19:46:45

Preciso de tu revelación más que el anuncio.

¿Qué es lo que le preguntaba anoche a Jai?

No juegues con los caprichos de mi memoria. Si no dejé piedritas en el camino a Damasco no tengo manera de volver sobre mis pasos. Ten compasión de este Funes rebelde, despistado; en fin, tan poco Funes y tan funesta.

M.

ASUNTO: parece que no quisiéramos
FECHA: martes, 11 de julio de 2006  15:46:49

…divergir con el Petrarquita. Me contesta antes de leer mi contraofensiva y eso me emblandece y su tercera entrega poética dulcifica mi voluntad de acometida. Quizá después de leerla tengamos que volver por sinuosos derroteros. Por el momento la mar está más calma.

Sigo esperando clarificación del último mensaje, ya es suficiente el vilo, la revelación se puede dar por anunciada.

M.

ASUNTO: Dos cuchilladas mejor que una
FECHA: jueves, 13 de julio de 2006  11:27:02

Hola, Di:

Acabo de enviarle otro poema. No sé si se trata de amor de lonh, o de amor a sentirme poseído por la poesía, pero, en cuanto me acerco al estanque de aguas silenciosas que rodea Peñíscola y desemboca en la playa, se apodera de mí la quimera de la mujer que no conozco y empiezo a escribir. Tal y como le he escrito, no sé a dónde me dirijo, pero desconocer el destino no significa no saber el rumbo.

PETRARQUITA.

P. D. ¿Te mandará los poemas que le he escrito o se los guardará para ella? Interesante cuestión. Ya me contarás.

ASUNTO: ¿Qué es «el vilo»?
FECHA: viernes 14  8.40

Las revelaciones no se comparten. Si te lo digo, lo sabrás por mí, pero tú seguirás ignorándolo. Reproduces el esquema de dependencia, esta vez de alguien que hace de oráculo. ¿Qué hace un oráculo?, ¿o qué hacía? Limita lo que sabes, porque frena su despliegue. Te basta sondar al oráculo para que el conocimiento que podría haber desplegado su fuerza explosiva, que podría haberse hecho revelación, dependa de otro para darte «pruebas suficientes» de lo que ya sabías. Una forma de ignorar lo que ya sabes es que te lo diga otro. Hacer saltar por los aires el esquema de la dependencia se logra, según indicaciones incompletas, conteniéndose de preguntar a otro lo que te pasa, exponiéndose a la fuerza explosiva de lo que sabes por ti, comprendes por ti misma, te confiesas que es así y, en consecuencia, lo que ya sabías actúa como aceite de ricino liberador.

Si te lo digo, lo sabrás por mí, pero no será liberador. Te vendrá de fuera.

ASUNTO: no nos quedan langostinos
FECHA: domingo, 16 de julio de 2006  15:49:55

y yo mando este primer plato porque los dos comensales me lo piden a gritos.

Uno quiere que le reenvíe el poema al otro, porque si no ¡qué gracia!, la belleza (o en este caso la obra) sin testigos no tiene razón de ser. Ya lo han divulgado de ese modo algunos náufragos solitarios, que llegando a islas-paraíso se han visto en el pecado de ignorar a mujeres bellas por ausencia de terceros que confirmen la conquista.

En cambio el otro necesita saber qué clase de conspiraciones fraguan los personajes que ha creado y que ya se le revelan (¿será ésa la revelación?) como dos frankensteins indecisos entre la hostilidad, la adulación y el cuidado.

M. o LA MUSA INQUIETA.

FW: Furia
FECHA: domingo, 16 de julio de 2006  15:51:13

¡Que aproveche!

M.

From: Petrarquita De los poetas muertos
Subject: Furia
Date: Thu, 13 Jul 2006  11:21:46

Salve, Maleva:

De nuevo he sido arrastrado al estanque de tus versos susurrados para oír palabras que no pronuncias y sueños que no revelas. Cuando se abre paso al río de la inspiración, ya no es uno dueño de lo que hace, sólo instrumento. El amor de lonh se está colando como invitado en esta quimera, y no sé bien a dónde me dirijo, pero en poesía, no saber el destino no quiere decir no tener rumbo. Has vuelto a poseerme.

Los sauces acarician tu rostro,
cambiante río a que estremece
la idea de tu belleza que pasa,
oculta en el lecho herboso
de los besos que se pierden,
hundidos en tus orillas
donde los labios presienten
la anguila de la desgracia
y el mar en que se vierte el cuerpo
verdoso y frío del tiempo
.
Yo, el que no te ha visto,
el que no ha tocado el espejo azul
de tu piel de plata
ni la loriga de la pasión que guardas
y entregas a la corriente,
me miro en tu risa sin canto,
en el estanque en que hunden los sauces
las uñas de sus hojas
para apresarte
.

PETRARQUITA.

ASUNTO: La revelación no está relacionada con la posición (segundo plato).
Depende de la condición.
FECHA: lunes 17  8.39

La revelación no tiene que ver con nosotros pero te dejo que lo creas si eso te tranquiliza.

RE: fresquito
FECHA: lunes, 17 de julio de 2006  10:50:06

Dinamo,

Veo que las aguas están revueltas, pero no estoy en esto por ganancia de pescadores. No sé qué se le ha pasado a la musa por el espejo mágico de su entendimiento, pero si cree que somos unos canallas aprovechados, ¡quién no lo es? No se trata de eso; ahora soy instrumento de la Señora y yo, que ni veo ni frecuento a la musa, pero sí que sueño en trance con ella, he vuelto a entrar en la otra dimensión, siempre más grande que yo (mísero de mí, ay infelice). ¿Por qué dice que yo quiero que te envíe los poemas si sólo dije que me preguntaba lo que haría, si los compartiría contigo o si se los llevaría a la cueva de los naufragios para que le hablaran de sus viajes las olas peregrinas?

Ya le he enviado el quinto…

PETRARQUITA.

ASUNTO: Corto beneficio lavarse las manos por oficio
FECHA: lunes 17  20.58

Así que «personajes que he creado»… Si la hipótesis tuviere más fundamento o fuere menos injusta, y no soy reacio para tomar la injusticia, quede claro, sobre todo cuando es una injusticia «pata negra» en que te has gastado un dinero, estarías esperando que te pasara el bocadillo para decir porque no tendrías palabra, serías como el muñeco articulado de Michelin o de las lapiceras Waterman. ¿Verdad que no lo eres, aunque, con eso de querer economizar palabras, alguien te pueda tratar como si no la tuvieres?

¿Por qué «personaje»? A menudo te colocas fuera para suprimirte enteramente mediante el socorrido recurso del análisis socarrón en lugar de intervenir en el proceso con todas las potencialidades del dejarse llevar.

Te lavas las manos.

ASUNTO: Casi cuaderna vía
FECHA: martes 18  7.42

Hay un preso que no sabe que lo es,
aunque los barrotes los ve
.

(Y ciego no es que esté.)

RE: Corto beneficio lavarse las manos por oficio
FECHA: martes, 18 de julio de 2006  11:35:52

¿Por qué digo lo que digo? ¿Por qué no me dejo llevar? ¿Por qué analizo y me quedo afuera? ¿Por qué soy injusta o tengo pocos fundamentos? ¿Por qué «personaje»?

Recorro la naranja con la punta del dedo, después recuerdo a veces yo también recuerdo que la palabra es el nombre de una fruta. Pero acabo de olvidar siempre olvido cómo es el nombre de esa fruta por adentro. Si fuera escritora le daría a esa naranja una elegía (acaso la única que para no llorar escribiría). Pero no he nacido para eso, la gente que me quiere intenta disimular mi torpeza literaria y yo ya nada hago para demostrar lo contrario y en cambio les sigo la corriente.

¿Me lavo las manos?

Entonces ahora quiero mi beneficio, aunque sea corto. Qué me importan hoy los tamaños.

A quién puede interesarle mi economía de lenguaje cuando tengo que escribir páginas y páginas y seguramente no van a alcanzar y para mí todo va a estar sobrando. Ya ves, no soy buena economista. Cada vez me quedan menos profesiones.

M.

RE: Casi cuaderna vía
FECHA: martes, 18 de julio de 2006  21:42:10

No conozco ningún preso que divulgue su política del tiempo.

Es verdad que no conozco ningún preso sin más. Pero especialmente, al que no conozco es a aquel que divulga su política del tiempo.

M.

ASUNTO: Tu quoque, Brutus?
FECHA: viernes, 21 de julio de 2006  9:59:12

Hola, tronco:

Veo que con los calores veraniegos se ablandan las calotas y se reblandece el tronco cerebral. ¿No habíamos quedado en que lo de leer en la tertulia se había acabado? ¿Por qué no les dijiste eso al dúo del Piola*? ¿No saben que el bar está cerrado y que ya no se sirven copas**? Creí que eso había quedado clarito, pero si no los pones al día…

Veo que se os hace la boca agua con la idea de cebaros con rosa fría. No participaré en ese acuchillamiento, aunque nada pueda hacer para impedíroslo si ese es vuestro propósito, pero me parece que no es elegante cuando todos luchamos en buena lid y se vivieron momentos tan maravillosos. No me parece poético y eso es definitivo para mí. Es sevicia y ese es un plato que se me indigesta, prefiero morder la carne viva y no ensañarme con el cadáver, pues en eso es lo que ella quiso convertirse.

Respecto a Maleva, te diré que eres demasiado caballo trotón y quieres allanar al momento el camino con los cascos. Ella, como mujer que es, tiene muchos rostros y a ti te muestra el que más combativo le parece para enfrentarse o fintar tus embestidas. Te diré que tiene un flanco de ternura belicosa que es un pozo de agua fresca en la canícula de Samaria, y que para beber hay que doblar el espinazo para bajar el balde hasta el fondo del pozo y que el agua te embriaga con su sabor terroso. Además, en la materia invisible se esconde la tenia de su aparente indiferencia y su humor caníbal y primaveral.

Ya hablaremos…

PETRARQUITA.

_____
* Una cervecería en la calle Enric Granados de Barcelona, cerca de donde viví hasta el miércoles 28 de enero de 2009, cuando me instalé en Galicia. El «dúo» es la pareja del killer (Gloomy Sunday) y la Hamadríade, y una sola vez nos vimos en ese bar.

** El Pato Loco, que en verano cerraba un mes entero. El sarcasmo se extiende al cambio de escenario y ocaso de la tertulia.

ASUNTO: Dice que tienes «un flanco de ternura belicosa
que es un pozo de agua fresca
en la canícula de Samaria»
FECHA: viernes 21  19.38

Te estuvimos esperando dos días. Cualquiera que lea esto pensará «la esperaron dos días seguidos…», pero no. El martes en la espera del Piola, con el killer y la Hamadríade, que se quedaron hasta las diez mordiéndose los codos por el ansia de conocerte después que te describí de huesos grandes, «negrita» (nada irremediable si dejas de tomar sol con esa manía de salir a correr en pantaloncitos por las peladas calles en blanco y negro de Poblenou), con un tipo atlético que no hace el alimento que no ingieres sino el ejercicio físico con que te matas de la pastora Marcela de la primera parte del Quijote, «fuego soy apartado y espada puesta lejos». Todo lo contrario de la palidez de rosa fría, más cortesana que caucásica, que tiene una piel de fárfara (aunque ella el aspecto de no romper un huevo) y a quien se le pueden contar las venitas de la esclerótica.

Ayer te volvimos a esperar. Fue en Laie. ¿Recuerdas que era el segundo encuentro de la tertulia organizada por Ernest Pérez, el que no acaba de hablarte pero nunca se resuelve a dejar de mirarte? Yo creo que lo tienes engualichado. Estaba además Neme (¿será por Nemesia?, porque Némesis… ¡Ay, Nemesia! ¡Ay, Nemesia! ¡Dame leche de magnesia!), hermosa muchacha, cualquier lobo habría llevado un cuaderno para dibujar los besos que le hubiera dado…, pero los besos no cabrían en el cuaderno. Completaban la escuadrilla el hombre aquel bajito que vino la primera vez y el inevitable Jaime.

No se habló del šabbat en Israel, aunque sí de lo que parece tener al mundo entero al día: Israel terrorismo de Estado, Israel derecho a la legítima defensa.

Afloró la paranoia de la persecución. No abrí la boca. Neme, viéndome callado, concentró en mí la insubstancialidad del protocolo:

Qué, Grizzly…

Yo estuve a punto de soltarle «si me pateas por debajo de la mesa vas a ver cómo hablo», pero me mordí la lengua, que, como la tengo cristalizada de veneno, casi se me rompe.

Neme había venido observando que había alguien yo no podía advertirlo porque lo tenía a mis espaldas colgado literalmente de lo que hablábamos. El sujeto, con la calvicie gay-catalana, se nos acercó y declaró que sí, que había estado escuchando cuanto decíamos y que había vivido en Israel tres años, en un barrio de Tel-Aviv que Jaime y el Ernest conocían bien, al parecer. En seguida lo sondaron, hablándole los dos en hebreo y el «curioso impertinente» demostró que era verdad lo que hablaba y oía por oír. Lo cual no quiere decir nada tampoco, les dije cuando se marchó. Un espía sabe idiomas. Un paralítico no sube a una montaña. Eichmann sabía hebreo.

Jaime va a pasar por scanner un artículo que salió en El País, con el que estaba muy entusiasmado porque coincidía con lo que piensa él, y lo va a repartir entre todos cuando vuelvan en septiembre. Puedo imaginarme lo que vas a hacer con él y más de uno guardaría el suyo con tanta fidelidad como pudiere para que le hicieras lo mismo.

ASUNTO: aúno a mis destinatarios e invento las razones
FECHA: lunes, 24 de julio de 2006  16:23:29

Lo que sigue fue escrito para el Petrarquita, pero como vos también estás allí, te ofrezco este espionaje poco aventurero.

Es que tengo la atropellada tendencia de recargar sobre mi persona todos los apelativos femeninos que los cocodrilos pronuncian o escriben por ahí. Ya iré corrigiendo el error ególatra que me persigue. En lo sucesivo intentaré limitarme a la función de musa, intentaré abandonar mi espíritu colonialista, aquel que promulga sin derecho ni culpa: «Todas las palabras son mías». ¡Qué tarea difícil me reclamas! Ser musa y sólo musa. (¿Ahora dirás que hay otro error? ¿Que insisto en la misreading de los posmodernistas?)

No sé qué te han dicho de mí. Tal vez me hicieron otra vez de huesos grandes, responsable de mi color de piel y los caprichos de la forma de mi cuerpo. O quizá te advirtieron «ella es mediterránea», como queriendo decir vaya a saber una qué cosa. Lo importante es saber que todas son calumnias, que ya no tengo edad para andar pavoneándome en un poema y que si lo hago es por debilidad del alma y porque es una forma más aunque privilegiada de esperar la muerte con júbilo de principiante. Aparte está la ceguera que sólo yo estimo por motivos inconfesables y que trasciende hasta la fecha de mi nacimiento. Desde el año 1955 que las personas y las cosas son sombras, y como dijo otro con el que compartí este destino, «desapareció mi imagen del espejo».

Si a pesar de todo esto te sigo siendo útil, puedes tomarme y después otra vez dejarme (dejarme-caer, que es el único estado de inicio que se conoce, no sé de orígenes plenos). Voy comprendiendo que la labor de una musa es inestable y parecida a la del asalariado de todos los tiempos.

M.

ASUNTO: Tierra o cuando es un deber patriótico morir por esa perra
FECHA: martes 25  19.56

«Todo ha sido inútil porque no era verdad el punto de partida [dónde y cómo se fundó el Estado de Israel, y para qué]. Hagas lo que hagas, siempre tendrás a la mitad de tu gente en contra. Es como un castigo. Nadie está obligado a hacerlo bien entonces.»*

(Lo he utilizado para los fines de esta exposición.)

No puedes discernir. Te ciega la pasión que hace añicos la loza, te ciegan las entrañas, lo que eres en lo profundo y no se lo puedes prestar a otro. Eres como un hincha de fútbol con los colores de su equipo: su defensa no es lo bastante comprendida, por eso mata.

Yo no defiendo nada con fanatismo, que es la cadena litúrgica que une lo que soy con lo que quieren que sea. El fanatismo se enciende con la actualidad. Cuando me asalta la tentación de mugir con los demás, cuando noto que se apodera de mí eso que reclaman los demás que haga por ellos, abro la mano y lo dejo irse. Si no se va, cierro entonces la mano y la llevo a mi corazón y allí, junto a mi pecho, lo cobijo.

(Para que se lo muestres, si te parece, al rabino y a Jai.)

_____
* Alberto Méndez,
Los girasoles ciegos, pág. 95.

RE: Tierra o cuando es un deber patriótico morir por esa perra
FECHA: miércoles, 26 de julio de 2006  8:37:01

¿Mostrárselo al rabino y a Jai? ¿Para qué? ¿Para decirles que yo formo parte de la mitad de la gente que está en su contra?

Me duele su opinión (me refiero al rabino), porque en su fanatismo oigo un odio que intenta disimular y no puede. Porque a veces creo ver a un radical con hábito de reformista (nunca sé si el hábito hacía o no hacía al monje, creo que el refrán se deja usar en su doble y opuesto sentido). Si no fuera por la guerra supongo que todos serían tan progresistas como siempre. Pero las coyunturas actualizan a los seres, o algo así.

No quiero que sean ellos los que me recuerden lo peor de mi religión*. Pensé que en esta comunidad estaba a salvo de la mitad que se considera pueblo elegido. Pero me parece que en eso no hay mitades, hasta el menos quiere ser más.

Ésta es la impresión que tengo hoy. Pero como yo no soy fanática de mis propias opiniones, tal vez mañana te cuente que he llegado a otro puerto.

Me conformo con tenerte de oídos para mis confesiones y con saber el esfuerzo que hacés para hablar de miserias humanas cuando lo importante es la belleza y el admirable respeto de unos animales africanos en las aduanas de su continente.

M.

_____
* Su madre es judía.

ASUNTO: A Adonay le conviene
FECHA: miércoles 26  17.29

No son primos. Tampoco «hermanos mayores», como pasó a describirlos Stella Maris el fin de semana en Huerta cuando fue el rabino (y a José Luis Navarro, tu judío, le pareció bien). Judíos, cristianos y musulmanes son hermanastros terrenales que subsistirán por la pregunta que debió ser histórica y se las arregló con ser teológica, es decir, quedó sin respuesta, por el error fáctico de un solo dios. El lunes, en el Buenas Migas de la plaça Bonsuccés, te decía lo que había deslindado Nietzsche a propósito de ese error: «¡La divinidad consiste precisamente en que haya muchos dioses, pero no Dios!» («XI. De las antiguas y las nuevas tablas», en Así hablaba Zaratustra). Y la belleza lo había comprendido en seguida…, aunque con el débil metabolismo espiritual que tiene hoy día…

Ismael y su madre son repudiados después de haber sido usados, y Yahveh se muestra muy habilidoso en salvarlos de una muerte segura (Génesis 16, 7). El tangible lavado de conciencia de salvarlos in extremis, de poner remedio a una mala acción, no consigue, sin embargo, borrar del todo el manejo pérfido del «derecho de primogenitura» que no me dio tiempo a desarrollar la noche del Shavuot con respecto a Saúl, y ahí está la clave. (Una, después te expondré la otra.) Ismael tenía tanto derecho como Isaac al amor de su padre. Saúl, por su parte, no hizo otra cosa que ejercer sus poderes de rey; la desobediencia parece un fiasco menor para destronarle. Bajo la apariencia del «derecho de primogenitura» emerge la figura de la predilección que subyace a todas las malquerencias de Yahveh antes de maldecir a una persona u ordenar la liquidación de un pueblo que no lo conoce o, conociéndolo, no le hace caso. Hay, pues, un «derecho de primogenitura» interpuesto a favor de Isaac antes de que el episodio cobre su forma canónica con Jacob y Esaú.

Toma a los ismaelitas y agarenos, descendientes del hijo y la madre, y luego toma a los edomitas o idumeos, descendientes del hermano pelirrojo de Jacob, ese como-árabe demasiado ingenuo, demasiado humano, demasiado hambriento, del Antiguo Testamento, y verás que el grado de flexibilidad que la política quiere establecer en la zona no toma en consideración esta clave. Si los hermanos han nacido peleándose («Pero los hijos se entrechocaban en su seno [en el de Rebeca, mujer de Isaac]», Génesis 25, 22), la reconciliación es imposible o, cuando menos, absurda. La reconciliación copiará con gran precisión los próximos enfrentamientos que es difícil saber cuándo se producirán, pero es fácil pronosticarlos si no objetamos el vaticinio terrible del propio Yahveh: «Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra…» (ibid., ibid., 23). Será una reconciliación engañosa y desconfiada por los rescoldos de la rencilla que arde por debajo. El fuego no se extinguirá hasta que uno de los dos desaparezca. La concepción geoestratégica de PONERLOS JUNTOS fue absurda. Como ser comunista en Estados Unidos o propugnar que el Ejército en la Argentina sea disuelto por institución abyecta, o esperar que un español pronuncie bien el inglés, o que un bebé catalán tenga pelo, o exportar paraguas a Escocia. Qué, ¿les pareció lenguaje menos evolucionado el de la Biblia por ser lenguaje simbólico?

Si echas una mirada antipática a los «asuntos internos» de las dos comunidades, reclamarás arriesgadamente la otra clave que estuvimos comentando anteayer. El fanatismo se enciende con la actualidad… y se va a dormir cuando los dos monoteísmos se van a acostar. La excusa confesa es la legítima defensa; la excusa inconfesable es el irredentismo del Gran Israel del rey David que se extendía de Ezión geber, en el golfo de Ácaba (Mar Rojo), al actual emplazamiento de Beirut por lo menos (incluyendo el oeste de Siria, claro). «Utopía a la que hay que renunciar», dijo el rabino en su última prédica antes del receso veraniego. El hipocausto griego, la calefacción que está tostando la ambición subterránea, es un capricho interpretativo, te dirán, pero ventajoso para desviar la atención de la venta de armas a los beligerantes, los sueños expansionistas de los «halcones» israelíes, y para justificar los viajes de «socorro» de Condoleezza Rice.

Guerra de seglares en la superficie; rivalidad teológico-finalista en el meollo.

En las pruebas sagradas de lo que no está probado se encuentra la clave. «Mi dios es mejor que el tuyo. Por tanto, mi dios es el verdadero.»

Como si la verdad tuviere alguna importancia…

¡Y es el mismo dios, usando tal vez un pseudónimo artístico para sus giras!

Dos monoteísmos que «se suben de categoría». Gente que se está matando, quizás a sabiendas, por dos que tienen más de monos que de theos.

ASUNTO: aviso de impertinencia
FECHA: jueves, 27 de julio de 2006  14:59:50

No querré escuchar en los pasillos la deshonra de mi nombre seguido de epítetos altruistas, pero tampoco alimentaré la injusticia de que sea mi persona la única destinataria de tu barroquismo necesario, de tu análisis bestial y tus bestias desatadas, animales que andan como buscando liberarse del lenguaje pero sin resignar, en el trámite, el idioma.

