—Sé razonable, Starrett. Al fin y al cabo, nadie juega con todas las cartas de la baraja. <<Rufe Ryker (Emile Meyer), en “Raíces profundas/El desconocido” (1953), de George Stevens

2 julio 99

Querido J***: después del infierno telefónico al cual te he sometido, falta yo de absoluta palabra y de cualquier indicio del sentido de la moral más indispensables, ahí van esos poemas con el tiempo más hermosos que me requerías ante el percance (1) que asoló parte de tu memoria vital. Te percatarás que son copias; lo he preferido por si acaso el correo nos juega una mala pasada.

Te comenté que andaba de desquicio absoluto, con infinitud de quehaceres por hacer y un ritmo de trabajo algo dislocado. Sin embargo, como dicen, la sarna con gusto no pica; me siento feliz, mal que suene, y cargo con los días tranquilamente.

Ocasión habrá, supongo, para que podamos vernos de nuevo, café en mano y palabras que suenen de verdad, a menos distancia. Deseo que tu discurrir bien valga un peine y que los hados te sean propicios.

Un abrazo

[FIRMA] (2)

Notas

(1) Alude a una bolsa que dejé junto a una pared durante una mudanza. La bolsa contenía libros favoritos, bienes personales de pérdida compleja y trece años de poemas originales.

(2) Glòria Llevet i Planas, la Princesa China, véase su cancionero en este cuaderno de bitácora (Con los labios perdiera Abencerraje / su Granada por rozar tu maquillaje).

domingo 18 / VII / 99

Ni querida ni llorada compañera,
pero sí
gloria, no fuera
que por dengue me vetaran del Parnaso:

Ayer recibí el sobre grueso y suculento y me apresuro a contestarte. Tu gentileza merece una carta y que no se la corresponda con una chafardera llamada telefónica que de rebote cogerá tu madre, que también podría hacerte, porque yo también puedo estar «falto de cualquier indicio del sentido de la moral» si, por esto, te refieres a estar falto de tiempo; pero no lo haré. Sería como echar una mirada de reojo a la gentileza que te llevó a apearte de tu frenesí, a lo que contiene el sobre y al sobre mismo, con el alivio misterioso que me comunicó el sopesarlo. Sería la vida de reojo.

Cuando abro el buzón en el hall húmedo, el corazón me da un vuelco. Hiciste bien en sospechar que algo nos podría jugar una mala pasada; el correo, no, pero sí los vecinos. Desde marzo no vivimos más en Floridablanca. Nos mudamos a Sant Gervasi. Dos veces perdido era lo que me habría gustado a mí que me pasara junto a algunas chicas que recuerdo, usted vaya a saber, pero no sé si hubiere podido soportarlo otra vez con los poemas.

La felicidad, que tiene buenas espaldas para las definiciones, se define por situación y por estado. La situación habla por el bienestar y algunas veces por el triunfo. El estado de felicidad incluye la suerte, que no siempre se tiene en cuenta, por eso no tiene sentido desesperar de lo que es implacable en mostrarse, y la dicha, que funge de sinónimo. La felicidad, ilustrada por Catulo, que introduce el motivo asiático, más precisamente alejandrino del animalito como pequeña posesión que alegra la vista cagándose en el mosaico, y va a desembocar en el Platero adaptado a burro, provee una genealogía que no sé si Armando de Fluvià sabrá o habrá fijado y que me parece que no es muy larga. Sujeta a revisiones posteriores, habría que hacerla terminar en lo que pensaba de ella Baudelaire: que le hacía el efecto de un vomitivo (en el prefacio de Los paraísos artificiales).

La felicidad realiza la completa expoliación del mundo para enriquecer a dos u olvida el mundo por el deleite que proporciona uno (el gorrión de Lesbia). No hay mucho para elegir. O se acepta formar parte de la nómina de todos los que no pueden estar con los dos en una vida personal concebida para el secreto o se entona el treno con Catulo cuando el gorrión la palma (Carmina, III), sobrellevando la pena prestada Catulo al parecer también sin haber podido llegar a las últimas causas. Creo que ha sido esta felicidad Me siento feliz, un disco de Bert Kaempfert de 1963 que yo bailaba a los saltitos en los bailes de carnaval de Luján, en la provincia de Buenos Aires la que explica que fecharas tu carta el 2 de julio y yo la encontrara en el buzón el 17.

Estuve meditando en la pérdida, costando la torta un pan, antes de la llegada de la carta. Combatía el sentimiento crepuscular (perder bienes materiales se confunde cada vez más con perder la vida) con la resignación de nevera cristiana cuya simplificación tiende a congelar la realidad de lo que has perdido. Tu carta vino a zanjar la cuestión. Sabes que trece años de mi vida se hicieron humo. Los originales que había en la bolsa que me olvidé, apoyada en la pared, no se recuperan. En el tarot mi mujer vio que los recuperaría «en la memoria». Allí, donde engrandecemos lo que no pudo ser, lo que se rompió o lo que se llevó otro, es difícil saber exactamente qué habría salvado la posteridad y qué nosotros, a pesar de la posteridad. De esta manera han quedado estos pocos, como si tú, la musa (1), los hubieras hecho desaparecer a todos a tu espalda, como hacen los niños, y me mostraras estos pocos, diciendo: «Adivina qué tengo en la mano».

Celebro que se te haya ocurrido fotocopiar el poema de la dedicatoria que figuraba en el ejemplar de La batalla de Ezeiza. He tenido una sensación extraña contándolos para ver si estaban todos; ya no me acordaba de que «Oh llama sobre nosotros, llama» hubiese nacido como nota-soneto al pie de un verso del Petrarquita, pero así debió haber sido porque él da más sombra. Es más grande. Yo los hubiere conservado todos, disimulando ripios y carencias, aplazando la urgente depuración, por el nefasto valor personal. La selección natural no la hizo la técnica, amputación de los fuertes, sino la Fortuna.

«Ocasión habrá.» No. La felicidad lo impedirá.

Igual, gracias por todo. En la Ilíada, cada dios tiene su epíteto. Yo sólo tengo el billete con que viajé un trecho en tu vida, te concedo toda la razón si niegas que dejé la deshecha forma de una huella, con la virtud de una despedida que se renueva cada siete años:

HASTA SIEMPRE, PRINCESA, SI NO ES MAÑANA.

_____
(1) Cronológicamente, mi primera musa.

Esta entrada fue publicada en Personajes y experiencias / Farsas y bocetos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s