Entonces te daré algunos lectores, o a algunos lectores les daré el privilegio de escuchar el aullido de tus bestias.

Seré impertinente, pero nunca traidora. El aviso y el dicho me eximen de culpa.

M.

ASUNTO: la vendedora de playa
FECHA: domingo, 30 de julio de 2006  18:44:55

El viernes en la Barceloneta te encontré otro lector. Sentados en la orilla del mar, con los dedos enredados de no poder jugar con la arena porque de ella ha quedado apenas una reminiscencia de la idea, me atreví a nombrar la guerra que no vivo. Entonces le conté que yo conocía a un señor (aunque le aclaré que antes de señor es oso y escritor) y que dentro de horas iba a recibir el misil de su fauna. Así lo hice. Me gusta prestarte, son tan pocas las ocasiones y los oídos atentos…

M.

ASUNTO: atrición, una clase de congoja
FECHA: domingo 30  21.27

En todo lo demás mi teología es apática.
Temo tan sólo blasfemar contra la gramática
.

ASUNTO: sin sales perfumadas
FECHA: sábado, 05 de agosto de 2006  9:27:33

Todavía me invaden las cavilaciones, pero tengo que ser justa conmigo, hace apenas unas horas las he identificado con una variante que antes ignoraba: la gravedad. Uso la primera persona como índice del reconocimiento de ese estado de conquista victoriosa que son los pensamientos estériles, las aporías sin valor filosófico, sobre mi literatura báquica (en cualquiera o todos los sentidos que fecunda el mito del dios). Pero fue tuyo el relato de esa ocupación, o mejor, de la descripción de lo que ha quedado una vez que las tierras ya han sido ocupadas. Es tarea de estos días la de encontrar un artilugio que distraiga el hábito. (Por lo menos puedo decir que la realidad me ayuda imposibilitando una melancolía glamorosa; no tengo, para regocijar a mi cuerpo, una bañadera blanca con patitas a la vista, grifería de un ocre brillante a la antigua y azulejos ajedrezados que seguramente usaría para ordenar mis cavilaciones como jugando a la rayuela.)

Ya sé que la palabra clave aquí no es cavilación ni melancolía. Adhiero a tu opinión, antes de escucharte ya era también mía. Pero ante la oscuridad de mi habitación, las manos cruzadas sobre la nuca, el calor que le sumo al calor cerrando la ventana para que no me distraigan los sonidos de la calle, me rindo ante el cansancio o una forma de cobardía y me duermo no sin la esperanza de que la noche repare los castigos que me impongo en la vigilia.

En lo que va de la mañana no he sentido manifestaciones o resultados de un milagro. Todo sigue igual, todo indica que debo iniciar yo el imposible pero necesario viaje al grado cero de mi escritura (de la escritura que escribe mi historia, distinta de mi condición de amanuense).

M.

ASUNTO: En tu viaje al grado cero no irás sola.
Te acompañaremos las nulidades.
FECHA: sábado 5  17.26

La cantante Tamara acaba de parir… ¡con veintidós años! Yo que tú me aplico a recuperar el tiempo perdido. Mañana* te habrá sacado nueve «bombos» de ventaja.

Malena cavilosa, no te quejes
Cuando mi plúmbea compañía dejes;
Antes, pues que en el Piola do me oíste
Con mi desdicha costee tu ventura,
Aun en tu casuca, no estés triste
.**

«En lo que va de la mañana» no has sentido el terremoto del milagro que pretendes. «Todo sigue igual.»

América no se liberó en un día, ni en una noche de «manos cruzadas sobre la nuca», ni en una generación. Francisco de Miranda, el gran prócer venezolano, empezó a conspirar contra España en 1783 más o menos, cuando fue condenado a destierro en Orán; la batalla de Ayacucho, la última cronológica de la guerra de la independencia en América del Sur, tuvo lugar en 1824, y cuando nuestro Martí continental cayó en Dos Ríos todavía los estaba combatiendo. Y era en 1895.

No «te impongas castigos en la vigilia». No la derroches así. Invierte una parte contraproducente, gástate unos cuartos en evocarnos, que valemos nuestro peso, el Petrarquita en oro y yo en plomo.

_____
* Cumple los años el 6 de agosto.

** «Canción de Grisóstomo» (final), en Miguel de Cervantes Saavedra, El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, primera parte, cap. XIV (retocado para mis fines; ha de haber nación y métrica que no me lo perdonen).

RE: En tu viaje al grado cero no irás sola. Te acompañaremos las nulidades.
FECHA: domingo, 06 de agosto de 2006  7:02:52

Ayer comencé la ruptura. Supongo que si en estos días no cambia alguna cosa, que lo dudo, no más Gabriel.

y así comencé mi cumpleaños.

M.

ASUNTO: celebración con tarea pendiente
FECHA: domingo 6  9.04

Murió Unamuno
y tu viejo no está para deseártelo,
mas yo me bebo el mar por recordártelo
.
Transmutados treinta y uno
.

ASUNTO: cosas que pasan
FECHA: domingo 6  12.48

Aunque hizo por merecer su papel,
alguien me hará responsable
por haberte echado un cable
que al fin usaste para ahorcar a Gabriel
.

RE: cosas que pasan
FECHA: domingo, 06 de agosto de 2006  13:30:35

Sí, haces parte material en el asunto. Lo demás se lo buscó él.

Es difícil remontar el derrumbe de ayer. Creo que él todavía no se cree de verdad que estamos al filo de la ruptura. Está muy desconcertado, tiene furia. Yo, en cambio, estoy triste, decepcionada, pero tranquila. Llevo la calma de la frase popular: si tiene que ser, será. Ya ves, abrí la mano, él sabe que puede volver, pero sobre todo sabe que hay condiciones para volver.

M.

ASUNTO: «…hay condiciones para volver»
FECHA: domingo 6  19.47

Dijo MacArthur «Volveré»,
con furia parecida en los talones…;
y hubo que calcinar parte del Japón
sin perdón
.
¿Ésas son las condiciones?

ASUNTO: Antes de tirar la piedra, grabarla.
FECHA: domingo 6  20.12

Hay un darwinismo en el amor
y eso lo sabe el que sucumbe
.
Primer aplastado, un picaflor,
al producirse el derrumbe
.

(Va como regalo de cumpleaños. Disculpa si no te compré
algo más valioso.)

RE: Antes de tirar la piedra, grabarla.
FECHA: domingo, 06 de agosto de 2006  20:28:01

Gracias por el regalo Señor
en medio de este darwinismo
cómo no va a tener valor
la suerte de tener al lado un oso
.

Quiero dormir, despertar dentro de dos años, en la casa del lago. Recién vengo de ver la peli.

Atardece, es domingo, y si mal no recuerdo, será el primero y el último cumpleaños más triste de mi vida.

M.

ASUNTO: Igual que a la fragata (ave palmípeda)
FECHA: lunes 7  19.07

Igual que sostiene el viento
a la fragata, el gran nómada del mar,
dos años en alto sin aterrizar,
ayer te tuve todo el día en el pensamiento
.

ASUNTO: lo que me dan tus vientos
FECHA: lunes, 07 de agosto de 2006  19:40:56

¿Y a qué se debió mi acecho? ¿Qué he hecho? ¿Los gritos de mi congoja, entrenados por mi bici, atravesaron toda Diputació hasta los umbrales de tu casa y más allá también?

Cómo quisiera, amigo oso, ser hoy una mujer escrita. No tener cuerpo que duela y andar yendo y viniendo a los caprichos de un escritor inspirado que escriba en una lengua pura e incorruptible para que no lo tienten las malas intenciones. Hoy quiero ser sólo un nombre en una carta, un cuento, un poema. Y que la voz me la dicten otros. ¿Podré, sin literatura, curarme de esta afasia?

Y en eso llegan tus versos como adivinándome siempre.

M.

ASUNTO: cada vez más de la familia
FECHA: martes 8  12.00

Sentirás un alivio tan hermoso
cuando el trombo de congoja se disuelva,
y con decirme a mí Hermano Oso
ya estaremos en
El Libro de la Selva.

ASUNTO: «obra abierta», el texto de cada día
FECHA: martes, 08 de agosto de 2006  20:23:39

Después de las discusiones y en esta actualidad, aquella frase de Alberto Méndez no me pertenece. Sé que las apariencias, al menos hasta hace poco, resonaban un poco a aquel juego de apología a la diferencia en pro de la armonía. Y el lugar femenino allí siempre tan visceral, y la racionalidad masculina… Tópicos que también se corresponden en la realidad. Pero las apariencias, mi amigo oso, la necesidad de dejar entero al otro a cambio de echarse encima todos los errores para que ese otro permanezca enterito y a salvo y pueda seguir amándolo. No hay límite ante el impulso de forzar las idealizaciones con tal de mantener indemne el amor. Y así podría referirme a otras complejidades que están delante y detrás del portarretrato familiar. Pero me entrego al tiempo, él hará lo suyo con estos pareceres y seres.

Vayamos poniendo el tiempo a tiempo, por las dudas. Mi ordenador dice en este instante las 20:12.

M.

ASUNTO: El horizonte muchas veces se abre
por un fuera de campo (un costado).
FECHA: miércoles 9  19.13

¿Cómo que «el texto de cada día»? ¡Caray! ¿Pero tú sabes contar, chiquiya? (pronúnciese como Carmen Sevilla lo hace). ¡Si no hay día que no te mande dos!… Te estoy escribiendo más que a la mujer de Petrarquita en el 2003. ¡Si sólo el domingo, el día de tu cumpleaños, te mandé cuatro!…

Todo sea por tu creación, para que no se pare, para obligarte a escribir, que me siento tu simbionte, para que no se te oxiden el teclado ni las uñas.

Zonifiquemos. Estaba pensando… ¿Te pasó por la sabiolita hacerte modelo? Te lo digo porque tuve una compañera en los cursos de doctorado allá por el noventa y cinco* que posaba para academias de dibujo y pintura y se sacaba sus buenos morlacos. Piensa que Suzanne Valadon, la madre de Utrillo, el último pintor maldito de Montmartre, empezó así, siendo modelo profesional. Tengo una lista de catorce agencias de modelos y casting de Barcelona intramuros con direcciones y teléfonos. Te la puedo pasar si quieres. Yo una vez fui a una por ahí por la avenida del Hospital Militar, a tentar fortuna. A lo mejor la pegas, te toman y te vemos en un spot de televisión o haciéndole sombra a Paz Vega y esto que te estoy escribiendo ahora es una buena nueva de apóstol. En cualquier caso, te podrían sacar del bache económico mejor que si vendieras esos forros de peletería de raposo ferrero que heredaste de tu madre.

Hasta ahora te ha traído trastornos; pon desde ahora tu belleza a currar para ti.

_____
* Huckleberry Paz.

RE: La prueba de la alergia…
FECHA: jueves, 10 de agosto de 2006  10:27:07

He recibido todos los mails, no hay ningún problema en el canal más allá de los desarreglos horarios. Te pido que me tengas un poco de paciencia porque desde hace tres días tengo el ordenador y demás objetos que tenía encima del escritorio en el suelo (desde el que te escribo corcovada y lejos de París). Se venció la mesa, cayó todo. Espero poder resolverlo hoy mismo, compré la cola para madera.

Te debo a ti lo poco que escribo. No resuelvas que no es importante porque no sigo el ritmo de tus entregas.

Déjame ver si esta tarde puedo sentarme en una silla y tener la ventana a la altura de mis ojos. Ahora mismo en mi perspectiva entran sólo macetas.

M.

ASUNTO: serás tú el que decida regresar (forzando profecías)
FECHA: viernes, 11 de agosto de 2006  15:20:19

Aunque he abandonado la posición de corcovada (sin París), y escribo desde la limitada comodidad que da mi silla (que no trono), he dejado mi deber de ¡infórmate! para después. Esto quiere decir que desconozco el estado de los aeropuertos en Londres y si has podido trasladarte sin más inconvenientes que un retraso. No encontrar respuesta a este mensaje por unos días será también mi alegría.

M.

ASUNTO: huyo a tu Escocia y a la vuelta me pierdo en el camino
FECHA: sábado, 12 de agosto de 2006  13:53:00

Si supiera que hoy podés leer este mensaje, no te escribiría. No habrá contento en él y no me permitiría desviar tu fiesta hacia el desierto que es hoy mi alma. Quiero imaginarte en el desfile y contagiarme del ánima escocesa, de tradición, de cosas que son porque sí. Quiero dejar estos suburbios, para siempre.

Debería pensar que estoy dejando una relación que ya tenía los momentos de bienestar contados y por lo tanto es inmenso el favor que me hago dándole el final. Pero esas cosas vienen más tarde, cuando ya no quedan ni miserias del amor que fue. Ahora tengo sólo puentes que me pasean entre la tristeza y la náusea.

Hemos sido benevolentes en nuestras opiniones sobre el hombre de púlpito*. «Pero él no te ha engañado», me dijiste, y a mí me gustó escucharlo porque yo nunca estuve tan segura de eso y etc. Eran las tres de la madrugada, el hombre, como todas las noches hasta esa misma hora, miraba la guerra por Internet. Mientras tanto yo suelo dormir o intentar dormir, algo que no me resulta sencillo teniendo en cuenta que tengo treinta y un años y un cuerpo inquieto y creo que no hace falta aclarar cuán enérgico y demasiado poco buscado (cambiar sistemáticamente los placeres del cuerpo por la guerra en Oriente Medio me duele, para comenzar; y me parece como mínimo, muy raro). Estoy entrando en el terreno de la intimidad, mi oso, algo que no he hecho nunca en nuestras charlas, y no por pudor sino porque vos conocías al hombre más allá de mí y consideré que no estaba bien. Pero llegados a este punto todo está relacionado y mi respeto por el susodicho ya no pasa de un saludo.

En éstas andaba en estas cavilaciones sobre mi pulsión contenida cuando me levanto para ir al baño, una entre tantas, a orinar. A pesar del efímero tiempo de la orina, la mente no parece hecha para esperar sin hacer nada y tiende a buscar las etiquetas de los frascos a la vista, las manchitas de humedad en el espejo, abrir los cajones que estén al alcance… En uno de ellos encontré un paquete de compresas. Me levanto de la taza, respiro hondo y voy hasta donde el hombre belicoso se nutre y comparte su madrugada con una pantalla. Le digo que por favor venga un momento. Se levanta intrigado, pregunta qué pasa. No contesto, en seguida llegamos al baño. Abro el cajón y le pregunto con las compresas en la mano «¿de quién es esto?». Entonces pregunta él como actuando a un desorientado: «¿No es tuyo? ¿Esto estaba acá? ¿Desde cuándo? Le voy a preguntar a Fátima» (la chica que va los martes a limpiar). Luego yo me voy a la cama a esperar la primera claridad del día para irme. Él también, después de apagar el ordenador, se acuesta simulando primero leer y después, como quien no quiere darle importancia a la cosa, apaga la luz y estira los brazos e intenta enroscarlos alrededor de mi cuerpo para quedarse dormido con su muñequita de porcelana. Me desenrosco con violencia y me quedo haciendo equilibrio en el extremo de la cama con la mitad del cuerpo en el vacío. Creo que logré dormir una o dos horas. Ya era muy de día cuando comencé a poner dentro de la mochila todo lo que encontraba mío por ahí. Me quedan muchas cosas, libros sobre todo.

Ahora son las 15:27 de la tarde y todavía no he recibido ningún llamado que quiera apaciguar o aclarar un supuesto malentendido.

Estoy destrozada por no haber querido ver que, incluso antes de toda sospecha, soy demasiado mujer, demasiado persona para un ser maltratado por el exceso de narcisismo, lleno de rencor y siempre dispuesto a la venganza.

Incapaz de desear un cuerpo de mujer.

M.

_____
* El rabino Mazer.

ASUNTO: malentendidos
FECHA: lunes, 14 de agosto de 2006  9:05:05

Hola, Oso:

Acabás de leer el mensaje anterior, la furia arrebatada por todos mis sentidos. Las cosas ya han cambiado. Hubo estratagemas para dividirnos, es verdad, pero se rumorea que el obrador fue Dios; y si hay algo que da fe de su existencia, es su hostilidad imprecisa hacia todo el género humano.

Te dejo este capítulo para el Piola.

M (o la judía secularizada).

ASUNTO: la crónica que he vivido
FECHA: sábado, 19 de agosto de 2006  11:14:22

Termino de leer tu crónica. (¿La habré comenzado por sentimiento de culpa como tú dices?, ¿porque necesitaba unos datos, como yo digo?) Indudablemente, y como pocos escritores, sabes hacer pasar a tu lector por una experiencia que no es escrita. Me has hecho reír. He querido estar contigo hace un año en Escocia y hacer de cuenta que no veo tu llanto el último día.

He subrayado algunas oraciones para cuidar de no plagiarlas.

M.

ASUNTO: mi estado ausente
FECHA: miércoles, 23 de agosto de 2006  7:48:36

Fue una travesía la transición hasta el sueño, pero creo que unos minutos después de las doce logré dormirme. A las seis y media ya estaba despierta y repleta de odio. No es bueno, todos lo saben; pero es normal, casi todos, en situaciones semejantes, lo padecen. Hago flashbacks y trago veneno. Me siento una idiota sin fiesta de cumpleaños (qué horror, quise hacer una metáfora y descubro que es literal). De todos modos el proceso es un camino ya surcado, me queda un rato más de natación en el fango hasta llegar a la indiferencia.

M.

ASUNTO: «y el infeliz afecto» (verso 50 de «Bruto el menor», en Cantos de Leopardi)
FECHA: miércoles 23  14.06

Perdona que te lo diga pero a ti te hace mal la felicidad. Cada vez escribes mejor.

ASUNTO: a mitad de camino, recuerdo
FECHA: jueves, 24 de agosto de 2006  6:08:41

Voy por la mitad de tu relato sobre el día de presentación de la tesis y recuerdo que tengo a mano un articulito que escribí para una revista de cine de la facultad y que finalmente no me publicaron. No recuerdo exactamente por qué, pero adivino lo mismo que otras veces, un estilo demasiado libre, o mucha ficción para ser teórico, o sandeces semejantes.

Te lo mando sin caer antes en la tentación de las correcciones. El texto pertenece a ese momento (creo que 1999); si lo corrijo ahora terminaría siendo algo muy distinto.

M.

ASUNTO: Me despierto y ya me ocupas la cabeza
FECHA: jueves 24  9.01

Menos mal que soy tu amigo
porque, desde que el día empieza,
el lugar ideal para estar contigo
es de todos conocido: la cabeza
.

ASUNTO: Si esta ceguera fuera tiresiana…
FECHA: lunes, 28 de agosto de 2006  9:40:12

Petrarquita me acaba de enviar otro soneto. Pero no es cualquiera, es el último. O así entiendo yo todo el mensaje. Supongo que es la «solución» más sana, si es que había que solucionar algo.

Debe haber algo en mí que yo no veo, y que hasta Petrarquita, que no me conoce, adivina. Lástima no tener a cambio la sabiduría de Tiresias, ni la «liberación» de la ceguera borgeana.

Y ahora me dirás que te tengo a ti…

Pero quién puede negarme que incluso tú, marea de pulsiones que no economiza en riesgos, con doscientos cincuenta años menos te hubieras aferrado a la incordia ligera de mi nariz ovejuna para seguir de largo.

M.

ASUNTO: los dos cuentos por archivo adjunto
FECHA: viernes 1 de septiembre  9.02

Son parte de un volumen ya terminado de once, mi número de la (mala) suerte.

El semibiográfico sobre el redactor que ponía de su cosecha la razón por la que fui sancionado en Difusora Internacional, que te conté en el «malecón de los versos» voy a ver si te lo puedo dar fotocopiado.

D-Day, el día del desembarco en Normandía*. ¿Cómo te preparas?

_____
* La visita que le iba a hacer acompañado de Petrarquita.

ASUNTO: vigilante de la noche
FECHA: viernes, 01 de septiembre de 2006  9:43:28

Anoche tuve pesadillas hasta las cuatro y media. Luego no tuve más porque no pude volver a dormirme.

Recién llego del consulado y encuentro tus mensajes con los extractos de la novela y otros textos que serán mi salvavidas del fin de semana. Es una pena no tenerlo en papel (no tengo impresora) porque leer de la pantalla hace que me canse antes de tiempo.

Ahora me voy a correr quince kilómetros, a ver si gasto suficientes energías como para dormir una buena siesta y levantarme con cara de lechuguita.

Así me preparo, no se puede decir que no entreno.

M.

ASUNTO: la tarde en que no estuve
FECHA: martes, 05 de septiembre de 2006  6:36:07

El catalanoparlante ejerce su lenguaje, mueve su lengua y yo me como los bostezos. Señala, toma, muestra, exhibe libros que ha cargado en tres maletas. Dice que existen diferencias de papel, de tapas, colores… y que éstos a su vez corresponden a diferentes tipos de precios. Nos cuenta, por ejemplo, que un libro de tapa dura es más caro que uno de tapa blanda. Gira en su mano una fibra para pizarra que todavía no ha utilizado, saborea en el aire los meneos de la lengua deshaciéndose en la boca antes de salir y ser lenguaje (eso que tanto anhela el catalán). Me interesan los libros que ha traído como ejemplos (de objetos): Irlanda, de Espido Freire; L’esport matins de Catalunya Ràdio, de Jordi Basté; La balsa de piedra, de José Saramago; Annual 99’ Non Fiction, y uno de ortotipografía. Los pocos de siempre toman apuntes, la normalidad que sobra sólo escucha y se pregunta qué clase de anotaciones hacen los que anotan. Entonces entro yo, que no tomo apuntes pero escribo, presteza harto parecida a la de tomar apuntes en lo que a simple vista se refiere. Los participantes del curso errarían de buena gana si imaginaran de mí a una alumna tirando más a imbécil que a aplicada. No debes hallar extraña la inclinación del grupo a observarme, estoy sentada justo al lado del catalanoparlante al que todos están obligados a mirar (menos yo, que como lo tengo demasiado al lado, puedo garabatear en la hoja o escribirte). Ahora está hablando de fotolitos y nos muestra, brazos en alto mediante, la página transparente ¿el molde de un libro?, curiosidad ante la que me detendría con el fin de comprender de qué se trata esta orfebrería, si no fuera porque tengo que esquivar el mal aliento del catalanoparlante con estrategias de espiración / inspiración, a un ritmo alocado, espasmódico. Percibo que mi compañera de la derecha se incomoda paulatinamente en su asiento: mi nivel de escritura aumenta en lógica proporcional con la inutilidad y/o aburrimiento del tema en cuestión. El momento apoteótico se produce cuando el catalanoparlante deja de hablar, se da vuelta, busca material y respira (retengo el aire, especulo con el tiempo de suspensión del aliento en el ambiente, luego espiro y vuelta a empezar) ya que la velocidad de mi escritura aumenta. Retoma, dice que hay muchos tipos de letra. (¡Ay, Oso, cómo te gustaría esto, tanta sapiencia sobre la tipografía!, sólo faltas tú en esta mesa, el oyente ideal de estas palabras.)

Yo no sé nada de letras, me como los bostezos.

Pasamos a tema de mayor envergadura menos para ti, Oso, que en cambio hubieras seguido con las letras y avanzado en lo que sigue en calidad de condimento: los colores. Este cambio no amerita introducciones pero de ahora en adelante todo será cromático. Me detengo y pienso: vine a esta clase equivocada (Dios siempre arrojándome al desierto, ¿es que también le ha prometido a otro Jerusalén?). La clase a la que yo venía se llamaba «Grises». Tonos de grises, degradé de grises. La ciencia del Gris.

Cuando tenía ocho años vivíamos en una casita en la calle Soriano, en un Ituzaingó bastante pobre. En esa época mi papá estudiaba Bellas Artes en la escuela Pueyrredón. Recuerdo una noche, era tarde o una hora que yo desconocía despierta; no podía dormirme, entonces me levanto y voy hasta el living, por donde escucho que anda mi papá. Lo encuentro sentado junto a la mesa de algarrobo, con la lámpara iluminando una hoja enorme y pintando una extensa escala de grises que comenzaba en blanco y acababa en negro. Encontré excesiva la cantidad de grises porque yo no tenía tantas palabras para nombrarlos como cuadraditos había en la hoja. Todos eran gris: gris más claro o menos claro; más oscuro, menos oscuro. Cuánta pobreza verbal. Conmovida por un orgullo que jamás vi repetirse, le pregunté cómo hacía para hacer tantos grises. Él me dijo que aquello no estaba bien hecho, que tenía que corregirlo mucho porque algunos grises casi eran idénticos entre sí, o porque pasaba de uno a otro saltándose un tono. Pero a mí esa respuesta ya no me interesó porque antes estaba que mi papá había inventado muchísimos grises en un papel.

El catalanoparlante sigue hablando de colores. (La chica que está a dos puestos del mío está compitiendo con mi ritmo de escritura; cree, la muy bobalicona, que puede amedrentarme o ganarme.) Sospecho que algunos ya saben que no apunto lo parlado, aunque no podría asegurarlo, mi vista se columpia sólo en este pedazo de papel (la información del estado periférico la obtengo con el rabillo del ojo). Cuando salga de aquí los compañeros por tres horas van a atajarme en la puerta para pedirme estos apuntes, sacar fotocopias; ni adivinar falta.

Me ahogo, oprime el calor en esta habitación sin ventanas y el catalanoparlante dice, sin saber que en su decir hay una amenaza, «pero esto lo explicaré dentro de un rato». ¿Dentro de qué rato? ¿Es que el rato no comenzó hace mucho y ya está por terminar? «¿Y qué consigues? Que el blanco sea blanco y que el negro sea negro.» ¿Y ahora qué hago yo con esta frase? Pensémosla literalmente, evitemos, aunque sea una vez, el vicio de la metáfora.

Creo que es en el Zohar, el libro del esplendor, aquella exégesis considerada la primera obra autorizada en la cábala judía, donde dice: la Torá es fuego negro escrito sobre fuego blanco. Conseguir que el blanco y el negro perduren idénticos a sí mismos no es cuestión desdeñable entonces.

Finalmente el catalanoparlante se ganará de mí un poco de respeto. Lástima que yo ya no me quede otro rato para festejarle la hazaña de mover su lengua y atinar un lenguaje que comunique y dignifique al mismo tiempo.

M.

ASUNTO: ¿Qué decir…
FECHA: martes, 05 de septiembre de 2006  10:41:06

…después de leer su mensaje? El raciocinio patina en el encontronazo de pasiones a la luz de su estrella Polar. ¿Cómo expresar su desamparo? ¿Tal vez con un haiku?

Cambiante soledad,
agua que grita,
silba la luz del viento
.

PETRARQUITA.

P. D. Todavía no ha contestado…

PARA: Petrarquita
ASUNTO: Te mando este solimán o sublimado corrosivo…
FECHA: martes 5  20.26

…a ver si encuentras un botellón que lo contenga…, porque es que aquí, compañero, esto nos supera…

Enésima charla con María Magdalena G. K.
(martes 5 de septiembre de 2006)

MM dice:

qué haces? se nos va a consumir la vida así, sabes?

I sometimes asked myself shall we ever meet again” (Isabella Grant a su hermano, nuestro bisabuelo, en carta de 8-V-1861) dice:

Estaba redactando un mail para mi primo hermano el fueguino, el monje solitario de Río Grande. Estoy pensando en cambiar de letra. ¿Qué te parece?

MM: bueno, sigue, no te molesto; es que te veo ahí y no siempre puedo no caer en la tentación.

Grumpy Grizzly: Tú cae…, cae…

MM: tú la letra, yo el cabello… pero seguimos iguales.

Grumpy Grizzly: Yo te voy a morder.

MM: y quitarme el dolor con dolor.

Grumpy Grizzly: ¿Quieres que te reconstruya lo que lamentaste por teléfono, que se iba a ir por los intersticios de tu memoria?

MM: sí, quiero.

Grumpy Grizzly: Si yo te muerdo…, como yo sé morder, no te va a doler.

MM: te creo.

Grumpy Grizzly: Es que yo no muerdo donde otros muerden.

MM: sorpréndeme.

Grumpy Grizzly: Vas a ir por ahí / marcada de mí.

MM: con orgullo de gata en celo.

Grumpy Grizzly: No me desconcentres como estilas hacer, ¿eh? Mira que tengo que reconstruirlo.

MM: vale, no intervengo, sólo copio.

Grumpy Grizzly: Me dirijo a un gramatical. Le cuento a Petrarquita.

MM: vale.

Grumpy Grizzly: Entonces la veo salir… La chusma que estaba en el slamer, la terraza del bar mistongo, interrumpió la charla. Venía hacia mí con el vestido blanco, la cabellera partida al medio por una raya que nunca se hace…

Grumpy Grizzly: Y me acordé de «Negro el cabello, imitador undoso / de las oscuras aguas del Leteo»… «Eso me suena», caviló Petrarquita. «¡Hombre!… Góngora… Don Luis… Del homenaje de la generación del 27 a nuestro jardín de infantes. Fábula de Polifemo y Galatea.» Risita en la línea: Petrarca se ríe como Patán, el perro de Pierre Loboyuna.

Grumpy Grizzly: Llevaba unas sandalias de medio tacón, con el talón desnudo. Se había puesto un poco de sombra en los ojos dibujados (porque no son de esta realidad). Algo de carmín de compromiso en la boquita de piñón. [Continúa la risita, ahogada bajo sacos terreros.]

Grumpy Grizzly: Y yo, obispo, la recibo y con sujeción a la conducta la celebro: «Ven, hija, e inclina la cabeza, yo te bendigo».

Grumpy Grizzly: Teníamos que ir a comprar las botellas de vino al super, para el convite*, y, al pasar por delante de las mesas con los hinchas de fútbol, las miradas se le pegaban en la piel y en el vestido y allí se achicharraban, como en el «insecto killer».

Grumpy Grizzly: Esto último podrías intercalarlo antes de «Venía hacia mí, etc.».

MM: ok

Grumpy Grizzly: ¿Cómo te sentó?

MM: cómo? de maravilla.

MM: pero no sé dónde quieres que intercale lo último, no lo encuentro

MM: antes de lo del obispo?

Grumpy Grizzly: Al principio, después del punto con que acaba «…interrumpió la charla».

MM: ya está

Grumpy Grizzly: Quedó más o menos.

MM: una delicia

MM: por teléfono te dejaste llevar más

Grumpy Grizzly: Te voy a morder.

MM: por qué? porque te digo que por teléfono…?

MM: o no tiene nada que ver?

Grumpy Grizzly: No tiene nada que ver.

MM: ah

Grumpy Grizzly: Esta mañana, al bajarme correo, veo que tengo un mensaje de Petrarquita.

MM: qué decía? (si se puede…)

Grumpy Grizzly: «¿Qué decir después de leer su mensaje? El raciocinio patina en el encontronazo de pasiones a la luz de su Estrella Polar [te va llamando así]. ¿Cómo expresar su desamparo? ¿Tal vez con un haiku?

Grumpy Grizzly: [Transcribo el haiku.] Cambiante soledad, / agua que grita, / silba la luz del viento. [Su firma.] P. D. Todavía no ha contestado… [Es de hoy a las 10:41:06.]» FIN DEL MENSAJE.

MM: mi intención cuando vine al ordenador era contestarle

Grumpy Grizzly: Pero ¿tú te das cuenta de lo que provocas? ¡Y estás obsesionada!, ¡y triste!, ¡y te sientes desgraciada!, ¡y extrañas a un tipo que no te ofrecía ni una milésima parte de todo esto!

Grumpy Grizzly: ¡ERES… MILLONARIA!…

MM: Oso, escucha una cosa, quiero que me prestes atención.

Grumpy Grizzly: Deberías volar como un azor por entre la espesura, de puro júbilo.

Grumpy Grizzly: Deberías salir a la hora del crepúsculo, ávida como un murciélago.

Grumpy Grizzly: Golpear con el abdomen córneo, como el escarabajo en el desierto, llevando el ritmo de las cambiantes dunas.

Grumpy Grizzly: El color rojo que cotillea en la copa de vino: «Voy a bailar en tu boca…, viejo».

MM: va, ya borré todo. Definitivamente hay cosas que no puedes entender de mí, a pesar de la belleza, soy demasiado trivial para ustedes.

MM: tú crees que se puede cambiar una cosa por otra, que yo puedo vivir de bellos poemas que llegan a mi correo?

Grumpy Grizzly: ¡SÍ!

Grumpy Grizzly: Para sacar a la poesía de su postración.

Grumpy Grizzly: Para que no sea sólo palabras.

MM: no me importa que te enfade esto, no puedes entender mi necesidad de cuerpo, de piel, de compañía, de mirada, tú estás pensando en la poesía, pero yo en mi vida!!

Grumpy Grizzly: Falsa contradicción, añoso divorcio.

Grumpy Grizzly: Cuando la lluvia del sentido común se haga menos copiosa, saldré de debajo del alero, iré a buscarte.

MM: lo lamento mucho, no me colma la poesía, ya sabes que tengo todo mezclado, la literatura y la vida. No voy a dejar de sentirme sola ni a un poema por día. Me parezco demasiado a todo el mundo.

MM: Pues ya ves!! Sobre tu cabeza llueve el sentido común.

Grumpy Grizzly: Ya me mojaré. El martes 15 del mes pasado, al apearnos del Aerobús en plaza Universidad, caía un aguacero fenomenal que invitaba… y me mojé.

MM: otra vez al córner.

Grumpy Grizzly: Me mojé muchísimo. Todo lo que no me mojé en Escocia.

Grumpy Grizzly: Sí, pero la cuestión es que nunca supe jugar al fútbol. Ni aprendí, ni me gustaba.

MM: me lo dijiste, no te gusta que la lluvia te moje?

Grumpy Grizzly: De esa manera, no. Para después no poder cambiarme, no.

MM: pero si después podías cambiarte, o no?

Grumpy Grizzly: Posiblemente moriría de una pulmonía. Cuando decida mojarme, seguro moriré.

MM: sí, eres de una debilidad… una lluvia te mataría, tienes razón

Grumpy Grizzly: Flores raras que somos. A las flores raras una lluvia persistente las deshoja, les corta los cabellos. [Ella se ha cortado el pelo recientemente y se ha dejado media melena.]

MM: yo no salgo a pasear ahora mismo porque no llueve. No sé pasear sin lluvia.

Grumpy Grizzly: Voy a salir un momento al super. Creo que esta charla hay que grabarla.

MM: grabarla? copiarla?

Grumpy Grizzly: Sí. Se graba en Word y luego se conserva para mandársela a alguien o imprimirla. Colecciono varias de Petrarquita y mis primos.

Grumpy Grizzly: En papel.

MM: ah, sí?

Grumpy Grizzly: ¿Qué te pasa? ¿Estás burleta?

MM: yo siempre voy copiando lo que me interesa, lo que dices tú, claro. No voy a copiar lo que yo contesto.

MM: no, tonto!

Grumpy Grizzly: Todavía no hemos almorzado [eran cerca de las 18.00]. El «niño de las pinzas» está de una irritabilidad de cable eléctrico; lo tocas y te pega una descarga.

Grumpy Grizzly: ¿Qué te parece esta letra? Se llama Paramount, como los estudios de cine.

MM: me gusta, está bien

Grumpy Grizzly: Todo te gusta. Todo te parece bien.

MM: no

MM: diría casi lo contrario

MM: El inconformista de Bertolucci

Grumpy Grizzly: Dime algo estropajoso como te pedí esta mañana por teléfono para que la charla tenga un final a toda orquesta, cuando te pedí: «Despídeme con un suspiro de tus ollares de yegua del infierno».

MM: jajajaja

MM: si me lo pides no me sale

Grumpy Grizzly: Tú me despediste con un jadeo de alguien que ha estado corriendo en el cemento de la playa Bogatell.

MM: tienes que tentar al diablo de otra manera

MM: con sutileza, así no puedo

MM: no te quedes esperando

Grumpy Grizzly: Cuando vuelva de comer lo intentaré de nuevo.

_____
* En el antiguo domicilio del
Mamut Stockdale, cerca de plaza Lesseps, la cena en que la conoció.

ASUNTO: me piden y me dicen que no lo hacen
FECHA: domingo, 17 de septiembre de 2006  21:30:04

Esto es un fragmento que quizás esté en la novela que quizás escriba algún día. No iba a enviártelo hasta que esa «novela quizás» no fuera un borrador y tú mi corrector. Pero me pides y me dices que no lo haces…

M.

Mi piel de jade.

¿Quién fue testigo de lo que hiciste, Remedios?

Han visto a Remedios columpiándose con dos mechas de tu barba. El que la vio midió su cuerpo en pulgadas, eran seis. Y como no escuchó su voz dijo que sólo tú podías oírla musitar naderías cuando combinaba sonidos de palabras para quedarse dormida o rugir imaginando el arma alzada de un filisteo obstinado en existir y desarreglar la historia matándola. Diminutiva y plúmbea, el que la vio disipó las dudas: no hubo viento diestro en alcanzarla. Remedios, la bella, fue amiga de Alicia, a quien encontró envejecida entre unas lianas ajadas de tu pelo más blanco. También se columpiaba como antaño siguiendo el ritmo atolondrado de Remedios, y entre ellas, qué dulce el llanto del desconsuelo de vivir en ti enredadas, prófugas del disgusto de haber nacido. Patitas flacas reptando hasta tus labios, el que la vio dice que vio, y a ambas en postura de alfileres entrándote en la boca. Y otra vez, tú el único eco del coro de jadeos suplicantes, oraciones anteriores al hebreo, de puro grito convulsivo y mordeduras yugulares. Han visto a Remedios repartida entre esos gritos, Alicia quiso pero no pudo ayudarla a callar quitándote la patente de corsario para circular en los mares del incesto. Alicia sabía que no eran mugidos de desdicha, pero estaba tan molesta por no ser ella la posesa… Al final se contagió, ambas murieron extasiadas.

ASUNTO: último momento
FECHA: martes, 19 de septiembre de 2006  20:50:48

me estoy yendo a cenar afuera porque es el cumpleaños de mi prima. Cuando vuelva voy a ver si estás conectado, lo digo por si podés esperarme. Me acaba de llamar Gabriel (arrepentido es poco, nunca pensé que podía llegar a estos niveles), estuvimos casi una hora por tel. No quiere darte a ti las cosas…

M.

ASUNTO: La torre
FECHA: martes, 26 de septiembre de 2006  4:13:28

Mira la hora. Esos números no son ni error ni mentira.

Mi tía ronca* o imita a una bestia: «Pienso en un tigre. La penumbra exalta». Y yo no duermo, borroneo algún poema que no escribo y voy a ver lo que hicieron otros con su desvelo.

¿Qué haré con este absurdo
¡turbado corazón!, esta caricatura,
la edad decrépita que me han atado
como al rabo de un perro?

Nunca tuve

yo más apasionado y más fantástico
poder de imaginar, ni un ojo ni un oído
que más tuviera anhelo de imposible

No, ni en la niñez cuando con caña y mosca,
o sólo una lombriz, subía a lomos de Ben Bulben
con todo el día de estío por delante
.
Parece que he de despedirme de la Musa,
elegir por amigos a Platón y a Plotino
hasta que la imaginación, el ojo y el oído,
se aplaquen con razones y argumentos
sobre lo abstracto; o padecer escarnio
con un hojalatón en los talones
.

[W. B. Yeats]

El borrador de mi poema no era el de un vencido, menos aún el de un vencedor. No había resignación ni despedidas, pero si mal no recuerdo, también culpaba al destino.

Allí una mujer tenía derecho a un deseo, a un solo y último deseo, como la última voluntad del condenado a muerte. (En mi poema era uno que sonreía a sus inquisidores dubitativos por humanos ante la sentencia. Sólo él sabía que moría justamente.)

La mujer pide veinticuatro horas adentro de tu cuerpo. Quiere un día para pasear con tus ojos de viejo, casi ciegos, arbitrarios; no ven escalones pero cuentan las arrugas de un rostro en la penumbra, en la lluvia. Dice también que quiere tu pensamiento porque los ojos solos no le valen, que quiere ver la forma en que ordenas y haces círculos concéntricos como el pueblo medieval al soberano. Y tú afuera, esperando en un banco o al final del malecón. Eres un burro frente a la tranquera alguien para eso te ha venido entrenando. Son sólo veinticuatro horas en mi poema. Después no queda nada (la memoria también fue un préstamo).

La mujer vuelve a su piel de jade.

M.

_____
* Había llegado de visita y dormía sobre un colchón en el suelo.

ASUNTO: Hablaremos sólo de terceros
FECHA: martes 26  14.22

«Hablaremos sólo de terceros», me dijo. Y como nada «nuestro» habrá que ande en boca de «terceros», te entrego, cortada en el aire, una danza resplandeciente, algo «tuyo», las horas pasadas frente a ti y que ya no podré jamás precisar por más que pueda «figurar el maleficio / de cuantos ejercemos el oficio / de cambiar en palabras nuestra vida», porque esa tarde descomunal se borró y tú has levantado la cabeza.

Ayer…

Ayer, sentados a una mesa, a la vista de uno de los espigones de Poblenou, cuando podemos ver las olas e ignorar que lo son, un cumulus enorme como las gradaciones de una sola palabra en el síndrome de Down, torre de crema batida, algodones de hospital del verano tardío, se formó en el cielo o arribó a la isla donde estábamos.

Llevabas puesto un bolero blanco y cuando pensé «Lo mismo que la nube» (la forma era idéntica en los hombros), ésta al oír mis pensamientos, con sólo el dibujo minucioso que al viento debe todo, tal vez enfurruñada, se deshizo.

ASUNTO: Hablaremos sólo de terceros (II)
FECHA: martes 26  19.17

Sublime la penumbra incendiada
Sublime el aliento quedo

Sublime la desnudez echada

ASUNTO: Hablaremos sólo de terceros (III)
FECHA: martes 26  22.31

Falacia de los párpados cerrados. La eternidad es como tu sueño, pero con fondo.

ASUNTO: con ceniza de Messenger
FECHA: miércoles 27  6.17

Cuando duerma buscaré en lo perdido
lo mejor que se fue en ansia, luz y ruido
.

ASUNTO: «Eres un burro frente a la tranquera»
FECHA: miércoles 27  6.24

¡No, por favor! No me consideres un caso perdido.
Puedo aprender. Quiero aprender a tu lado.
Enséñame a mezclarlo todo.

Las mujeres hermosas comen con la carne
una ensalada de locura
y el Cuerno de la Abundancia desatan de ese modo
.*

_____
* William Butler Yeats,
Plegaria por mi hija.

ASUNTO: «Mira la hora. Esos números no son ni error ni mentira.»
FECHA: miércoles 27  6.30

y supe solamente que nunca mi cabeza
descansará en el pecho de la mujer querida,
ni, vivo, rozarán mis labios su cabello
.
¡Oh bestia de los bosques y pájaro del aire!
¿Habré de soportar vuestro grito amoroso?
*

_____
* W. B. Yeats,
El poeta piensa en su pasada grandeza cuando formaba parte de las constelaciones celestes.

ASUNTO: Un saludo de tantos
FECHA: jueves 28 3.22

«Aún no he conocido al hombre que me pueda extenuar.»

de una charla de MSN fanfa

Hasta mañana, pasado, y tras la sombra del siempre,
mi pasada grandeza
está en tu vientre
.

ASUNTO: habré querido decir…
FECHA: jueves, 28 de septiembre de 2006  7:42:03

«Aún no ha nacido el hombre que me coja descuidado», dice el personaje tipo Robinson en Aguas pantanosas de Renoir.

Aún no ha nacido el hombre que me pueda extenuar.

M.

ASUNTO: En el patio de Remedios
FECHA: jueves, 28 de septiembre de 2006  21:56:34

El Oso había llegado a su vida como los ochenta y seis enanos de jardín aparecidos un martes de septiembre en el patio de un colegio francés, cuya firma lanzaba el anonimato: Frente de Liberación de los Enanos de Jardín. La incertidumbre de la policía se vio agravada por la segunda información de la nota: «Sus dueños pueden recogerlos en comisaría». Pero Remedios no encontró a lo ancho y largo del Oso ninguna nota que indicara «Su dueña puede recogerlo en el bar del puerto. En invierno hay que acariciarle la cabeza para que camine». Tampoco había firmas modestas, pero esto no le extrañó, ¿acaso Dios firmaba sobre el cuerpo de sus criaturas? Entonces supo que su caso era más serio, que se trataba de cielos y de infierno. La policía francesa no pudo entregarse a la fe ante al abrupto y aclamar a sus ciudadanos «¡Son tan sólo ellos, los enanos!». En cambio Remedios sintió alivio y fortuna porque el Oso en su patio sí era tan sólo una cuestión de fe.

Herida soldadera que perturba a la tiniebla

¿Te han traído de dónde a un hombre de otra guerra?

Él le dijo de Grantown. Pero Remedios pensó en seguida en otro país, en Sudamérica: una mancha púrpura en la piel, en algo que no se despega. Él insistió ¡pero si ella apenas lo había pensado! de Grantown, Escocia, y fuera de aquí niña engreída que posa para los ojos de un falso piadoso. ¿Cómo no adviertes que no estás en su prédica y que rechazará tu existencia por exceso? Ya veo, te arrimarás a su desprecio como todas, acumularás amarguras y luego pedirás su peso en oro: el arrepentimiento.

Pasaron los días, el conocimiento menguó aquel rechazo original del Oso hasta convertirlo en bullicio de una atracción para este mundo equivocada.

Y lo que siguió fue:

Alabardero de su sueño: puesto arrancado a tiros a los dioses después de armar en el cielo un escándalo de amenazas. Esta vez no se ahorró la furia sujeta a sus perversas confabulaciones.

Le dijo a Remedios soy un animal de habla y me castigaron poniéndome torpeza en la boca. Recurrieron a mi pasión por la lectura para continuar con el asalto. Debería estar ciego desde el año noventa y cinco, si no lo estoy, es porque olvidaron quitarme la terquedad. La última fatalidad concedida fue conocer a Remedios a la edad en la que las pasiones son una caricatura.

No conoceremos la gloria de los amantes, oscuro amigo.
Pero nadie podrá quitar de mi vientre tu pasada grandeza
.
Nadie sabrá qué es en mi vientre tu
pasada grandeza.

M.

ASUNTO: «Nous avons dit souvent d’impérissables choses» (Ch. Baudelaire, Le balcon)
FECHA: viernes 29  6.01

«Todos quieren recibir, ¡pero yo quiero dar! Sin embargo, a ti no te puedo dar, porque te tengo que pedir. Y, si te pido, tú interpretas “¡qué remedio!” porque algo te voy a demandar…; y es una madeja, y la madeja no hace más que enredarse hasta la noche.»

en la mesa, camino del malecón, lunes 25, hora violeta

ASUNTO: deuda pendiente
FECHA: sábado 30  7.50

Entonces era yo tan mal poeta:
no sabía ir hasta el fondo.

Blaise Cendrars

Yo soy tu bestia. Tú eres mi Apocalipsis.

Ven solo.

(sábado 16/9)

ASUNTO: Después de la hecatombe de caricias
FECHA: domingo 1 de octubre  4.47

reine des adorées,
Je croyais respirer le parfum de ton sang
.

Baudelaire

¿Cómo estás?

Hasta que no me lavé los dientes, con el sabor de ti. Me volvía desde la glotis. Es como si hubiere tomado una droga muy potente. Floto en una nube.

»Volvía por las calles desiertas y no podía salir del túnel de tu aliento. La noche, al extremo de la calle, formaba como un túnel también y por analogía o por anestesia la noche daba al mundo corporal una nueva conquista: ella misma contemplada como túnel de un aliento.

»¿Sabes que, mientras dormías, me coloqué justo debajo de tu nariz y te respiré?

»Respiro y ME VUELVES…, ME VUELVES…, ME VUELVES…

»Llevo TU CUERPO metido HASTA LA GARGANTA.

(viernes 22/9)

ASUNTO: noni-noni
FECHA: lunes 2  1.15

Para cuando decidas dormir
en mi barriga
te ofrezco esta invitación
(tú pon la turbia melodía):
«Ven, ven a la patria
mullida»
.
Y me daré unos golpecitos
en mi barriga
de Balzac, indicativos,
para que al dormir encuentres la salida
.

ASUNTO: Un saludo de tantos
FECHA: martes 3  1.01

Dejemos al bosque que se despida
con un «adiós» y la fuerza necesaria
que le da el otoño en cada hoja seca,
si es caducifolio, obviamente
(aquí ríete tranquila y sin permiso),
y no nos digamos, entre tanto,
«hasta mañana» tampoco
.

Puesto que estamos
en más constante comunicación
por la técnica terrena
y, por defectos heredados,
«en órbitas diferentes», me dijiste,
gracias, no obstante,
a la educación recibida
despidámonos cada día:
de un extremo a otro, y hasta otro extremo
.

ASUNTO: ¿cosa de Mandinga?
FECHA: martes, 03 de octubre de 2006  20:42:56

No sé si estás ahora conectado. Sólo dejo escrita mi desobediente voluntad de conectarme y la extraña imposibilidad: mi MSN no funciona. No es un problema del MSN, ni de Internet ni de nada que esté fuera de mi dirección. Ya probaron los chicos* con sus direcciones y andan bien. Así que tiene que ser cosa de Mandinga, enviado del más allá tal vez para dosificar esto que la voluntad descuida, cuando no se ausenta completamente.

caricias a mi barriga de Balzac,

M.

_____
* «Los chicos» eran los que vivían con ella en régimen de subinquilinos en el piso, superpoblado al principio, de la calle Badajoz.

ASUNTO: El pedigüeño que nunca tiene sueño
FECHA: miércoles 4  1.44

Le pido a la noche, que es de erudición más versada,
pero la noche no me da nada
y todo se lo tengo que robar, y le digo
«va, que es para mi chica».

¿Y al día? preguntas, no de insatisfecha sino por curiosidad.

(martes 26/9)

ASUNTO: cuento IV
FECHA: miércoles, 04 de octubre de 2006  6:12:03

Ya te envié tres. Te lo recuerdo para que tengas en cuenta lo que te comentaba ayer de «un criterio que los una». Como si eso pudiera acercarlos a la novela y cobraran importancia. Aunque todavía está por verse si lo voy a armar con un criterio común. Hay algo que no me gusta de eso, yo creo que sucede lo contrario de ese modo: pierden independencia. Bueno, por el momento importa la corrección de cada uno.

M.

ASUNTO: La torre / La corriente
FECHA: jueves 5  2.36

Llevado a los libros por un desvelo parecido al tuyo del 26 del mes pasado, como el cabestro que vuelve al establo en el ángelus, encontré el viernes este pasaje de una carta de Rilke a Lou Andreas-Salomé en la que le explica la relación, breve pero intensa de lo primero creo que fue responsable él más que ella, con la pianista Magda von Hattingberg, conocida en los dogmas de las frustraciones literarias como Benvenuta.

No faltará quien, dando la espalda a lo humano, atribuya el hallazgo a la predestinación sin examen: vienes caminando por el museo literario y encuentras «lo que era para ti». Pero esto lo doy por sentado y entregado entre nosotros, no le doy ya mayor importancia, tómalo como apacible inclinación de la saeta que ha desarrollado la mayor parte de su energía. Para no interrumpir la continuidad del desvelo también el de la flecha que nada refrena hacia ti, mientras cae, me resulta menos fácil atribuirlo al toma y daca del desvelo. Vaya, pues, desvelo por desvelo.

«…como si hubiera dado con una nueva fuente de mi ser más auténtico, el cual se desataba entonces en una comunicación inagotable [...] mientras yo, escribiendo sin parar, recibía al mismo tiempo la felicidad de su corriente y el inexplicable reposo, y para el que, dada mi condición receptiva, parecía estar preparado de la manera más natural.

»8 y 9 de junio de 1914.»

ASUNTO: La elfina, hembra de un elfo, como hada joven y hermosa
FECHA: viernes 6  2.11

Había ido a casa del killer y la Hamadríade el sábado 23, después de la hecatombe. Cumplía con una invitación que se había ido aplazando por la intercadencia del verano que mete en una totalidad los compromisos. No queda nadie a quien poder ver. La totalidad de las vacaciones sin renuncia del modo de vida, la marcha al pueblo o el alivio del hijo endosado a los padres para el resto del verano trascienden las partes; y uno es una parte de las pulsaciones en la vida de los amigos.

Habíamos quedado en que llevaría una película para ver en dúo con Lacombe Lucien, de Malle. Era El ejército de las sombras, sobre una célula ingrata y corajuda de la Resistencia francesa. El clásico seco como un riesling.

Apenas verme, la Hamadríade me soltó, entrenada para orientarse en las corrientes que no se ven bajo la vida cotidiana:

…y esto no ha hecho más que empezar.

Hablamos de ella y los puse al tanto. Son mis hermanos, trataba de abrirles el rito que establece un pacto (diathēkē), un camino espiritual a la vez que material.

Sabéis que ella es un camino… Jäger denomina «transconfesional» el camino que lleva a la experiencia de aquello que las doctrinas y los libros enseñan. Los libros tienen que ser sagrados para él, de lo que deduzco que sólo la fuente puede garantizar que la experiencia lo sea también.

»Puedo intentar llevar a la experiencia lo que los poemas declaran y cerrar de una vez el pleito camino espiritual/carne transconfesional.

El killer me miraba. La Hamadríade bajaba la vista, sintiendo, como buena judía agnóstica, que le estaban predicando, para descarga de una usual angustia, otro amaño de religiosidad del futuro.

El killer, que había estado escuchándome y acostumbra remachar conclusiones al final, dijo entonces, con su media sonrisa de buscarme entre los muertos:

Sabes que te esperan los peores años de tu vida, ¿no?

Expuse y ambos opinaron sobre el rechazo que ella había manifestado desde los primeros momentos por el papel histórico de la musa en la vida y el mitológico escandinavo de la elfina en la obra de un escritor. Y la nueva forma de ser en la del poeta petrarquista, que no puede morir. Sin embargo, les dije, su rechazo es muy diferente de lo que imaginamos. Lo que parece ser una pérdida de su humanidad es un elemento objetivo de su belleza.

No te entiendo reglamentó la Hamadríade.

El killer se había ausentado momentáneamente, yéndose a la cocina.

El poder de su belleza pasa por encima de ella sin que ella haga nada. No es suceso. Por tanto, si ella está en un lugar o lo cruza despierta lo nuevo que estaba sepultado o contrahecho en el lugar. Hace que sea el primer día de la creación y en este sentido se nos permite participar en ese tipo de realidad que debió de haber antes de «enfermar en suceso».

»Para que podamos agarrarnos a aquello, su belleza se suelta de ella, actúa como un principio estructural. Se despilfarra.

¿Cómo que se despilfarra? Entonces no es tan inconsciente de la belleza que tiene…

Tenía que ser congruente y resaltar que en su despilfarro mostraba un gran amor y una alegría profunda llamada a servir al arquetipo de una encarnación sin vía crucis, como la aurora que no le duele cuando se despinta, y subrayé:

Ella va arrastrando por la vida su belleza como se arrastra por la calle un chal.

ASUNTO: Oso mañanero
FECHA: domingo, 08 de octubre de 2006  9:45:45

Te envío un cuento que escribí hace más de dos años. Ya estaba aquí en Barcelona pero sucede en uno de los barrios de mi infancia. Me recuerdas los ambientes por los que anda Hugo*, aunque en mi caso es bonaerense.

No te detengas a corregirlo porque éste no creo que lo incluya en el próximo libro que le quiero dar a Carla Palacio. Prefiero que mires los otros tres que te envié y que ya habías leído.

Me visitó un Oso impulsivo este domingo por la mañana**. Tendrías que conocerlo, ustedes dos se llevarían muy bien.

REMEDIOS LA BELLA.

_____
* Protagonista de mi novela inédita
Tortionnaire. Camino de perfección.

** Después de dejar a Stella en la playa, me dividí para pasar por su piso, aguzado el apetito en la ráfaga de verla.

ASUNTO: canciones de cuna
FECHA: lunes 9  15.28

Duérmete, mi vida.
Duérmete, mi amor
.
Llévame en tu sueño
hasta mi perdición
.

ASUNTO: La noche del 6
FECHA: martes 10  2.48

Nos reunimos para estudiar. El hecho de que ella se sentase en el sillón del living con las piernas flexionadas y yo al lado leyéndole a Rodney Hilton, un esquema tan genérico como árido de historia social que confería glamour a sus piernas flexionadas, trastrocó los planes.

Echó una manta sobre sus piernas para que los otros moradores del piso, si irrumpían, se quedasen visualmente con la barrera de la lectura respetable y no apreciaran las maniobras.

Mi dedo medio, no muy rebelde de ordinario y el de la mano izquierda carente de una función específica que pueda asignarle, cobró, al parecer, vida propia y empezó a husmear, a cabecear como un gusano sin vista por los costados depilados de su entrepierna. Ella no lograba independizarse del dedo (le habría resultado más fácil a un cerrojo gótico de hierro forjado independizarse moralmente de su óxido), echaba la cabeza hacia atrás como dicen que hacía Bonnie Parker en los tiroteos y se reía.

Presta atención, va.

No puedo concentrarme. ¿Tú crees que así se puede estudiar?

Yo seguía con la exposición monótona: «La comunidad campesina medieval poseía explotaciones familiares con animales…». Yo.

El discurso racional obtenía para ella la libertad condicional de su atención, pero en seguida caía en ese estado entre hipnótico y soñoliento que el placer le produce cuando un eros próvido se apodera de su cuerpo y lo deja gloriosamente empantanado. El pensamiento discursivo huye o languidece en otro fangoso, que debe de ser pensamiento también porque asoma a los ojos y los cubre con aquella viscosidad de telaraña que se extendía por los ojos de Emma Bovary después de haber ingerido el arsénico.

Vamos al cuartito un rato.

Llama «cuartito» a la zahúrda en donde duerme, una filial del arca de Noé. Enciende la luz y en el centro de llegada y de partida que es ahora el cuarto, el pozo de Beerseba, me pide:

Házmelo muy despacito.

¿Cómo desobedecer a una estatua? Resbalo por su cuerpo, me postro ante ella, pillado en su tijera, y le bajo las bragas amorosas hasta la altura que tuvieron los castillos para ser tomados: la mitad del muslo. Me mira desde lo alto, enmarcado el rostro por la melena, la mirada…, esa mirada suya con un sonámbulo propósito…, dulcemente.

He vivido sin saber cómo se hacía hasta llegar a este punto en que la belleza está en lo casi incomprensible.

Su lengua como kiwi.

Sus pechos como fruta
villana
.
Yo os bautizo «lychees»
por su color y sabor
.
Deshaceos contra mi paladar,
tan junto al cielo y a la úvula
hasta que mi boca olvide
la literatura que la contamina
.

Y de sus pechos a su ombligo, «caverna de Platón», donde mi lengua, familiarizada con las sombras que exagera un gran fuego, divulga la ciencia de las apariencias.

Yo te bendigo.

Crica, palabrota, rebautízote (doblégate)
«Un kilo y medio de dulce de membrillo»,
«Panal de miel silvestre»
que el oso, juguetón, lame
y le da la vuelta con la pata,
en procura de ángulo, deleite y alimento
.
Yo te bendigo
.

Hice que girara para bautizar sus nalgas de mousse de yogur.

Seas bendito, mapamundi, culo;
y hurgo en la zanja con trabajo físico
de la nariz de jardinero que tantea
a la soberbia entrada de su ano
.
«Champiñón ojo del espíritu»,
yo te bendigo
.
«Roseta de Remedios»
de la que mi lengua es vasalla
con ósculo de negra amistad
(katafileō).
Florón del refectorio de los monjes
.
Yo te bendigo
.
Basurero que del cuerpo se reputa
.
Yo te bendigo
.

Y otra vez Leonarda la que nos legó Lorca el más brujesco se echa en la cama, abierta de piernas como la cabeza de Abel. Difícilmente una asociación fuere más atractiva con el cuadro de Courbet que escandalizó a su época al mostrar en esa puerta de mujer el origen del mundo.

Se inició una voluta de esquiva masturbación semejante a un asolearse en círculos del dedo por la vieja medina de Casablanca.

Ella guiaba con su mano mi dedo gamberro.

Intenté besarla, pero sólo pude darle una clase de besos con distancia; en esas ocasiones uno tiene la sensación de besar, no exactamente un cadáver sino una máscara congoleña que lo mira a uno mientras que ella se ha recogido en su guarida, donde no se entra o tal vez solamente el que la ame.

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Flérida, para mí dulce y sabrosa / más que la fruta del cercado ajeno… <<Garcilaso de la Vega, “Égloga III” (habla el pastor Tirreno)

ASUNTO: [ninguno]
FECHA: sáb 10 MAY 2003

Cuando concluyes «con la misma indiferencia que siento por ti», te equivocas. Nunca me fuiste indiferente. Eres la digna compañera de Petrarquita, pero no su musa, porque ya te dije que no es una mata que crece por sí sola, ni un andrajo que viene zurcido.

Los otros de la tertulia se quedaron veleidosamente tamañitos y horrorizados anoche con lo que escribiste y me miraron como diciéndome «A ver qué contestas a eso». Les falta el diapasón para distinguir la nota sutil, pero falsa, que suele colarse entre la verdadera tragedia y el temor de perder lo que se tenía por seguro porque el amor otorga derechos. A mí tus imágenes necrológicas no me hacen mella. Estuve algunas veces en el infierno «con Dios de mi parte», como me conmueves pensándolo, y un salvoconducto.

Me ofendes.

Si me quieres cortar la cabeza, córtamela a mí, mírame a mí cuando me la cortes, no a una sombra de aquéllos a quienes en realidad se la quieres cortar. «Ya no soy ni un nombre que conoces» si es a esa sombra que llamas Jorge a la que conocías; desde luego, a ése yo tampoco lo conozco.

Eres un proyectil descansando sobre la mesilla de noche.

Búscate otro revólver que te dispare, nena. El mío lo cargo con mis propias balas de plata para matar perros. Perros de amos, no lobos, que entre ellos tengo conocidos.

ASUNTO: Rhea Silvia bien vale una misa… negra
FECHA: martes 27  18.00

Estos poemas no están solamente inspirados por ti. Son auténticamente tuyos. Al revés de aquellos primeros versos que, según contó Petrarquita en la tertulia, habías escrito para mí, éstos no están escritos para castigar a uno y vengarte de otra. No me he desahogado de nada, usándote de inodoro o salivadera.

Me he excitado horriblemente, deliciosamente, mientras los componía y he tenido que desfogarme a la vieja usanza, utilizando las dos manos. Por supuesto, en mi imaginación te he tenido afiebrada, con los labios secos, junto a mí para colaborar…, y entonces con la mano libre hacía otras cosas.

A cada poema lo ha antecedido o sucedido un rito delicioso.

Ni Merche ni rosa fría se han vertido en mi fantasía así como tú, en forma de cucharada, y en mi vida recuerdo nada semejante. Los versos me salen casi sin pensar, poco tengo que hacer para mejorarlos y creo que te demuestran con creces que nunca me fuiste indiferente. Después de rascar los caracteres superficiales superpuestos, has aflorado como aflora en un palimpsesto la escritura profunda, la que importa. Te llevaba hundida, clavada en la imaginación desde la primera vez que te vi, vestida como la Dolorosa, en las catacumbas bajo el Pilar.

No lo sabía, mi hermosa.

Petrarquita te ha cantado, pero no te ha visto.

Te ha hecho madre, pero no sabe que eres mujer.

Te ha tragado sin saborearte y te tiene en un tarro en la alacena como una mermelada en conserva.

Yo te he visto, te veo cuajada tras el bozal de la monja y quiero que nazcas, que florezcas y te derritas entre mis dedos.

Esto sí es peligroso y no arañar tu imagen en el río.

Llámame sirena si quieres.

ASUNTO: Morirse por dibujarte
FECHA: dom 31 AGO  23.03

Con un travesaño donde hay un clavo de donde cuelga mi alma baja, herido y señalado por los poemas que ayer trajo, me leyó y me dejó Petrarquita me dejó nocaut, quiero participar, meteco e intruso, de algún modo, en tu destino literario, que miras de lado. No es mucho, pero no quiero escribirte más para no enloquecer. El cronista en cuya jurisdicción caigo por sello de la naturaleza dejará registrado que de la noche que estás atravesando, producida, según mandato de tu incertidumbre, por la luz del Gancho Destripahogares*, del polvo y el capullo del matrimonio, acaso nacerás, mariposa.

Deslúmbranos, tú que puedes.

_____
* Suma de dos apodos restringidos de rosa fría, el primero de Rhea Silvia y el segundo mío.

DE: Rhea Silvia
ASUNTO: Internet ejerce censura
FECHA: Fri, 05 Sep 2003  09:02:34

Paz y bien.

Internet explorer no me permite abrir el documento.

ASUNTO: Vuelta en redondo, recoger las redes y echarlas de nuevo
FECHA: viernes 5  17.42

No te preocupes, Campanilla de Plata, que te lo transcribo directamente en la pizarrita electrónica. El procedimiento de archivo adjunto era sólo por virguería, para darle un formato y que pasaran sanas y salvas las cursivas. Rutina del oficio y vulgaridad, si se explica, Vuesarced me disculpe (incluso por el metaplasmo).

¿Cómo explicarte, expresarte la enciclopedia de emociones que oculta el verdadero objeto de la angustia la mente que viaja y tributa a tus intenciones secretas, sentada, ansiosa, en el cibercafé de la estación y mi oído de mono que perece a tu risita al ver tu nombre copiado en la pantalla?

ASUNTO: Para el dolor, paracetamol
FECHA: Wed, 01 Oct 2003  08:12:07

Espejo de la madrastra y pócima de lo otro:

¿Tendrías a bien proporcionarme la dirección de Alberto* (judío entre Herodes y Pilatos)? ¿Con qué nombre te conoce?

El hada azul condenó a Pinocho a la mortalidad; ¿no le bastaba con fastidiar a los ratones y a la calabaza?

No me ha llegado tu mensaje.

_____
* Alberto Dreizzen es un profesor de historia del arte que conocí el día que me iba del monasterio cisterciense de Azul, en la provincia de Buenos Aires. Se encontraba atrapado entre dos mujeres al igual que yo y estuvimos hablando de la trampa por excelencia. Al regresar a España y contárselo a Rhea Silvia, quiso cartearse con él sin perder tiempo. Era la época en que, debido a la incertidumbre por la
quantité de bonheur depositada en la indulgencia a las fugas de Petrarquita a Barcelona, atosigaba por teléfono y le escribía a cualquiera.

ASUNTO: En tanto la vaca piensa, yo la miro y rumio
FECHA: jueves 2  12.24

Me quedé madurando, así como haces tú que se te ve el satélite dándote la vuelta alrededor de uno de tus rizos, eso que me llamas y cómo me describes, ergo, en cómo me ves y lo que soy para ti.

«Espejo de la madrastra» casa a las mil maravillas con lo que dijiste por teléfono, ahora lo comprendo, que tarde o temprano volvería a encontrarme con la que ya sabes, yo la llamaría cosa que viene en carreta y puedo entretenerme olvidándola o sería ella quien lo hiciere.

Lo hará cuando necesite un cuento.

O sea, un cuento que cuenta un cuentero. Porque, ¿qué hacía el espejo de la madrastra de Blancogancho o Gancho Frío? (Lee Gancho Frío y no seas mal pensada, no leas Pavofrío.) Pues, le decía con megáfono que era la más hermosa, que no había otra en la tierra, etc. ¿Es lo que hago yo contigo? ¿Te anestesio? ¿Te digo patrañas? Ten en cuenta que también le dijo la verdad y que fue por el espejito que Blancogancho se enteró de que su madrastra sufría por su belleza que creía superior de un modo que atenta a la cordura.

En fin, que recelo de tu ingenuidad, esa que te lleva a perder con la que te debilita convenciéndote de que te ha castigado a pena de soledad, galeota mía, y es la causa de tu desgracia, y absorbo pero que muy bien tu garapullo de espléndida mala baba. Es lo que con tanto trabajo ocultas y lo que me convida a buscarte en la sombra del jardín.

Insinúate, trastórname, tírame besos absortos, que Petrarquita una vez me explicó que consisten en concentrar todo el vía crucis erótico en un punto y, sin moverse, empalmado como un judoka y echando jugos, quedar pegados por los labios, boca abajo como un murciélago vivaracho.

Tienes que dar más juego. Haz algo. Estoy llevando yo solo el peso de esta gran necedad.

ASUNTO: Cuidado
FECHA: Thu, 02 Oct 2003  17:50:28

Barbazul de musanza:

Si pretendes hacerme daño te advierto que te equivocas, el daño me lo causo yo solita.

Ni me nombres al petrarquita ni a la santa compaña. Como siempre das en la negra sangre.

Piensa lo que quieras.

ASUNTO: Abres el correo y te reprenden como a un niño. (Y…, lo serás,
como dice ella.)
FECHA: jueves 2  21.58

Leona:

Entre ayer y hoy te escribí como cinco mensajes que debieron llegarte por dos vías, mis dos cabeceras, la informal y la formal, y sólo te irritó uno, sólo respondiste uno. El más juguetón.

¡Qué bólido de furor mitológico! ¡Cuánta nicotina de revancha frenada en declive te debes estar fumando para que un pellizco «de ná» te haga brotar otro verbo no se me ocurre de tu modestia habitual, plantarte frente a mí, cara a cara, a la distancia y fulminarme sin énfasis! Parecías una de las Erinias o una de las Danaides. Mejor hallarse en el extranjero el día que te casabas (y yo estaba).

Fui al locutorio a todo meter, pero vuestro teléfono estuvo comunicando largo rato y me volví a casa. Mañana, con la fresca, te llamaré. Necesito un abogado que me asista en deshacer los malentendidos que siembro. No te habrás tomado al pie de la letra lo del espejito y la noción superior de belleza, etc., ¿no? Todo era alegórico y se refería al espejito de la madrastra de la Blancanieves de los hermanos Grimm. ¿No viste que hacía un juego de palabras? No habrás pensado que le fui a contar a la que ya sabes que tú sufrías pensando que ella era más bella, ¿verdad? Porque ESO SÍ QUE NO ES CIERTO Y SABES QUE ES ABSURDO Y NUNCA LO HE PENSADO. ¿Leíste El jardín del cero que nos inunda?* Te lo mandé en archivo adjunto con la cabecera de <alasdairmor>. Ésa es la mejor prueba.

¿Negra sangre? ¡Pero si yo no quiero hacerte daño!…, a menos que hacerte daño signifique cortejarte y corromperte o que lo hagas tú conmigo.

Desde luego…

_____
*
Véase en la categoría CORRESPONDENCIA (diciembre 26, 2011) el mensaje con otro título (¡Está muy obscuro este sótano! ¡Y qué mal huele la galaxia!) enviado a Nélida Quintero el miércoles 1 de octubre de 2003.

ASUNTO: ¿Eres el niño de inteligencia artificial?
FECHA: Fri, 03 Oct 2003  08:05:28

Rayo de escaso voltaje:

La ingeniería biológica cada vez está más desarrollada: vacunas antivirus, retrovirus, antitoxinas… Te asombraría saber lo que tengo en el botiquín de mi casa. También hay pócimas y ungüentos.

Disfrutas enfrentándome al sino, pero querido, ya ha empezado la campaña de vacunación.

ASUNTO: No hagas que sienta pena cuando lo que sentía
era entusiasmo…
FECHA: viernes 3  14.15

Gracias por lo de «querido», aunque me lo digas impostando la voz de gunman, a lo Jack Palance en Raíces profundas cuando lo reta a Torrey para matarlo a mansalva, “an easy target for legal murder”.

Pero recapitulando, ¿recibiste todos los mensajes y leíste muy especialmente el que te nombré?

Hoy te llamé por teléfono dos veces, a las 12.30 y a las 13.25 y no estabas. Acabo de volver del locutorio y me saca la lengua tu mensaje, chirriante mantequilla en la sartén. Qué, ¿vamos a jugar a esto? Yo «disfruto enfrentándote con tu sino» y tú… ¿con qué disfrutas?

Re: No hagas que sienta pena cuando lo que sentía era entusiasmo…
FECHA: Fri, 03 Oct 2003  14:59:59

Disfruto con el chocolate.

Tu mensaje lo disfrutaré este fin de semana.

Re: No hagas que sienta pena cuando lo que sentía era entusiasmo…
FECHA: Mon, 06 Oct 2003  08:08:56

¿hay alguien?

ASUNTO: ¿No es sarcasmo cobardía?
FECHA: martes 7 20.19; martes 21  20.16

Que lo que une la promesa del placer, el malentendido que se enzaina, se hace traidor, no lo separe.

Ayer te dije por teléfono que la barata o canje de sarcasmos era una esgrima calculada, áulica, un deporte de palacio que practicaban los cortesanos en el Renacimiento ocioso. Ya caté, en persona y por escrito, que eres un temperamento volcado al sarcasmo, que no tienes la lengua mellada y que te gusta salir de tu escondrijo y dar tu mordisco cáustico sin que haga falta ir a buscarte. Por lo que a mi negrura respecta, soy un prisionero luterano que niega que en la misa se sacrifique nada a menos que tu olor llegue de pronto, un consejero avezado a estas lides con la traza del Mr. Hyde de John Barrymore, el de 1920, no el de Fleming que hacía Spencer Tracy, un príncipe del Renacimiento que no ejerce.

No debemos jurar verdad sobre que servimos para esto y decirla, en cambio, que es adivinar antes de hacerlo que demostrar al otro que lo sabemos hacer es perder el tiempo, ¿no crees?

Quizá te tenga admirada o confusa el pensar que disfruto «enfrentándote con tu sino» o «dando siempre en la negra sangre» (2 de octubre); pero si cojo las reliquias de tu dolor es sólo para besarlas y encontrar la ilación, las consecuencias que se sacan de los actos, que me lleve como la corriente de un río hasta una proximidad en la que sea milagroso y posible que las palabras quebranten la ley común de la identidad y te hagan caer en la ilegalidad de ser otra, a la espera de que la ilación, el collar de argumentos, se conturbe y convierta en collar físico de tacto y peso.

Es por el «desatino», título que diste a la situación en tu tratado de dendrografía aquella noche en las tinieblas del jardín, un desatino al que le tienen alergia los sarcasmos y por eso se defienden, que no quisiera luchar contigo en el jueguecito que conocemos muy bien y que se reduce a tentarnos y huir uno del otro, sarcásticamente.

No quiero luchar contigo si luchar significa cruzar nuestros aceros y agotarnos, confiando en que sea la cultura la que nos devuelva el juicio. Si vamos a luchar, si la llama que levanta esta pólvora se debilita por la distancia que siempre habrá de Zaragoza a aquí y se disocia en la rutina de no vernos. Que la mente lo junte y que la mente amanezca todo borrasca hasta que nos veamos, de substancias putrefactas y estercóreas jofaina la mente, para que cuando volvamos a vernos sea una lucha

CUERPO A CUERPO.

Ninguno nos lo podrá decir mejor que los dedos. Yo disfruto tocándote, soñando en la tensión del lazo del acróbata llamado «estafa» y en la abertura de arriba abajo de que te toco, te beso, grisú, y me tocas, estás sobre mí y haces colgar una de tus peritas saladas sobre mi boca que sufre una explosión.

La punta no…, no, espera, no, la puntita no que es para la niña. Por el cabillo granate, acuoso volcán de leche, por el bonete que ansía tu boca payasa, mana la vida de Leonor, ¿mmmhhh? Puedes lamer lo demás… hasta la axila.

Y mientras te mueves como la enfermedad en una casa y te avienes a que revoloteen sobre mí tus constelaciones:

Te mueres por alcanzar siquiera una, ¿eh?

Con la hermosa carga sobre mi pecho, ¿cómo escapar de tus ojos?

Conmigo no escribirás ningún libro creo recordar que me dices. Yo no estoy para llenar papel; conmigo escribirás poco. Escribirás tu testamento.

Yo…, a mí…, ¿qué me queda por hacer?

Hipotecar tu fantasía.
¿No es sarcasmo cobardía?

ASUNTO: «Con el veneno sobre mi piel, / frente a las sombras de la pared» (Luz Casal)
FECHA: miércoles 8  13.44

Até una pihuela al adorno ayer como se hacía a la pata de los halcones,
para que no me volase con la retórica,
pero… cómo…,
buscando petróleo en tus ojos, cegatón con tu boca.

tu egipán bisulco, tu toro luego de hecha su suerte en el chiquero,
triscando,
hocicando en tu pubis como ensalada

ASUNTO: [ninguno]
FECHA: Tue, 14 Oct 2003  08:54:18

Por la noche dejo los pendientes de esposa Arnolfini en la mesilla.

ASUNTO: Para atravesar su corazón con una estaca
FECHA: martes 14  17.10

…y yo entro a vuestro dormitorio, y me siento en el suelo, y los miro, sobre la mesilla, y como Robert Forster miraba a Elizabeth Taylor en Reflejos en un ojo dorado, miro cómo duermes, rendida de hacer la víctima y la madre; y ora te das la vuelta hacia un lado, ora hacia el otro, y tu sangre se retuerce con tu aliento, y tu aliento se retuerce con tu cuerpo, cometa que hace arder la madrugada.

ASUNTO: [ninguno]
FECHA: Thu, 16 Oct 2003  09:21:28

Según Francisco de Sales (1567-1622): «Tanto en el pasado como en el presente, era y es costumbre entre las mujeres colocarse perlas en las orejas por el placer causado cuando las perlas tocan la piel al moverse».

ASUNTO: ¿Y eso lo sabía por obispo, porque se lo dijo una gata ginebrina,
o por santo, porque se lo dijo usted?
FECHA: jueves 16  13.04

La esposa Arnolfini estaba grávida en el cuadro. Ten cuidado, no te nazca una perla que no puedas llevar en la oreja.

ASUNTO: numen ¿casto? convocado por el cuadro de Delacroix
FECHA: miércoles 22  20.03

Has visto el cuadro de Delacroix y me has rezado como a Sardanápalo.

A fe que si me fuere dado rodearme de mujeres, no las arrojara a ellas, mis caballos y mis muebles a una hoguera en el patio. En la hoguera de sus carnes delicadas hallaría yo mi muerte, que no hay virtud mayor que le pegue a un sátrapa vicioso que huir en el humo de un beso mientras la ciudad, invadida por medos y caldeos, es enterrada con su fama.

Has echado mano de mí para tu encanto, ¡dueña!, ¡dueña! Y puesto que a esa discreción con la que admiras una pintura es a la que hago responsable de traerme y ponerme como estoy, y te quedas floja y me lo cuentas tibia, yo te tomo el pulso y me caliento por los dos. Si una vez probara, ¿quién habría de mostrarme sino tú el fondo del embudo del pecado?

Pecar.

No hay cosa que menos cueste que decir «pecar», cuando con imaginación, que es la moneda, yo te pago.

Estás, doblado el tronco sobre el cubrecama; extraña justicia te hace la postura muy cerca de un rey acorralado*. Bajo el dosel la favorita.

La espalda criminal en su blancura.
El líquido cabello en su ternura
.

¡Ah, Dios fuere servido de depararme el refluir hacia ti, arrodillado en la colcha, separarte el cabello sin volverte a la realidad del todo, rasgarte la nuca como tela de damasco!

Más despacio. Así.

Por sobre un hombro, miras, apruebas, no podría ser peor.

¡Hummm…!, qué bueno. Todo está bueno.

_____
* Según la historia, fue Saosdukin, primogénito de Assarhaddon y nieto de Sennaquerib, y, por lo tanto, hermano de Assurbanipal (Sardanápalo para los cronistas griegos), quien, sitiado en su capital, se suicidó en el incendio de su palacio.

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¿No puedo ser un personaje de ensueño? ¿No puede alguien completar la otra mitad de mi existencia? ¿No merezco cruzar la otra frontera de la Literatura Española y verlo todo desde dentro, donde las habas se cuecen y los renglones se mascan? Otro modo no conozco, y vive Dios que me impaciento, de llegar al balcón de Ana Ozores para echarle un guijarrito, ella durmiendo. <<Carles Álvarez Garriga, “Una mascarilla para Javi” (11-18 julio 2002)

PARA: Guillermo Emilio García Fabués, el Yacaré*

Barcelona, lunes 23 de octubre de 1978

Pareciera, y esto no sé si es objeto de incógnita o de una fundamental y mutua incomprensión que daña el pacto comunicativo desde que se inició, que nuestras cartas no pueden substraerse a sufrir el tacaño destino de un preámbulo de explicaciones y aclaraciones interminables. Lo único que queda en limpio al cabo de la lectura de una de tus cartas y, supongo, de una de las mías, es que se ha tenido que posponer una vez más la actualidad de la hora que vivimos para hacer un escolio de un pasaje que interpretáramos mal o para volver a una melodía, de la cual se ha retenido con exceso la letra. Me pregunto cuánto habrá en esto de candongueo y de esgrima, y también de hábito profesional, pues antes que novelistas desarrollando un proyecto expositivo sin concesión alguna a ideas parásitas, somos comentaristas.

¿No te parece que tendríamos que encontrar, los dos, una solución intermedia o, ciñéndome a lo expresado por vos mismo, poner un punto final que, aunque no lleva inscripto en su naturaleza el ser una solución, ha constituido a lo largo de la historia la única alternativa que les quedaba a los que se rompieron el bautismo buscando una?

Hacemos una rectificación de postura sobre una aclaración que se consideró imprescindible, lo cual es motor de nuevas aclaraciones; el que aclaró anteriormente se siente picado en su sensibilidad y llamado a rectificar nuevamente su postura, y ya no sé cómo entender esto, sino como un ajedrez de enfermos en el que se comen las piezas persiguiendo el propósito, no de un triunfo y rendición finales, más bien de un resultado a tablas. Todo se hace en nombre de la «salud de la comunicación», la que, hasta ahora, no ha tenido tiempo de reponerse de una gripe que ya ha cogido otra, la pobre. Por eso te pido, paso previo a hacer una última aclaración, que salvemos este «intercambio» siempre en potencia como la crisálida, apelando a los vínculos (los que hubo y hayan quedado) que en el pasado nos unieron y a los que seguimos invocando para nuestra unión del presente.

No quiero ser la piedra de escándalo en todo este asunto, pero a la prohibición drástica, no exenta de afecto, hecha pública en tu carta-decreto, de hablar «plañideramente» de quien ya sabemos me siento tentado de hacer unas acotaciones, motivadas, si no por el adverbio, justificado quizá por mis ramblazos líricos, por ciertas cosas que no he terminado de comprender del todo, tal vez porque sólo parte de ellas se comprende.

Que el recuerdo de Aquel que Estuvo entre Nosotros** no tenga el más mínimo interés ni tan siquiera arqueológico para vos; que rechaces el ser considerado su camarada junto conmigo por pocas aunque muy vociferadas razones, son decisiones nacidas del gusto o disgusto personal, y para tu alivio me abstengo de decir nada, que ya sabe uno cómo se cuece su ajo.

Pero lo que quisiera saber es cómo se te ocurrió lo de «bicho raro», si fue una deducción por ciencia infusa, o si siempre lo pensaste y no se lo dijiste nunca. Ahora resulta que es el tema ideal de conversación entre gente que estudia humanidades y se reúne a conversar de lo que ha estudiado; cuanto más esnob, mejor. A ver, ilustráme, ¿como había en la casa de tus amigas la última vez que nos vimos? ¿Cómo ha llegado a pasar? Pues si hubo un enemigo de la conversación como recurso desesperado, fue él, iniciativa encarnada para CUANDO NO HAY DE QUÉ HABLAR y sólo resta matar a patadas a todos los imbéciles que estaban aquella noche en el departamento de las dos gordas. No lo entiendo. ¿Por qué no se lo dijiste en los días preliminares al 25 de mayo del 73, ¡qué penosa la memoria en estos casos!, cuando estábamos reunidos todos en [el piso de la calle] Ecuador, para que se fuese cuidando, digo? ¿Por qué callar? ¿Por qué no decir las cosas de frente? ¿Y qué dirás de mí?

Si he hablado tanto de él y he vuelto sobre su carne ya podrida igual que un buitre, fue, más allá del disparate lúcido de su muerte y de la catástrofe de perder a un amigo, para tratar de arrebatar ese misterio de la obscuridad y singularidad del desafuero aparente por medio de la repetición, la evocación o lo que se pudiera, y abarcar, a través de él como de una lente telescópica, la tragedia de la juventud sudamericana.

A un año de estar en Europa y de convivir en cuartos alquilados con jóvenes que estaban veinte veces más desencantados de la vida que todos nosotros, y luego de haber visto otras ciudades de América del Sur Rio de Janeiro, Santos, creo firmemente que lo que pasó SÓLO PUDO SUCEDER ALLÁ donde morir es vivir un poco.

Pues lo que le pasó a él como persona fue sólo un eco proyectivo de lo que sucedería más tarde con el sesenta por ciento de su generación, entendiendo esto como una afinidad de la tragedia con la edad y el grado de pasión de los actores, como una comunión irracional en el suplicio.

Ignoro si te das cuenta de ello, o si percatarte ya no tiene ninguna importancia porque has decidido hundirte con el barco, chapoteando como estás en ese barro patrioticosentimental, deudo político y abanderado de la alienación totalmente aceptada por el héroe.

¿Debería llamarte bicho raro? No quisiera robarle el derecho al sentido común, lo único que abunda en reuniones de gente sofisticada. Desgraciadamente comprendo, y no llamo bicho raro a lo que no tiene nada de bicho, habiendo perdido lo que tenía de raro.

Nos hemos mudado; es la sexta vez desde que estamos en Barcelona. La nueva dirección figura en el remitente. «Pral.» es la abreviatura de «principal», el piso que sigue en algunos edificios al «entresuelo» y que en otros precede al segundo. Equivale, en líneas generales, a un primer piso. El período inicial de los cuartos subalquilados, que corresponde a la lucha por la estabilidad laboral de la cual te hablé en otra carta, ha tocado a su fin, aparentemente. Pero como no nos dejan descansar, nos ha caído una convocatoria de regularización con su correspondiente plazo de amnistía, y hemos tenido que formar cola delante de las comisarías en una gesta a la que habrá de aludirse como a la del «gran plantón». Para venir ahora a España se precisa visado consular, ni más ni menos que lo que ocurre con otros países europeos.

Le escribí a Clara*** para informarle de nuestra nueva dirección, pero no ha contestado. La única y lastimera carta que recibimos de ella, pienso que única en mucho tiempo, es un lugar común en medio de todo lo que hemos reflexionado. Está más expuesta que vos, sin tu caparazón de un centímetro y medio de espesor. El suyo me parece un martirio, del cual todos los que la quisieron son un poco responsables, aun considerando que el propio involucrado pueda serlo de su propia suerte en un sitio donde la irresponsabilidad es tan vital como el aire.

Hemos sido testigos de las últimas olas inmigratorias del siglo y visto cerrar la puerta de la esclusa. Siento que es esta experiencia lo irremediable entre nosotros, aunque me gustaría que me refutaras.

[FIRMA]

P. D. Las posibilidades de editar son aquí casi tan nulas como en Buenos Aires, con la diferencia de que en Barcelona la nulidad afecta mayormente a las obras de más de doscientas páginas promedio. Las editoriales de escasa envergadura Tusquets, por ejemplo eluden la «aventura del autor desconocido» porque precisan de un aparato publicitario cuya ausencia perjudicaría, en primer lugar, al autor. Siendo éste novel y jugando la baza de una sola gran obra (hablo de las nuestras, que han llevado años de trabajo y reúnen una postura integral frente al cosmos), no podría jugar dos veces la carta del lanzamiento. Las editoriales grandes como Planeta y Grijalbo van a lo seguro: bestsellers que se compran a tanto la docena en su país de origen, que el lector medio ha aprendido a reconocer y a preferir frente a productos más complicados, norteamericanos, en lo posible. Pero de cualquier manera, late lo inesperado. ¿Qué pasó con tu novela? ¿Cuánto te falta? ¿Por qué se demoró tanto? Sigo en mis trece que no te podés ocupar plenamente de ella. Que Andreola cuide del Banco, y tu socio, el Planetario o el Astroboy, del bufete. El valor de la gestión personal es el único que te puede asegurar el que lo inesperado se conserve latente. Valga como última arenga; nunca me gustó, pero al fin resulta ser lo que mejor hago.

_____
* Actualmente abogado próspero, era militante peronista de izquierdas en los años setenta cuando lo llevé a él y a su novia de entonces Clarita
hoy jueza a que conocieran a los onironautas.

** Carlos Rivarola.

*** Clara María Do Pico Mai.

[POSTAL ENVIADA PARA LAS FIESTAS]

Barcelona, 14 XII 78.

Tantas veces que nos pidieron un último esfuerzo (en competiciones infantiles, en los exámenes de marzo) para conseguir un trofeo que iba a parar a un baúl o para demostrarle una fortaleza pasajera al padre de turno el impostor que recibe de chiripa el amor destinado al padre verdadero y nunca fue el último ni sirvió para nada, excepto ahora. ¡Amigo mío, has salvado el vínculo! Tu carta tiene una fresca hondura inesperada; te veo inclinado, con carácter testimonial, sacrificando esos límites que son los cacareados por la publicidad en televisión, esa distancia jurisprudente, y siento el roce de tu hombro. Cuando hablan las profesiones liberales, rompiendo como un grano la superficialidad de la circunspección que se cree es su índole, dan las mejores fulguraciones de malestar del médico Frantz Fanon, del pianista Michaux, del político Martí. Es la más sentida que me has escrito. Recojo la advertencia de que caerá un manto de piadoso silencio sobre ciertos tópicos y te pido mil perdones: el aire puro es el nuevo amor que hace olvidar el desaire.

Te voy a enviar para estas Fiestas una tarjeta en que aparezco haciendo de las mías; se ve cómo he cambiado y lo malito de mi aspecto. La bandada de moscas coloradas que vuela en torno de los molinos no es otra, y tu buen juicio estará de acuerdo, que corazones; yo voy persiguiendo uno, que de tanto en tanto, y la experiencia así lo indica, hay que detonar en las vecindades del amigo que se hace demasiado el sota.

Hubo que prenderle una mecha al corazón
y hacerlo explotar junto al oído
de un yacaré que se había endurecido
de tanto llevar caparazón
.

¡Alegría, mi viejo, y que encuentres casa!

Tu camarada de la ribera barrosa,

[FIRMA]

ASUNTO: ¡Empieza el rock and roll!…
FECHA: miércoles 3 de septiembre de 2003  15.24

…que dicen los comandos de Scott McCoy (Chuck Norris) en Delta Force antes de lanzarse ametrallando por la panza del Hércules C-130.

Extraña clase de insecto el final, empezamos por él, lo clavamos a la cartulina; sin palabras para describirla, me coloco en la desembocadura, en donde me hallo ahora: existencia ocre y con la mente en la proximidad del ocaso por la obsesión de Rhea Silvia, la mujer legal o sea, la esposa de Petrarquita.

Te los puedes imprimir en papel, pasar a CD-ROM, tragar, escupir o borrar después de leídos. De lo que de ningún modo quisiera privarme sería de removerte la inquietud de un bosque virgen y a la vez me gustaría que me dieras lo que me diste en el bar La Ópera* el martes 19 de agosto, única y última vez que nos encontramos y quedándote con gentileza hasta muy tarde: una crítica que me sumiera en un mar de confusiones.

Lamento la tardanza. Hay tardanzas que suelen ser premiadas en la ecografía.

_____
* Esquina de Corrientes y Callao.

Re: ¡Empieza el rock and roll!…
FECHA: Fri, 5 Sep 2003  20:50:01

Lo primero que se me aparece, antes incluso de lo primero, es tu 2do apellido que tenía olvidado. Aunque ahora recuerdo que en España se ponen ambos, creo que obligatoriamente en todos los casos.

Lo 2do son los puntos suspensivos luego de un título de por sí florido. Que comienza el rock tiene algo de alegoría de la hiperkinesia emocional en la que se te ve saludablemente envuelto y que trasmitís aun sin proponértelo, casi sin esfuerzo, inclusive a pesar de las propias palabras y de los versos. Los puntos suspensivos hacen que me sienta naturalmente inmerso en un relato a varias voces que para mí, en verdad, recién empieza con la lectura de tus textos, no obstante lo cual podía preveerlo [sic] y casi diría escuchar en fluir caótico de sus vientos. Y sin embargo, como conservo la calma en medio de los temporales ajenos, como me he vuelto todavía más receloso por si fuera poco de la representación literaria de los hechos (si bien advierto que no hay otra manera más clara de someterlos a la amistosa interlocución de quienes nos hemos formado y deformado en torno a la palabra) y como no puedo ignorar la potencia designativa de una prosa que compite con la potencia significativa de lo que escribe, tampoco puedo menos que volver a festejar esta marejada que te devuelve veintipico de años después no para recordarnos el ayer sino para participar el acontecer.

Eso así, y aclarado el detalle de que a pesar del doble apellido seguís siendo un solo tipo, quiero decirte que lo que llamás mi crítica, más que crítica fue un guiño, o una caricia. Un jubiloso reconocimiento de aquello que se te mueve en la espesura y se te instala junto a las palabras.

ASUNTO: Sigo con la serie…
FECHA: martes 9  14.33

…de atrás hacia delante.

Por cierto, ¿has abierto el archivo adjunto al prologuillo de Rhea Silvia del miércoles 3? En tu mensaje del viernes 5 no me dices nada. Atiende al espacio que queda por encima del largo casillero rectangular con la leyenda «Agregar/Modificar datos adjuntos», ponte allí con el ratón (mouse), haz un click y descárgatelo. Y otra cosa. ¿Recibiste los dos diálogos procaces con el último mensaje que te envié? Tampoco me dices nada. Dame un toque de recibí, por ej., «LO TENGO TODO».

A lo que iba. Este que vas a abrir ahora es un minicancionero que le dediqué a Merche, de quien te hablé también en el bar La Ópera aquella noche aluvial, «mudada la color por mi hipercinesia emocional», como has acudido a definirla. Se trata de una muchacha de Zaragoza, 36 años, en sazón, que hay que detenerse, estirar el brazo con pereza y tirar del árbol donde la fruta se está pasando, parecida a la Fornarina, la modelo de Rafael Sanzio. Es amiga de Petrarquita y Rhea Silvia, puesto que los tres viven en la capital de Aragón, y tiene una pequeña fábrica de objetos de alabastro. Vive de eso, vende las placas y apliques para los edificios que se construyen. Silvia la estuvo ayudando un tiempo en las tareas administrativas de la fábrica.

Los cuatro poemas se los escribí mientras estaba enredado nunca mejor dicho en la telaraña de rosa fría y me sentía un cruzado, un paladín de la Belleza. Íbamos a ser consagrados con Petrarquita el sábado 31 de mayo caballeros de la orden ecuestre de la Rosa Fría Extraña Flor de Hielo en la Pared de un Acantilado, en el curso de una ceremonia en un bosque del Montseny, un monte que hay a media hora de aquí, y yo lo hice rodar todo al carajo.

Puedes considerar el ciclo de Merche la Fornarina como bisagra entre el de rosa fría y la «pasión malsana» por Rhea Silvia.

Una porcelana de Sèvres. Minón.

Re: Sigo con la serie…
FECHA: Tue, 9 Sep 2003  20:33:58

J- – -:

Dos o tres cosas rápidas. Recibí y leí con deleite los diálogos procaces.

Los prologuillos y algunos textos, por lo general prosados, donde la hiperkinesia emocional te campea libre de las riendas del poema, constituyen para mí lo más sabroso de tus envíos. Y por último: que vos me bombardees como si mi correo estuviera en Dresde no cambia su naturaleza instrumental; esto es, que recibo tus mails en medio de múltiples comunicaciones de distinta especie y multitud de otras piezas más o menos leguleyas o aritméticas. O sea que mi capacidad de respuesta no es tan sistemática y exuberante como tu napalm.

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que sobre tu sepulcro / dobladas balanceen / sus espigados tallos / al soplo del nordeste. <<Gerardo Diego

Sant Feliu de Guíxols, 19-Barcelona, 28 de junio de 1981

Querida Jirafa (1):

Tenía en la cabeza el proyecto de escribirte desde hace mucho, un proyecto verdadero, tratándose de mí, que encaro la redacción de una carta por las diligencias de encumbramiento del puente sobre el río Kwai; pero es cierto lo que dice Cortázar en La vuelta al día en ochenta mundos de la actitud de sentarse a escribir «con los zapatos lustrados». A una escritora hay que escribirle de una manera especial, con citas mal combinadas y observaciones ingeniosas. Tal actitud no se hacía manifiesta en mí. Después, a medida que pasaba el tiempo, tiempo era precisamente lo que me faltaba aunque la actitud ya se hubiera presentado, dando excusas por su tardanza. ¿En qué momento iba a hacerlo? Hasta hace poco corregía los anuarios de Difusora Internacional en sus oficinas de Muntaner, de 10 a 2; los jueves hacía de secretario para Carlos Barral (trabajo que me pasó Nené), y una vez al mes corregía para EDHASA space operas de ciencia-ficción, de ésas de doscientas paginitas de mundos desconocidos (mejor que lo sigan siendo) y cosmonaves de feria de exposición que también amasan y rallan zanahoria, que han venido a suplantar las Wild West stories de colección Bisonte o Colorado, la del cacto verde y geométrico, que aunque nunca pasaron de leerse en los cuadriláteros de los Arena Boxing Clubs barriales y los vagones Mitsubishi del ferrocarril Sarmiento, eran más olorosas a sudor de caballo, zahones y persecución atasajada. ¿Cómo puede compararse un Brian Aldiss con Marcial Lafuente Estefanía, en cuyas historiolas historietas de moviola (?) siempre había un maderero? Sólo en lo que se repite está el motivo lancinante, ¿no? ¿o no?, y en el motivo la obsesión, y en la obsesión el tema central que retorna, desolador, y el mal sabor de boca inolvidable (ja, ja, agua para mi molino). Es el odio frustrado porque no tiene dónde morder, impotente porque antes de llegar al cielo le da la disnea, que te deja exánime, deslumbrado y con lágrimas quietísimas en los ojos, por no poder escribir algo distinto de lo que escribieron otros que ya están hechos miñangos, antes que nosotros, algo que no se haya pensado bajo el sol (estoy pensando, obviamente, en el pasaje bíblico del Eclesiastés, una insoportable afirmación de autosuficiencia del rey ecuánime). Quizá sea una extensión o desarrollo de lo que cree Barral, de que es el odio la fuerza hidráulica, cosa que ya pensaba yo, y Carlos (2) y tantos otros, aunque a él no le odien más que quienes envidian su frivolidad tan bien llevada.

Iba a escribirte después de la última vez que estuve con el Pingüino (3) (ya sé, ya sé que no te gusta que lo llame así, pero tú me lo prohibiste sólo en tu presencia, además él está de espaldas y no ve), ya estaba viviendo en Cadaqués, por la casa había pasado el ciclón Hermine que se había llevado mujer e hija, él tenía otra compañera y yo, que voy por la vida de míster Magoo, no supe cómo reaccionar y qué debía decir ante tantas novedades y trastruecos, le habré parecido cortito, me habrá visto estupefacto, que pensé «le voy a contar a Sara lo que pasa a ver si me aclara lo que es claro». Pero el buen sentido dilató la oportunidad hasta salirle canas, y la desactualización colocó en su lugar debido mi interés por la verdad del hecho, detrás del cual el bataclán aigrette de mis indiscreciones apreciarse puede, ¡pom, poroboron…! (ahora tú)…

Estamos en Sant Feliu de Guíxols, la ciudad de arriba de Tossa. Llegamos ayer, y como sabía que tendría esos días extrañamente largos, difusos e inactivos que se viven únicamente junto al mar, días de caminar hasta que te claman los juanetes, a la sirga de la consumición, helados, cacahuetes un promedio de un helado cada hora o cada dos horas, y en Palamós aceitunas por la repleta calle del mercado donde está el hostal en que Cervantes se hospedó en 1569 y cuelga el confalón de Palamós sobre la calzada estrecha (cuatro barras amarillas en campo zeneize, ja, ja), correría de almogávar parecida a la del Pingüino con las bebidas alcohólicas…, me traje unos papeles, dispuesto a escribirte. En estos sitios la cabeza se te pone como una calabaza algodonosa, las ideas te velan y ennoblecen la cara, como la paloma del cuadro de Magritte, te sientes en paz, abres la boca y eructas con un sonido confiado de descorchamiento navideño, hay tiempo para contar impresiones con lujo de detalles, estás relajado, no como en Barcelona, donde tu cerebro hace un latido aceitoso de nata de pantano, ha detonado y se ha expandido como los flejes de una cama en donde durmieron Nelly Beltrán y el Hombre Montaña, juntos o con prelación, es igual.

Fuimos caminando por el ensortijado Paseo Marítimo de San Elmo, que va subiendo por un costado de la bahía como un lacillo de arras nupciales hasta que la dejas atrás y puedes darte vuelta y admirarla a través del rígido follaje de espadas de los pinos que crecen en las laderas de los acantilados, de piñones negros como testículos, hasta donde termina, en el fondeadero de barcas pesqueras. En cada rinconera del paseo que sube, se levanta un hotel con muchas banderas y sillones, a cada cual más cuadrado y tonto. Bajamos por una escalerita de piedra y, con sumo cuidado, viendo donde se ponen las patitas porque estamos pasados de revoluciones en cuanto a equilibrio y gravedad, por los peñascos hasta la orilla, cortada de pronto sobre aguas pesadas, revueltas y añiles. Me he tendido un rato de bruces, malamente, sobre un antepecho que eriza sus pitones y caperuzas contra mi plexo, pagando gustoso con ruda moneda de incomodidad por ver la espuma abatanar las rocas, borrar en un rugido las colonias de urchillas que reaparecen paradójicamente incólumes y secas como huesos de albaricoques, tortazo tras tortazo. Después, he sacado los papeles del macuto, que era zurrón de piel con La Larga Carabina o morral con Bomba, el niño de la selva, y he comenzado esta carta que, seguramente, endiñaré con el coup de grâce en Barcelona. Nené ha desplegado su paraguas, para cobijarse del ardor de la calígine, figurándoseme que estamos en la época de La hija de Ryan o por lo menos viviendo la película. Me ha quitado el libro que he traído para leer, como siempre hace cuando estamos de ocio. Ella trae el suyo, que por razones desconcertantes la aburre, siendo que lo ha escogido tal vez calculando que la va a aburrir, y que no toca para irse de cabeza al mío, en este caso Sobre héroes y tumbas, de Sábato, que me llevé de Difusora en una reciente remodelación que hubo. Lo mismo pasó con El canto del verdugo, de Mailer, el año pasado en Calafell, obligándome a matar el hambre con La llave de cristal, de Hammett, que es como el engrudo que te hacen tomar para sacarte una radiografía de estómago.

Nunca había leído a Sábato: Uno y el Universo lo hojeé en el sesenta y nueve, El túnel empecé a leerlo como nos enseñaron en el colegio, desde la página de créditos, y después me fui saltando hojas, apretaba un montoncillo y hacía deslizar sobre él la yema del pulgar, no soportaba tanto psicoanálisis cifrado y cuneiforme.

Quería ver qué tenía esta novela (Sobre héroes y tumbas) que había sido como los resúmenes Lerú en los medios universitarios de Buenos Aires de mediados de los sesenta; Belgrano se puso de moda como Ibiza o San Francisco (¿habrá sido por las barrancas, ya que colinas no había, ni puente colgante?), se hablaba del «Informe sobre ciegos» como si fuere el código de Hammurabi y, según me relató Nené, formaba parte del automatismo de la época el despedirse con suma vaguedad diciéndole al otro «ya sabré cómo encontrarte», sentarse en las plazas con la cabeza sujeta por ambas manos, en actitud de generación con problemas, entrar en los bares y hacer llamadas telefónicas sin dar explicaciones, pasear por los barrios viejos con el espíritu de refinación folclórica con que Victor Hugo en Nuestra Señora de París provocó el resurgimiento de la arqueología, envolver en un tupido misterio tu forma de ganarte la vida y pernoctar en un chiribitil con una botella de ginebra de mesilla de noche en el West Side de Combate de los Pozos hasta el río. Viene y me presenta unos personajes, ¡que hay que ver! ¿Qué clase de Frankenstein es ese Martín Castillo, corrector de pruebas (¡!) de la Imprenta López?, ¿y esta Alejandra Vidal Olmos, que es una patricia que no necesitó ir al colegio para estudiar historia argentina porque ahora que veo, a nosotros nos enseñaban sus chismorreos de familia? ¿Quiénes son estos espantapájaros pseudointelectuales y que hablan con un lenguaje chabacano tan «representativo»? Ya que se mete tanto con el pintoresquismo de Arlt, con su debilidad romántica por lo fantástico y lo estrafalario, vamos, pura y simplemente el romanticismo de Arlt, y de cualquier romántico en quien la pasión sobrepuja el orden de las lecturas, las combina a lo que venga y saca de la «aplicación estudiosa» y de las prudentes aclaraciones del muy sensato Bassán sobre lo «pretencioso» y «apócrifo», ¡no vaya a descuidarse la «formidable tensión metafísica»!, un CABALLO AZUL QUE GALOPARA HACIA LA AURORA; ya que se mete tanto con su pintoresquismo, la casona de Barracas es pintoresca, y lo peor de todo, pintoresca sin ser genuina; el tío Bebe, el loco del clarinete, Sábato lo fue a desempeñar del montepío donde lo quemó Arlt (¿no podría personificarlo Osvaldo Terranova, así como personificó a Ergueta?); «apócrifo» es Martín, un personaje de quien Sábato nos dice que es un «ser insignificante» y que sin embargo no sólo escucha una larga digresión sobre literatura fantástica, sino que hace preguntas que le delatan como el entendido que calla por condescendencia sabia más que por humildad ignorante, efecto literario este último que Sábato quería producir. Un ser insignificante, ni escucha por mucho tiempo una perorata sobre una cuestión que no entiende y que le aburre y le hace doler la cabeza, ni da pie a que el suplicio se prolongue, y menos con preguntas significativas puesto que su propia condición se lo impide; lo que hace es desviar con frescachona incivilidad la conversación. Y si queremos un personaje «pretencioso», he aquí a Alejandra No pidas Peras al Olmo, que se cree tan mala como la hembra de tiburón de Lautréamont. Por favor. Que Inés, Carlos, Carlitos Aura, Jorge Dimas, Omar Serra, etc., eran argentinos; que la Salamandra, el Árcade, Cojeramando, el Cyborg, el Dásmodo del Cordón de Plata, etc., también eran argentinos, y nunca pretendieron ser malos «de verdad». Bien armados, bien situados en la ficción, donde se hace y deshace todo (no por nada el psicoanálisis no ha conseguido nunca grandes resultados), tenían bastante con querer cambiar el mundo, hacerse daño y no permitir que creciese esta mala hierba. Opongo con todas mis energías todo lo que era Inés, el defecto de presbicia con que se la veía, al que yo puse un nombre de guerra la Salamandra Tumultuaria, y la desmesura lírica con que ella se veía el Prioste de los Glicinófagos, su argentinidad apócrifa, su personaje de impostura, deseado y finalmente verdadero, una malvada filosófica, a lo poco que Sábato pretende que sea Alejandra: una tilinga histérica.

Siempre me queda la duda de que tipos como Sábato, cursis carracas milongueras, viejas carrozas del Partido, antiperonistas de la FUA, aunque guardando las distancias con Spruille Braden pues por algo ser dostoievskiano significa independencia de criterio en la crisis que afecta a nuestro tiempo o algo parecido, con una prosa en que bailan estrechamente Alberto Migré y Tita Merello, los dos chorreando agua porque los sorprendió la lluvia, y la oda infaltable a Lenin, a la defensa de Stalingrado y al buzón colorado, conocieran mujeres como Inés, y así es como pensaron en mujeres como Alejandra, que están bien para que las hagan en el cine Graciela Borges o en teleteatro Fernanda Mistral, esas señoras tan finas.

La idea que Sábato tiene del montaje dramático le viene del radioteatro, y buen ejemplo de ello es la secuencia con que arranca el libro, cuando se conocen los dos en Parque Lezama. Ella se le va acercando, naturalmente por detrás, para tomarlo de gallinita ciega (pon aquí la cortina musical de apertura del Teatro Palmolive del aire), mientras el alma del muchacho se agita y habla sola («Julio César Barton en los relatos» hace el resumen de lo sucedido, que es poquito porque la novela ha empezado a suceder y no sucederá gran cosa de todos modos), y usando una técnica, o mejor dicho, «poniendo en juego» una técnica de «buceo» psicológico, preguntas y reproches e infundada certidumbre de pobre basurita (el Daniel de Roger Pla, de Las brújulas muertas, demuestra esa condición de orfandad, «lepra azul del idealismo», la llamaba con más cortesía literaria Herrera y Reissig, en que se mezclan asco de la vida, desquiciamiento, facciones desencajadas, sin emplear para nada la palabra «excremento», y también el visco homosexual en la condición de desamparo es bosquejado por Arlt con más claridad tétrica que si lo hubiere hecho con las palabras cabales, en El juguete rabioso, cuando el compañero de cuarto de Silvio Astier, ¡y aquel detalle asqueroso de las ligas de goma!, en la mísera pensión, le muestra la foto del faquín, una secuencia lograda, es decir verdaderamente sucia), para dejar un «documento», sucumbe al encanto de frases tremendas del tipo «Vos y yo tenemos algo en común, algo muy importante», «…porque sos así es que necesito verte», «Pero te veré porque te necesito» y, ¡hala!, venga enrollarse con el cuento de hadas más clásico, la princesa en la cueva y el dragón que la guarda, y de allí en vuelo sin escalas a los «bichitos» que andan por el suelo, y las «hormiguitas» entre los «yuyitos» y otras «cositas». Cosas de viejo, abuelo, ñoño y parroquiano de un bar de Parque Chas, óptimo, de una bodega, él con zapatillas de paño y el guardabarreras de Coghlan con gorra de corderoy, siestero de sestear, con mostachos de delta amarillo de tanto vender uvas verdes, un rebusque que tuvo que se llamaba Beba con un hermano pelandrún de mote Garufa y madre caída en acción al pie de la plancha de un disgusto en la sien por un pagaré que el palangana firmó en bien camuflado garito, y la filosofía de pioneer de que al paí lo hicimo’ entre todo: ¡Musolino! (barrendero) Tu sei l’America! Y para acabar con el tema y con el viejo goruta, me meto en el terreno resbaladizo e indigno de un artista, etc., de la furia fría y denigrativa.

Siempre hay escritores que se van y escritores que se quedan. En la Rusia estalinista, Ehrenburg se marchó. Es cierto que trazar la parábola sobre su persona no corregiría el defecto de aumento y, aun más, deformaría la visión; por algún motivo indescifrable, Ehrenburg le caía simpático al régimen, tal vez por una razón desconocida que, a la luz de lo taraleto que era, no era tan desconocida como injusta. Boris Pasternak, en cambio, permaneció en el territorio tragándose lo que viniera, porque tragar había que tragar, y esto también ha sido siempre. Como ya era un clásico viviente cuando Josif Vissarionovič todavía era bozal georgiano y sopista del partido, pudo mantener, a su advenimiento, la, vamos a ponerle, heroica equidistancia y el no mancharse cuando llaman a la mesa. Se lavó las manos cuando «chuparon» a su amigo Ossip Mandelstam, que tampoco era muy amigo suyo, y nada quedó claro de aquel confuso asunto, sobre todo después que Stalin lo llamó por teléfono y no dejó de sonreír piadosamente mientras Pasternak le hablaba de los géneros literarios, que en el fondo no es lavarse las manos aunque Pasternak se quedara con la duda de si lo había o no lo había hecho y, dando al mundo su contribución de la compunción más cruel, que en mi carne yo he probado, preguntara. ¡Jo…meini con el ritmo que no quiero darle! Sábato, que yo sepa, no fue Judas ni Pedro en el Via Crucis argentino, es decir, no traicionó la confianza ni negó la evidencia. Pero es posible que haya sido Barrabás, que hayan canjeado su vida por la de otro escritor que sobraba y lo hayan dejado vivir porque era uno de esos clásicos vitalicios que tiene el país y los clásicos sólo levantan el tono de voz en los libros.

No estoy muy seguro, personalmente, de que esto funcione como las ciencias exactas. Pudieron dejarlo con vida por la misma aleatoria elección que determinó que Barrabás viviera y Cristo no, a no ser que la autoridad romana juzgase que una víctima suelta representaba un peligro social mayor que el que representaba un asesino suelto, no sé, al menos con el asesino sabía cómo entendérselas. En cualquier caso, Sábato no se halla en esa situación, la autoridad romana sabría qué hacer con él si la importunara, y, por lo que se dice de su persona en Santos Lugares, es vecino de fósil domiciliación e incapaz de matar a nadie, salvo a Alejandra. Que nadie le toca un pelo y tienen prohibido tocárselo, está más claro que la prueba de la resta. Su libro tiene pasajes «antiargentinos» y «nihilistas» que le valieron a Roma Mahieu un réspice por menos de lo que a él le suponen monumentos críticos en la prensa y las contracubiertas de sus libros, y todo porque los comandos no leen o porque los pasajes clarividentes fueron sembrados en una broza psicologista, lo suficientemente alejados uno de otro como para tornar infructuoso todo intento de deducción y comprensión provechosas y peligrosas, lo cual le permite, si no gritar que le pegan como un clásico acorralado a lo Pasternak, una especie de Custer en la Rusia de los sioux estalinistas, resistir en un digno silencio que es conducta y buen hacer de todos los lamelibranquios, «cuantimás», del mejillón que opera en Santos Lugares donde hay playa.

Muchas veces ha sido motivo de conversación con Nené el hecho de que la cultura se encuentre en manos de plutócratas y de transmisores como es la mosca que, cuando no son absolutamente ignorantes de las cualidades intrínsecas de una obra de arte, valiosa sólo si puede ser exprimida en el mercado y dar de sí el mayor precio posible, si el valor que el autor dice que tiene coincide con el precio que el público está tentado de pagar, si puede ser carbonizada rápidamente en caso de iliquidez y convertida en dinero apátrida, en el cual ya no se reflejan ni el tesón del autor ni el dolor de sus personajes, y la manejan como si fuere venta del parking opcional, productos medicinales, fuerabordas Evinrude, equipamiento de cocina-office, informes y reservas en su Agencia de Viajes y encontrarse con Fino San Patricio es vivir un mundo lleno de sabor, incluido el propio autor si es que se vende sin complicar a terceros en la transacción y luego en la firma del boleto, manifiestan una apatía tal ante su función específica, que es difundir la cultura, que a uno le hacen pensar si les gusta aquello, si están irrescatablemente envilecidos por la lectura de los jóvenes valores de la nueva narrativa del «amplísimo espectro» y tendrían que dejar su puesto a nuevas generaciones de creyentes o si ganan más dinero vendiendo cola de rape en el mercado de la Boquería y esto de ser editores es para ellos una chapuza. Me niego a creer en la veracidad de unos recaudos como los de Esther Tusquets cuando le llevas unos poemas de Carlos y te sale con que su fuerte no es la poesía y que se los va a pasar al «especialista» que lleva la colección El Bardo. Le había llevado El Ángel carnicero para que chocara instantáneamente con la inhumanidad poética y le saliera la chocolata por la nariz, se lastimara. No quería perder tiempo, pensaba que así se enamoraría rápida y perdidamente de Carlos, que es, en estos momentos, lo que su obra necesita. Tú conoces esos versos, sabes que no se pueden confundir con la malcarada poesía de concurso. Sabes que su contenido, con sólo mirar una línea al azar, fugazmente, te atraviesa el cerebro como una aguja de fuego. No se puede salir de la lectura sino temblando.

No es la primera a quien escucho: «Mira, hay que tener una sensibilidad especial para leer y opinar sobre poesía», «es un metalenguaje» e infinidad de sandeces «standard». Y un buen día te topas y trompicas en uno de esos monumentos críticos de los que te hablé, en que presentan a la señora cautelosa que es una esponja de sensibilidad, tímida como un cervatillo, vaya, una metáfora viva. Tú te dices «¡Ho…rchata de chufa!, ¡qué miope he sido! ¡Pero si emplean para referirse a ella las mismas palabras que leí en prólogos, notas y solapas cuando se describía el atormentado mundo interior de Alejandra Pizarnik, se analizaba el panteísmo evangélico de Else Lasker-Schüler y se colocaba en su sitio, respetuosamente, como una reliquia del pasado, la barbarie sensual de Delmira Agustini! ¿Estarán hablando de la misma persona?». Entonces a uno le obligan a hacerse el siguiente planteo: o esta gente no se quiere comprometer, ni siquiera con lo que está mirando, o está estupidizada y sobreacelerada, como el que oye solamente los discos del grupo Tequila y después le hacen oír la Suite bergamasque de Debussy y cree que es el teléfono que está dando el tono, y en ese caso constituye una injusticia que esté en manos de esta gente el poder de publicar una obra que por agotamiento nervioso no pueden interpretar. O mienten estruendosamente quienes la adornan con alhajas espirituales que pertenecen a los verdaderos artistas, a los únicos seres humanos y que, atribuidas por conveniencias sociales o por lisonja, suponen una frívola usurpación, muy en boga en el villanchón mundillo literario barcelonés.

Estoy sin aliento, Sara, pero todavía me queda resuello para intercalar que en todo este negocio repugnante, porque no se trata más que de eso, de un negocio, incluso les falta el examen del negociante para darse cuenta de que Carlos SIEMPRE será más negocio que Sábato, de la misma manera que cuando cese el influjo de la poesía de Artaud, de una forma que no sea verbal pasará a aplicarse en el teatro su teoría de una fuerza sacada de «pensamientos vueltos nada más que hacia el hambre» y se lo volverá a «descubrir» cuando la cultura, harta de estar encerrada, salga para ir al teatro de otro mayo francés a tomar aire fresco. Sábato siempre venderá historias personales, regionales, con modismos de habla y personajes que viven y sienten, sufren y buscan ser mejores; historias con el argumento oficial que empieza y que acaba, acaba matando la idea de ‘cultura en acción’ de la que hablaba el Tata en el prefacio de El teatro y su doble, en favor del «serio intento» y la «novela excelente» que el Pingüino dijo que era meramente un libro, y domesticando el carácter de concepto que tiene el grito defendido en el manifiesto del Teatro de la Crueldad después de la ruptura con los surrealistas literatos con la traílla conceptuosa de un jaspeado psicológico que está más en las palabras que en la farsa y que, como todas las desviaciones promovidas por la afectación que queda de leer a Proust a los cuarenta años, florecerá, desatinado y parásito, en la nadería de las publicaciones lacanianas. Y eso sí que implica la «prosecución aislada [la cursiva es de ellos, pero se aplica a ellos] de la estúpida aventura literaria», acusación que los pretorianos de Breton lanzaron furibundamente contra Soupault y el Tata (más tarde se les unió Vitrac como maldecido) en el folleto En el gran día, eufemismo que iba por «jugar con la propia mierda», naturalmente de una manera egoísta, porque si a cada uno le hubieren dado un baldecito, no habría pasado nada.

La fuente secreta del enfrentamiento será una sola para mí y la misma siempre y está expuesta en el folletito, por otra parte acorde con la polarización en pro de la experiencia de Octubre que se precisaba para condensar todas las fuerzas progresistas de la sociedad de los años treinta frente al auge de los diversos fascismos nacionales (rexismo, Action Française, Guardia de Hierro de Codreanu, etc.) que venían matando por el codo: «Hace mucho tiempo que queríamos confundirlo, persuadidos de que lo animaba una verdadera bestialidad». Es evidente que el deseo de Breton no es el de confundir a Artaud, sino el de dejarlo seco, con toda la saña de la que es capaz un literato preciosista. No tenía poder, eso era lo que pasaba; pero el enfrentamiento es el mismo que enemista a Dantón con Robespierre y antes, que asocia a ambos contra el enemigo común Hébert; que pone a los miembros de la Logia Lautaro detrás de las huellas de los hermanos Carrera; que decide a Roma a destruir Cartago, aparte de las paparruchas de la hegemonía naval en el Mediterráneo y los intereses imperialistas de todo tipo en juego; que estampa la rúbrica divina en el acta de defunción de Amnón el incestuoso y Absalom el «enterrado con deshonra», las razzias contra los ammonitas para terminar con Moloch, el prototipo de muerte que sufre Jezabel y la pulverulenta de Ananías y la mujer de Lot, y ahora sí un largo etcétera, como se dice ahora.

Toda esta ejemplificación caótica que te he hecho, sin esmero cronológico alguno, tal como me iba saliendo, sirve para mostrar que las diferencias entre Sábato y Carlos no son pertinentes y peculiares de los dos, ni tampoco exclusivamente literarias. Por un lado está el profesor que vive de la enseñanza y de las traducciones, el escritor que recibe premios en el extranjero que alguien con pajarita va a recibir en nombre suyo o llega a una vejez más premiada aún, y venerable, el intelectual y cómplice injuriado; y, por otro, no sé, mira cómo será, que no lo tengo claro. Esa «verdadera bestialidad» generalmente es ahogada en sangre, hace falta un acto doblemente bestial para enmudecerla, para aplastarla, un acto que no puede ser consumado si no es por medio de una violencia política, física, que duplica el tamaño e importancia del objeto atacado y que Breton, quizá con la virtud que tienen los poetas de esbozar lo indefinible que empuja a las masas a linchar al autor del crimen vitando, admite al confesar que desea «confundirlo».

A quién le interesan ahora estas apuestas pedagógicas, digo yo, y también me lo dice Nené; los surrealistas de la primera hornada murieron todos y los jóvenes, que tendrán nuestra edad, se siguen reuniendo en los bares adonde iban aquellos elefantes, por el culto que yo me sé. Excepto Mario Pellegrini, que una vez me dijo que lo que impulsaba la lucha de los surrealistas aún no se había conseguido, los jóvenes poetas cuya hacienda se reduce a la posesión del lenguaje surrealista, el humus, no conocen la historia, más bien de petimetres y de escándalos, que veneran.

Para lo que sirve.

Lo que me asombra es que estén todos muertos y reconciliados, jugarreta del acabamiento que el ministro de Cultura y Educación del respectivo país de origen y los subsecretarios, los Horacio Carballal, les hacen a los artistas cuya trayectoria es dudosa para el panteón nacional, al que los resentidos tienen prohibida la entrada. Así, Borges con Hernández Arregui, Barral con Juan Goytisolo, Baudelaire con Alfred de Musset, Poe con Longfellow y Horace Greeley, Huxley con Poe, Mao con Confucio, Ernesto Goldar con Sarmiento, Diógenes el Cínico con los platónicos y Diderot con la tradición escolástica, ¡buéh!, como los chanchos. Debe de ser el único gremio en el que se sigue actuando después de morir, incluso para envainarse en amoroso abrazo de Brézhnev y Erich Honecker, con beso mermeladoso, e irse de parranda con otros animales de bellota.

No.

Hasta muerta, descarnada y espiritada, Inés sería capaz, sólo por espíritu de regata, de volver para darle a Sábato un pellizcón en las nalgas como le daba a un cura jesuita que enseñaba Hegel y espantarlo con una exclamación y una risotada: «¡Viejo verde!», mientras que Carlos, más distante y criminal, lo haría destinándole el más espumoso y veloz de los escupitajos.

¿Te acuerdas de la novela que te dije que pensaba escribir y para la cual fui al piso de la calle Espinoy, el primero, a pedirte datos de época? Aunque fue el Pingüino quien me prestó un libro de Mercier Vega sobre el peronismo, base de todo el material con que cuento ahora (más de doscientas páginas de apuntes y notas elaboradas), fuiste tú realmente la primera de la cadena, porque el Pingüino no se interesó demasiado, me dijo que siempre estaba escribiendo historias trágicas en las que no sale el sol y que mucha gente que estaba aquí y que había pasado por la tortura se iba a sentir mortificada si yo abordaba un tema tan doloroso. Que la vida era también alegría. Él cree que yo elijo los temas porque no termino de salir de la experiencia pueril de vivir apabullado por los poetas malditos. Le expliqué que mis lecturas no tenían nada que ver en esto, el personaje de esta nueva novela carece de los atractivos de confección que podrían gustar a los poetas malditos: no hace pactos con el Diablo porque tiene todo el poder que necesita y por educación no precisa más; no es un libertino epicúreo e insolente, es algo vicioso y comedido, como todos los empleados ambiciosos; su vida no tiene ningún toque de bohemia, aunque el departamento donde vive esté en el más completo desorden; es arrogante, eso sí, pero no con la arrogancia del que se sabe superior, sino del que se siente bien vestido… Ya ves, un muchacho de barrio de esos que se pelean en la plaza si van con una chica y se la miran, sobre todo si el que se la mira es un gitano.

Durante mucho tiempo el rostro aquel de la fotografía anduvo tirado como una baratija por todos los rincones de la mente, sin saber a ciencia cierta qué iba a hacer con él, dónde iba a actuar, dónde lo iba a meter. Abundar sobre la maravilla de cómo un personaje se te impone y llega un momento en que personaje e historia se presentan juntos y llenos de sentido como una pareja que viene a hacerte una visita, es propasarme y enseñarte la tabla del dos a ti que eres novelista. Pero el Pingüino no parece reparar en que hay otro tipo de imposición que la de la manía capital que pueda tener un autor, como es el caso de Malcolm Lowry, un pesado del año cero a quien él tanto admira y que sólo escribía sobre mamados; una imposición que no es un eco de las monótonas manías de uno, sino las pulsaciones de la misma historia que respira, y entonces tienes que atender sus razones, interiorizarte del trabajo eléctrico a que la puedes forzar literariamente (de cuántos vatios es el tema o asunto), saber por qué te tiraniza. En esto es en lo que he sido un instrumento, un juguete de los dioses de Caballito y una antena emisora para un tipo gris el de la fotografía cuya meta, aunque no lo creas, no era ganar dinero, que quería establecer unos descargos y que le hiciesen justicia. Nené le hizo una tirada, sin consultante fijo, dirigida al astral (cuando la persona está muerta, las figuras salen invariablemente invertidas), que yo me imagino como el depósito contiguo a la morgue donde las almas, al igual que la ropa civil de los convictos, son clasificadas y guardadas en grandes bolsas de papel madera con etiquetas, tú puedes ir y solicitar la que necesitas para tu trabajo, el tarot hace de Kardex.

Estuvimos mucho tiempo en el cuartito de adelante, un sábado por la mañana que no teníamos nada que hacer. Nené se había embalado leyendo un libro sobre el juicio de Eichmann y haciéndole la cábala del nacimiento; Eichmann había nacido en 1906, igual que la madre de Nené, año del caballo de fuego en el horóscopo chino, o sea que esta especial aspectación de la Luna predestina a quienes nacen en caballo de fuego a causar grandes tragedias o a padecerlas. La cábala del nacimiento es un método de su cosecha personal, ensayado y desarrollado al calor de la experiencia, que ella combina con las cartas del tarot. En la pizarra queda un dibujo como el de las cadenas químicas, que se van adelgazando hasta formar, poco menos, una pirámide o mejor dicho una cuña, en cuyo extremo domina aislado un dígito y en ocasiones un número de dos cifras, que representan la meta, la misión, y son la síntesis del tema. Nené coloca cartas, prensándolas con imancillos, en las ligaduras de las cadenas, de acuerdo con la necesidad de bifurcación de la información, y así se van desplegando las ramas o los radios, si quieres mejor, de una vida que estaba traspapelada y que por el croquis se parece bastante a la telaraña.

Empezaron a salir cosas que no podían ser tomadas como deducciones imaginativas, porque el cuartito se fue cargando con la ansiedad y la turbación del muerto y ése es el síntoma más inequívoco de que la tirada está produciendo sus efectos. Cuando se publique la novela y se lea, y sobre todo la lean quienes conocieron los acontecimientos que allí voy a relatar, participaron e incluso actuaron físicamente en la eliminación del sujeto de la fotografía, van a quedar pasmados pensando que no hicieron del todo bien las cosas, que y eso es lo peor están escritas en algún sitio, porque si no, ¿cómo podía enterarme yo?, ¿cómo pude averiguar, por ejemplo, sin haber estado allí porque sólo ellos estuvieron, quiénes lo estaban esperando para facilitarle la salida del país, que había dos planes por si fallaba la primera emboscada, y hasta el color del coche en que viajaba? De los que lo estaban esperando en una casita, que Nené me describió dejándola hablar sin interrumpirla y yo tomando nota, para que esos estampidos de clarividencia con los que emerge de la nada desconocida un escenario lejano y ajeno para mí se produjeran con el desahogo de las contracciones del parto, cuando la madre confía plácidamente en el culto idólatra a la destreza del médico, salieron las señas físicas de los dos tipos que estaban, las actitudes; me acuerdo del nerviosismo de uno de ellos, paseándose como un león enjaulado y puteando por la demora del individuo de la fotografía, lo que tenían en las manos en ese momento (el que parecía más excitado empuñaba un fusil M16 como el que se le inutilizó al Che Guevara en la Quebrada del Yuro cuando lo atraparon), objetos preciosos desde el punto de vista narrativo: la descripción de un cenicero y de una cerca exterior.

Lo que no sale, y ese esfuerzo «infructuoso» es lo que tiñe la tirada y la interpretación misma de la amplitud de la aventura y de suspense cinematográfico, son los nexos. El nerviosismo del que camina, ¿evidencia que él es un traidor a la causa de aquellos que se disponen a matar al hombre de la fotografía, o bien, un colega que no quiere verse mezclado en la salida precipitada del país que va a realizar aquél y que le ha conseguido documentación irregular, no para ayudarle, sino por hacerse una changa? ¿Por qué se pasea con un fusil dentro de la casa? Quizá no está en el bando «legal» y teme tanto un ajusticiamiento, por parte de los que aguardan en la carretera al personaje, que van a vivir como una mejicaneada el que le birlen un objetivo militar cuidadosamente calculado, como el escarmiento policial aplicado a los confidentes que baten mugre y se montan el chiringuito por su cuenta. Tú me conoces y sabes que no me puedo estar callado, así es que la interrumpía, echando a perder el manadero, en mi avidez por sacarle más y más datos reveladores, y claro, ella perdía el hilo.

Realmente no sé cómo voy a hacer para pintar la década de 1940. Es una época clave en la historia argentina y del país. Además, para mí tiene un valor superior al historiográfico o al valor pictórico de una naturaleza muerta: en esa época se casaron mis padres y mi padre fue infeliz e iba caminando desde mi casa hasta los talleres que Teléfonos tenía en la calle Hidalgo, dejando tras su muerte y por un tiempo el recuerdo de cómo terminaba el cuento barrial fantástico del «hombre de traje gris con el diario en el bolsillo». Encuentro tan necesario pensar en él, símbolo perfecto de la época, en mi viejo, ahora, como evitar caer en el pecado de adicción al revival.

Me estoy viendo periódicamente con Luis Luchi, un amigo de Horacio Vázquez Rial, viejo minervista de Atlántida, viejo ácrata del gremio de los gráficos, viejo compañero de cárcel primitiva de Mateo, el más joven de los Scarfó, apellido que en la Argentina lleva a pensar en lo mismo que si se dijere «uno de los Doce Apóstoles», viejo poeta león del ron y de la tónica, viejo en casi todo y cariñoso estegosáurido del jurásico superior de Villa Urquiza, cuando todavía había casas con traspatio donde crecía un laurel y bares con inmigrante languideciendo en sitio retirado y expuesto a la ira del cielo, que bebe «el alcohol que lo asesina / cuando grita que su pobre ragazzina volverá». Con él estoy reconstruyendo la época, le digo que lo que quiero es que me cuente no lo que se veía, sino cómo se lo veía, que me hable de la tristeza en estado de conservación de los años cuarenta, impresa en las cosas extinguidas y que impregnaba los hechos: cómo eran los zócalos, qué se sentía si uno se tiraba en el suelo (aquí, expresión resplandeciente en la cara de Luchi) y, cerrando un ojo, miraba con el otro el zócalo pensando en los lejanos días de una infancia mustia en Paraná o en Dolores y en las despedidas cuando los compañeros del coro se marchan después de haber venido a tomar una limonada, en verano, concluido el culto del domingo por la noche; la fiesta de cumpleaños de la hija de los vecinos del fondo a la que han venido los parientes payucas de Timote, ellos con trajes cruzados milrayas, anillo macizo de sello y las uñas blancas de cal y ellas pidiendo que pongan La Raspa, las bombillas son de 40, hay un bargueño; el olor de un vestido estampado de tela tutankamón, de unos rancios tarros punteados junto a una cama de hierro de las de hospital, de hombre solo, en una «piecita de altos»; los cardigan de tío Willy; cómo eran los lunes por la mañana, a las siete, cuando llovía; la pelea de Ezzard Charles y Rocky Marciano (el segundo encuentro, el de la nariz de Marciano con la réplica del canal de Panamá, el de septiembre del cincuenta y cuatro), cuando Ezzard Charles salió a la calle con los ojos reventones (y ahora una de Nené): un gran patio bajo la noche estrellada, de grandes baldosas blancas y negras, y la banda de Glenn Miller que adormila mujeres de dientes cuadrados dibujadas por Nazario, con vestidos de cóctel sin breteles y escote en forma de corazón, largos guantes de raso y pérfida boquilla que obliga a hombres que parecen viejos aunque sean jóvenes (Adolphe Menjou) a pensar y decir cosas crueles; la visión de alcoba en penumbras en la que respira una tía abuela de boca hipogeo con gusto metálico, que se ve en la pantalla de la palabra tualé.

Luis me mira divertido, se parece a un reno: «¡Me pedís cada cosa, vos!»; ¿y qué son todas esas compaginaciones?, huesos de gallina del impresionismo, huesos pelados en un plato, fierros viejos que cualquiera va a buscar en los cementerios de automóviles como los que había frente al Albergue Warnes y que se encuentran revolviendo entre la basura. Viñas ya fue a los encantes en Cuerpo a cuerpo y se trajo toda la escoria que pudo meter en el auto. A mí no me queda otra cosa que hacer que lo más difícil, siempre me tocará realizar la faena más indómita con mi natural más desidioso, perseguir lo que me mira mientras va corriendo y se burla de mí cuando se esfuma, llorar de rabia porque tengo que lograr algo imposible y no he estudiado, no estoy preparado, me tambaleo bajo el peso, no reúno las condiciones, los que lo lograron tenían antecedentes de haber hecho cosas extraordinarias en la edad en que yo sólo era un alumno mediocre; ¿y el pedigrí?, no tengo lo que se necesita, el denuedo heroico y las ideas que otros hombres harán suyas y amarán como a una compañera son perfectas y precoces cuando vienen por la vía del linaje: toda la familia de Bach tenía espíritu filarmónico, sus ascendientes y colaterales; Edison descubrió la potenciación de la luz, plasmación primaria del efecto termoiónico, la emisión de electrones por los metales incandescentes que es lo que sucede en el filamento de la bombilla eléctrica, en aquella célebre anécdota de los espejos y los candiles, entre los quince y los dieciocho años, cuando todavía yo me llevaba materias a marzo e iba a recibirme de perito mercantil sin saber trazar un Cuadro Demostrativo de Pérdidas y Ganancias.

¿Cómo haré para recopilar todos esos datos que durante más de un año he ido rebañando de diversas fuentes y en distintos ámbitos, y usarlos todos para que entren en una composición armónica, colosal y ligera a un tiempo?

Nadie lo sabe.

Luis Luchi sonríe, medio escéptico, y tal vez pensará: «Este tío escribe, escribe [que es como decir se llena sin vaciarse], ¿qué va a hacer con todo eso?»; y verdaderamente, en ocasiones me parece que soy como el mercader de la fábula que tenía que vadear el río con su saca de diamantes y, ni quería llevar algunos, renunciando al resto porque si no se iba a ahogar, ni se decidía a cruzarlo. Yo quiero que esa época vuelva a la superficie de estos días presentes en que no tenemos tiempo para nada, quiero reflotarla como si fuere el Andrea Doria o mejor, el Titanic, que nadie sabe a cuántas brazas está y que es una empresa costosísima y no rentable. Ver ascender sus formas, temblonas bajo el agua, haciéndose cada vez más nítidas, subiendo las chimeneas, chorreando los ahogados, las puertas destrozadas de los camarotes, la araña del inmenso vestíbulo que se desprende por fin después de setenta años y chapotea sin estrépito al pie de un podrido cortinado, el calamar tras los cristales del jardín de invierno de proa.

Debo rehuir la evocación retrospectiva, mirar con los ojos del ochenta los cuarenta, lo vivo a lo que está muerto, el progreso a lo que quedó inmóvil, sepultado, lo hago por ambición, quizá tan concupiscente como la ambición que amasa el oro o busca el poder sobre los demás hombres. Quizá sea un camino descarriado para conseguir el ascendiente moral sobre los demás hombres, yo me consuelo, o me disculpo, pensando que estamos ante una ambición que no mata a nadie, una ambición de calderilla, un placer de gringuita terraja que construye en los fondos barrosos de un taller mecánico su fantasiosa y desesperada casa de muñecas; que no mata a nadie pero hace víctima a Nené que resulta explotada, y a quien desatiendo. Mal bicho.

Escribí al director del suplemento cultural de La Prensa para comunicarle que me había llegado el giro por el pago del artículo sobre Dylan Thomas y empalmar con el mangazo de seguir escribiendo para el periódico, de tarde en tarde, la misma clase de artículos. En la carta le instaba a que me «tomasen» y le decía que tenía un artículo que recogía las reflexiones mías y de Nené durante un paseo por dentro del viejo cementerio de San Gervasio una tarde soleada, solitaria y silenciosa de agosto del año pasado, que si quería se lo podía enviar, a ver qué le parecía. Aquello, insinuaba yo, podía marcar el comienzo de unas entregas regulares. La carta zarpó, por correo certificado, el 12 de septiembre.

Nunca me contestarán, ya sé («me da la impresión», pensarás ahora y te sonreirás), pero toda la vida me intrigarán estas paredes. ¿Por qué se detiene todo en un punto? ¿Por qué se deja morir algo? Si algo está predestinado, ¿por qué encuentra tantos obstáculos, por qué hay que excavar? No es que me quede quieto, pero cuando hago un movimiento es de una esterilidad inmutable, termina en fracaso insonoro por la ley que mitiga los sufrimientos morales. Antes de ir a mostrarle a un editor uno de mis originales, ya sé lo que se dirá, lo que dirá él, abriendo el paraguas y hablándome de cosas que no me conciernen, porque a mí no me importa que él tiene muchos originales para leer y lo picotean desde la Feria de Frankfurt para asistir, y lo que responderé yo, presentando a mi hija en sociedad como si fuere una vulgar ramera. ¿Habrá algo de ceremonia de iniciación que no termino de traspasar?, ¿vaso atrabiliario que tengo que beberme sin derramar ni una gota?, ¿perezosos e inútiles seriados a los que debo hacer la historia de años de obscuridad y anonimato trabajando laboriosamente en mi Torre de Babel sin ruidos, cuando podría dejarla hablar con su bramido pronto, «sé defenderme sola, hijo de la grandísima puta, ¡no me toques!»?

Ya sabía que me iban a escamondar el artículo. Quejarme por ello o mostrarme dolorosamente desconcertado es como negarme a aceptar que no puedo entrar en una sala de conciertos cuando la función ha comenzado. Lo establece un reglamento, y bueno, el mundo no tiene otras posibilidades de comprensión que sus reglamentos. Hay muchas formas de entrar cuando el «intérprete» está dando cuenta de su rival, el compositor. Se puede entrar como un rebaño de ovejas azuzado por un perro; se puede entrar como la víbora que mordió a Cleopatra, que reptando escapó con fundamento porque sabía lo que le esperaba; se puede entrar como la sombra de una culpa. También tengo en cuenta el problema de la extensión, no creas, y veo que me dedicaron la página central, etc. Pero al suprimir el, digamos, soliloquio final que lleva por título un verso del propio Dylan en que apostrofa al padre, No entres dócilmente en esa dulce noche, sólo porque vieron que la etapa anterior terminaba con una alusión al drama de su borrachera, y juntarla con la afirmación mía de que «aborrezco el vino», lo que han hecho ha sido tronchar gravemente la continuidad de la reflexión, alterando el sentido como quien echa sal en el café con leche y desviando imperdonablemente el propósito del autor, porque así quedó que yo no sé cuál es su imagen verdadera por las mismas reservas por las que no sabría un puritano o un miembro con gorguera de la Liga Antialcohólica por qué Dylan Thomas bebía para matarse siendo tan culto e inteligente, y un escritor que podía ser útil a la comunidad, todo esto se lee, en tanto que la frase «Yo, que aborrezco el vino, y por tanto no entiendo en la materia» tenía la significación de réplica sarcástica, pero rebajándome voluntariamente y allanándome al impedimento gnoseológico de no poder entender la tragedia de Dylan, su leyenda de maudit, e incluso la calidad de su poesía, porque mi cultura etílica es comparable a la de William C. Morris, el de las Escuelas Evangélicas, y nunca seré famoso porque decidí mantenerme abstemio. No era una censura a la conducta del poeta, que para mí son como dioses taradez que me viene de los románticos, sino una sátira de los beberrones, por lo general inconscientes como el Pingüino, que dice, citando a Hemingway, otro pesado del año cero, y encima periodista de «estilo despojado», que los que no beben me incluía también a mí, que aparte de no beber tampoco hago otras cosas son muy crueles y aconseja tener cuidado con ellos.

Te hago todas estas aclaraciones y tú te dirás «y a mí, ¿qué?», conforme, no es un mea culpa, pero es que en su momento, cuando me enviaron desde Buenos Aires la fotocopia del artículo, me dio un cabreo de los de Zeus, que daba bordadas por la casa agitando los brazos y disertando a los gritos contra lo irremediable (4). No te tendría que contar esto porque tú fuiste muy buena conmigo y tuviste un gesto de altruismo al interceder en La Prensa para que me publicaran el artículo, hablando por un desconocido que, en Buenos Aires y usando de los términos de su diplomacia descarrilada, no habría pasado de la mesa de recepción del periódico, porque allí mismo le hubieran dado con un palo en la cabeza («¡qué exagerado!, nunca han hecho eso en La Prensa con nadie»). Te lo agradezco, Jirafa, y nunca lo olvidaré, tú lo sabes bien, como no me olvido de que el Pingüino fue el primero que me reconoció en España, y Alfonso Carlos Comín, hoy fallecido, e Ignasi Riera, de LAIA, los primeros que me ayudaron laboralmente dándome una corrección cuando éramos sirvientes en casa de la vieja Luz. También te dije que no volveríamos a vernos, y tú le quitaste hierro al asunto con ese dominio de las circunstancias, característico de una fina dama, apretándome la cabeza entre las dos manos para tranquilizarme respecto de una perspectiva tan luctuosa, como se hace con un retardado mental.

¿Será cierto que no nos veremos, así como se cumple lo que presiento que me van a decir los editores antes de hablar con ellos? Me gustaría, por lo pronto, que me escribieras, contándome, como hice yo, tus proyectos literarios, lo que te pasa por la cabeza, en lo que estás embarcada. No exijo ni espero que me escribas mil páginas a lo Singer ni que sea la correspondencia de Leopoldo Lugones con Mme. de Récamier, fabulosa, pero… ¡qué bueno que sería!

A la primera, y seguramente última, dama del Viejo Sur que conocí.

(Posdata) «Brillantísima» y «farragosa», eso dijo Esther Tusquets de la novela; también llamó «niño resentido» a Céline, dado que para estar como ella inmunizado de sentir asco por la humanidad basta con haber combatido alguna vez a los que se sienten tan enfermos para proclamar su orgullo por algo. Un superlativo y un adjetivo que me escoltaron por doquiera que fui y que no sé cómo aquilatar y si hay o no que traducir, excepto si le doy al último, sin temor, el significado que tiene: ‘desordenado y confuso’. Pero lo que yo quiero saber es: El desorden y la confusión, ¿destruyen el valor y la armonía de una obra?, ¿crean otra armonía? (no es un sofisma, no quisiera que lo fuere, estoy bastante alarmado), finalmente, ¿son inolvidables?

_____
(1)
Apodo que le puse a Sara [Delfina] Gallardo [Drago Mitre] (1931-1988), mujer del escritor H. A. Murena, escritora ella también. Ella bajando, brincando también la manera de rebotar la melena bonita contra la nuca, por la escalera del entresuelo de avenida Virgen de Montserrat en donde vivíamos, en el Guinardó alto, es la suma de sus gestos. La identifico ahora por ese último descenso que le vi realizar.

(2) Rivarola.

(3) Marcelo Covián, compañero de Murena en las «reglas del juego» de las borracheras. Por él conocí a Sara.

(4) El hombre de los 18 whiskies dobles. Publicado completo en la categoría ESTUDIOS DE LINGÜÍSTICA Y SUPERMERCADO DE CRÍTICA LITERARIA (enero 26, 2011).

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¿qué tengo yo a dicha en lo que espero sin ninguna noticia de mi hado?

PARA: Horacio Vázquez-Rial
ASUNTO: «¡Dioses inmensos! Si hay atropellos injustos,
¿no es éste uno de ellos?» (Terencio,
La Andriana, turno de Pánfilo).
FECHA: jueves 14 de octubre de 2004  19.57

Esta mañana en El Periódico de Catalunya bajo el título «Un editor de luxe» venía la noticia de que una editorial llamada Poliedro te había tomado como editor fijo.

Siempre es una buena noticia que un amigo consiga colocación segura en un mercado como es el editorial en el que no hay nada seguro o sólo es seguro que van a racionalizar la plantilla y te lo van a decir cuando vuelvas de las vacaciones.

La buena noticia tiene otra parte, otra área más obscura y litúrgica que pasa inadvertida para aquéllos cuya angustia empieza y termina en la sobriedad de ganarse la vida y por lo tanto termina sin empezar. Aludo a esa otra parte que marca el emplazamiento de la fraternidad comunitaria o tribal: en una sociedad carente de otros vínculos que no sean los contractuales en la que los platos y sobras de las ingles de Beckham, los hechos administrativos que se quieren hacer pasar por políticos enlazan los unos con los otros y la actualidad devora las famas previstas, la buena noticia es completada con la exclaustración del anonimato de un amigo.

Poco a poco se va hablando de ti. Tus méritos se reconocen. Trabajas en lo que te gusta. Recuerdo lo que decía una lectora en el norte del país, no sé si en Bilbao u Oviedo, hace unos años ya, seguro que tú también lo recordarás si lo leíste en el diario, que había leído tu Soldado de porcelana y no comprendía el clima que se había hecho a tu alrededor. Un clima que, sin obligarme a mayores aclaraciones, tiene un acuerdo con la oración, aunque no llega a transformarse en ella, claro, porque en nuestro caso sólo es un clima de silencio.

Y digo «nuestro», fíjate, porque ya sabes, tienes constancia de que me viene pasando a mí también desde hace años. En este licuar del tiempo en sangre poseo lo que tú has perdido: el diploma de anankē, el sino que parece adornar y a la vez hipotecar mi obra, sobre el cual quisiera averiguar la verdad y a esa pregunta fuera de mí, en otros, «¿Es que no sospechas por qué se produce?», no me atrevo a responder. Este sino se posee casi, Horacio Ernesto; tú lo perdiste, se te disipó cuando cosieron tu nombre a una biblioteca personal, la de Plaza & Janés. Entonces tu obra zarpó, tocando suavemente todavía un fondo de soledad personal, pero en consonancia con el horizonte que llamamos posteridad.

Mi obra, en cambio, es un navío encallado.

Tuviste en las manos mi novela de aprendizaje Tortionnaire. Camino de perfección. La elogiaste. Pusiste más que amabilidad en llevártela contigo a Madrid y dar la cara por ella. Tu quoque, Ernesti mi!

Mi obra ya no va a dar un estirón en la estantería que ocupa. La ocupa y pertenece al folclore que la llena.

Había pensado que desde tu flamante puesto de editor podrías hacer algo, no digo encabezar un motín, pero te podrían interesar los relatos que escribí con la ciudad de Barcelona de telón de fondo; un cancionero con escalera de subida al púlpito de un trío en el que fui víctima propiciatoria de un gran poeta y su musa; unas ‘cartas para el combate’ dirigidas a profesores, editores, escritores (Muchnik, Valverde, Gabriel Jackson, Gimferrer), las epistulæ in bello; la obra completa de un amigo que murió asesinado en la Argentina en 1975 y el estudio biográfico y crítico que redacté sobre él; algunos ensayos sobre literatura y pintura… Lo que se te ocurra que pueda convenir, contribuir al bolonqui general con un argamasón o ruinas grandes de argamasa.

Entre los que me conocen hay quienes siguen pensando que no me he movido, no he hecho lo suficiente para que mi obra se difundiera. Que no he insistido lo suficiente. Tal vez me he dormido en los laureles, no sé. Nueve años estuve con el Tortionnaire y casi diez más desfilaron mientras redactaba la tesis doctoral.

La verdad es que estoy escaldado, Horacio, escarmentado. Podría hacerte una lista de las personas a las que visité y de las puertas a las que llamé. Puertas y corazones; a las puertas, con la falta de sensibilidad de los timbres, y a los corazones, con la mera posibilidad del ofrecimiento. Pero llamar no es la respuesta al problema de la sordera moral. Y menos visitar al sordo.

Ahora siento que el tiempo apremia. Voy a hacer cincuenta y nueve años dentro de nada, y ya tengo que hacer la suma a partir del año en que nací. Las bóvedas de la memoria descansan en el típico gratinado de las facultades. Tú dirás.

Julieta leyó los relatos y los elogió como tú la novela. Me conoce, trabajé para ella. Por el diario me enteré de que la tienes por compañera, y también a Bengt, su marido. Les puedes preguntar, los dos me conocen. ¿Para quién no trabajé?

Volviendo al símil del orden gótico, necesito, para generar un colapso nervioso y reactivo del sino, un espaldarazo no más grande que el papel que cumple la ménsula en relación con el arco. Lo sostiene en su vuelo hacia el empino; allí se junta con los otros arcos, que es por la fraternidad comunitaria que te dije que se encuentra uno con los otros escritores en el punto de intersección del empino, con los que están vivos y son menos egoístas y con los que murieron y por eso se les dan inciertas noticias acerca del egoísmo que se lleva.

Un espaldarazo que se vea.

Llámame por teléfono o escríbeme cuando puedas. ¡Ah!, acompañe a los demás sin réplica la Beatriz Arbenois aquella que me presentaste hace dos años al menos, que vino a lagotear por información para su trabajo, y nunca llamó, ni escribió, ni cumplió la promesa que me hizo en el Basili. Puede ser una sumisión masoquista al recuerdo, no lo niego, aunque, si el sino no implica juicio y decisión, su intento de disimular que no pensaba para nada cumplir la promesa habría que anotarlo en el debe del sino, ¿no te parece?

«¡Hasta la vista! (sólo se ve bien con los ojos del corazón)» (Jimmy Twice, viernes 6-II-04).

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Que por mayo era por mayo, / cuando hace la calor… <<Romancero

DE: María José Vázquez
ASUNTO: envío de e-mail
FECHA: martes, 11 de mayo de 2004  16:32:00

estimado Jordi Grant, éstos son mis primeros torpes pasos en internet, un saludo cariñoso para tía y flia, un abrazo del mago miguel godoy.

ASUNTO: Aclararse
FECHA: miércoles 12  14.29

Estimada… María… María…
Ya por la mañana,
un lío sin salida:

¿Qué María eres tú? ¿Tú quién eres, María? (parece el Ángel de la Anunciación pronunciando un discurso de reconocimiento en una representación de colegio religioso en día sacro).

¿Una de las tres Marías? ¿Te pintó el mayor de los Van Eyck entonces? ¿Eres María, la de Magdala, que le disputaba el cetro doctrinal a Pedro o la humilde muchacha galilea explotada por José y verificada virgen por un dogma que firmó mano humana recién en 1867?

¿A quién llamas «tía»?, ¿a Graciela? Entonces eres otra hija de Miguel. ¿Una hija natural habida fuera del matrimonio? ¿El tunante tiene hijos que no son «de bendición», como antiguamente se decía?; descubrimiento que no sería ya sensacional desde que se abrieron las cámaras selladas de las vejigas del Fary, Gila y los ex toreros Jaime Ostos y Manuel Benítez el Cordobés. Pero no puede ser que seas la hija porque si Graciela es su hija también, tendrías que ser su hermanastra y no su sobrina. Entonces…, ¿por qué «tía»? El trabajo de presumir el esquema ha necesitado horas.

A los únicos magos que yo conozco es a Merlín, de la troupe del rey Arturo, a Mandrake el Mago, al mago Félix y al gato Félix. El Miguel que conocí no era mago, sino brujo. Qué, ¿lo ascendieron? ¿Dio examen?

Le escribes a un tal Jordi Grant, pero no lo conozco, debe de ser un catalán que se llama como yo, y tampoco respondo por Jorge, porque así me llamaba mi madre y desde que mi madre murió no hay nadie en sus cabales que me llame Jorge sabiendo cuánto lo detesto, qué graznido agudo emito cuando alguien imprudente menciona un santo y lo que pienso de los milicos, gendarmes, policías y guardias de seguridad. Bueno, del orden y la seguridad en general.

¡Vaya embrollo…, usted, Vázquez!

Hemos entrado mal. Te has quedado atascada en las puertas giratorias.

Te sugiero que vuelvas a salir o des alaridos para que el personal del aeropuerto venga a sacarte y empecemos de nuevo.

GRIZZLY GROAN GRANT (éste es el que soy,
como firmé por primera vez
en el libro-faja de tierra a la que se aferran por una noche
los peregrinos
de un
bed & breakfast
de un suburbio de Aberdeen,
Escocia,
en 1996)

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Veritatem dies aperit

Barcino, Iovis IX/XII/MCMXCIX

a/ Jaume Vallcorba i Plana

Dilecto Head Hunter:

Anunciamos inminente llegada a su ventoso palomar.

Queremos retar a El Acantilado con laberintos de palabras.

Acudirían cuatro, de pluma remera a caudal, dos metros treinta c/u.

¡Sapristi! Voto al chápiro verde que ocasión vieren los siglos que Vuecencia publicare nuestro arte gris sobre fondo blanco.

Patulea Ansarina Headquarters
Alamogordo, Nuevo México
Mesa de experiencias radiactivas bajo el spot atómico

Tfno.: 630 77 22 57

En su defecto, todos los viernes 20.30
Diputación-Aribau, chaflán
El Pato Loco:
menú muy completo

DE: tertulia de combate La Claraboya de los Viernes
FECHA:
agosto de 2002

Si pensaba que aquella lejana esquela que le llegó el 9 de diciembre de 1999 anunciándole nuestra visita, que al final no se produjo por extraña parálisis en un grupo que, mientras se está formando, se le arriman otros, era una broma que le gastaban sus amigos, un sombrero o una careta que tenía que ponerse para alguna celebración en un día solemne que sólo atañía a su intimidad, no lo piense más si lo pensaba.

La desunión se ha resuelto. No de ponerse, sino de quitar una careta se trata. Los pelotones Inteligencia Jorobada y Quasimodo Inteligente, apoyados por las unidades de combate Jeanne Duval y Dolores Armijo de Cambronero, han abierto hostilidades en esta «2.ª guerra sármata» contra el Escarabajo Pelotero según otras campanadas, Pelotudo con objeto de precisar dónde está él, que evangeliza, y cómo terminan por no curar los autores, esos buenos salvajes.

Búsquese por ahí dentro. Nos ha parecido ver que hay un regalo navideño para usted.

EL PULPO Y LA DINAMO.

ASUNTO: Detecto las erratas como el ratón Algernon la salida.
FECHA: lunes 13 de marzo de 2006  15.58

Puede transmitirle, de parte de un lector, a su traductora Berta Vias Mahou o a su corrector de galeradas cuya autoridad temporal ya no importa porque galeradas y autoridad contrajeron parentesco para caducar, que en la página 152 de Castellio contra Calvino. Conciencia contra violencia, 3.ª reimpr.,

HAY UNA ERRATA.

Ahí se dice que una cuestión espiritual no puede ser lavada «por ningún agua de este mundo». Si bien es presumible que no se tradujo directamente de Lutero, que es quien lo dice, sino de Zweig, con lo cual estamos ante una traducción de traducciones y el estado resultante es la papilla o error de errores, se advierten en la errata dos niveles en los que habitualmente no se pierde tiempo de advertencia.

El primero es el género del substantivo.

Antes estaba permitido el viraje del femenino al masculino sólo en el caso en que la forma ortográfica se presentaba con vocal tónica. Ahora la ponzoña se ha extendido al resto del campo de los determinantes. Y en los doblajes de películas se puede apreciar ya la expansión membranosa en forma de ala que lo cubre todo, en enunciados periptéreos tales como: «Deje caer ese arma al suelo». La incurable ignorancia del periodismo está haciendo virar el género.

El segundo nivel es el de la pertinencia semántica del substantivo agua, que es indivisible, por lo tanto, no se le figura fácilmente al ánimo cómo un adjetivo indefinido puede separar en porciones lo que no las tiene y, encima, señalarlo para un descarte hipotético (ninguna).

Hacía tiempo que quería ponerme en contacto con usted; me faltaba, sin embargo, una errata con toda su capacidad de puente. Podría escribir que una errata es un pretexto como cualquier otro para escribir por primera vez a un desconocido. Pero luchar por el absurdo de detectar una errata larvada en el mundo de hoy no es otro pretexto si calculamos, por los signos que el porvenir nos allega, que la errata será el alfabeto del porvenir y que el pensamiento no sabrá escribir su nombre.

Miro la estantería del dormitorio en la que mi obra ingente se encuentra estancada y pienso si, sabiendo poner las haches sé hacerlo, lo puedo demostrar, le atraerá a usted la aventura de ir editando poco a poco una obra ininteligible.

GRANT.

Re: Detecto las erratas como el ratón Algernon la salida.
FECHA: lunes, 13 de marzo de 2006  16:48:23

Estimado señor:

Muchas gracias por su comentario referente a Castellio contra Calvino; tomamos atenta nota.

Por otro lado, lamentamos comunicarle que actualmente la editorial Acantilado no puede aceptar nuevos manuscritos debido a que su agenda de publicación está más que colapsada y, aunque hubiera nuevos títulos que pudieran ser de interés, no sería posible su publicación.

Le animamos, no obstante, a presentar su original* en otro sello editorial.

_____
* Nótese el discurso monoaural que, sin despertar, reproducen cuando un cuerpo extraño (mosca o bolita de cerumen) hace vibrar la telaraña en alguno de sus extremos. No hablé de «original», sino de «obra».

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