Como siempre, se desaprovechó a la Estanquera de Fellini con un corpazo de eufórica manteca que se veía que no había sido corrompido por ninguna dieta embustera…

LLOC: La Factoría-Von Till (plaça Universitat, Barcelona)
DATA: jueves 29/11 – sábado 1/12/2001

He leído su libro (1) sobre la historia del «porno duro». Teniendo en cuenta las dificultades que existen por las fuentes dispersas y la desmemoria de las actrices, según me explicaba José María Ponce, que no recuerdan el número de películas que han hecho (ante la imposibilidad de saber qué títulos les han puesto), su libro es como una guía telefónica, primero, en cuanto a la minuciosidad, y segundo, en cuanto al orden que no se desgracia, además de la calidad informativa para la que no hay explicación como no sea que estaba usted en el principio de la cosa, en la sonochada del «X», cuando comenzó, como una atalaya humana.

La crítica «seria» castiga al género con la Gran Barrera de Coral, un cordón sanitario que muestra con elocuencia el grado de existencia de lo invisible. Para ella sólo existen los «8000», los que representarían el techo del mundo en cine: Hitchcock, Ford, Kubrick, el film noir

Los propietarios de videoclubes borran sus archivos porque no pueden usar los ordenadores «como si fuesen garajes de títulos» (2).

Los distribuidores no son arqueólogos; están interesados en renovar el stock y les traen sin cesar películas nuevas, carne como sal neutra, o sea, bórax.

A ello hay que añadir la producción, que sólo en los Estados Unidos alcanza los veinticinco mil o treinta mil títulos al año (siempre según Ponce).

¡Ah!, y está el borricote consumidor de «porno», que es como el fumador. ¿Ha visto usted alguna vez a un fumador que coleccione las colillas de él o de otros? El consumidor no es un sibarita, ni un enfermo moral, y dudo incluso que, en los tiempos que corren, siquiera sea un voyeur. ¡Qué le voy a contar!

Me presento. Me llamo J*** Grant, pero me conocen por la dinamo o Grizzly Groan (el oso pardo canadiense que se queja gruñendo). Soy licenciado en Filología Hispánica y estoy redactando la tesis doctoral en Historia del Arte, una vasta confluencia de literatura, pintura y cine. El 2 de noviembre se cumplieron cinco años desde que comencé la redacción. El tiempo de una condena, ¿verdad?

En un acto de suicidio, dividí el penúltimo capítulo en cuatro secciones, la última de las cuales en la que me encuentro ahora versa sobre el «porno» (comedia erótica italiana, softcore y hardcore). Gracias a un amigo que asiste a una tertulia de críticos de cine, trabé relación con Ramon Freixas, después de leer su libro sobre el «S» (3), una Biblia parecida a la suya.

Y vamos al meollo de lo que quisiera solicitarle si fuera usted tan gentil. Ramon ha tenido un papel de no ser zurdo en esta parte de la tesis, de rebote y cotejo, de asesor, de memoria auxiliar… Cuando tuve que componer el ranking de las tetas de la comedia erótica, fue él quien me ayudó. Pero ahora he dado en un tope. Por ejemplo:

Necesitaría noticias de Jose o Josey Duval, un actor quizá de ascendencia hispana, con un parecido físico a José Antonio Botella, Chapis, el que trabajaba hace unos años con Belinda Washington en el programa ¡Qué me dices!, de periodismo rosa, que emitía Tele 5. ¿Lo recuerda? Tengo para mí que actuó en Enfermeras del turno de noche y otra de enfermeras, pero no lo puedo precisar. Trabajó en una que se titulaba algo así como Marido humillado. ¿Me lo podría confirmar? Títulos, años y directores.

La película en que Peter North le tapaba un ojo a Megan Leigh de un lechazo a metro y medio. ¿Podría ser Out of Control (1987)?, ¿The Magic Shower (1989)?, ¿One Wife to Give (1989)? En la película, la malograda Megan Leigh (4) y Peter North figuraban que estaban recién casados; ella, en lugar de desnudarse, se vestía con una lencería blanca muy excitante. Necesito el título en castellano.

Peter North hacía pareja con Nina Hartley y una tal Kim McKay. Ésta es difícil, la pregunta del millón. Podría ser Mirage (1991), que también se tituló Dirty Dreams. Nina Hartley hacía de mucama que tiene sueños lúbricos con su patrón que viene de jugar al golf. El título en castellano.

¿Sabe quiénes fueron los actores de El placer entre las nalgas?

Pasamos a Jess Franco.

El detective Al (¿Hal?) Pereira, ¿aparecía en El hotel de los ligues y en El sexo está loco? Ramon dice que en esta última, no; que aquí es donde está la famosa escena aquella en que Lynn Endersson, con una expresión indeciblemente viciosa de madama reventada, le metía a Mayans un dildo cosa de Inquisición y Krafft-Ebing.

That’s all, folks! (por el momento).

Cuando tenga algunas respuestas, sonámbulo me las manda, por favor, a

<calvar26@***>

Me sacará de un bache.

Quedamos.

DINAMO.

Notas

(1) Casto Escópico (Lucas Soler Cabo), Sólo para adultos. Historia del cine X, Valencia, La Máscara, 1996.

(2) Textuales palabras de Albert Grana, propietario del Videoclub Grana en el chaflán de Urgel y Floridablanca.

(3) Joan Bassa y Ramon Freixas, Expediente «S». Softcore, sexploitation, cine «S», col. Zanzíbar, núm. 4, Barcelona, Futura Ediciones, 1996.

(4) Se quitó la vida a los veintiséis años, el 16 de junio de 1990.

DE: Lucas Soler Cabo
ASUNTO: ultimas preguntas
FECHA: 11 Dec 2001  09:41

Querido J***. Antes que nada disculparme por el imperdonable retraso, pero llevo varias semanas inmerso en la publicación del libro Basura Reciclada, una recopilación de mis artículos y los de mi compañero Frank Lasecca en la sección «Fam de fem» de la cartelera Turia: entrevistas a personajes célebres aficionados al porno, reflexiones irónicas sobre la prensa del corazón y sus personajes, análisis disparatados sobre la denominada cultura basura, etcetera. Un libro de humor con prólogo de Moncho Alpuente. En una semana sale a la calle.

En cuanto a tus preguntas de erudito sólo Dios Todopoderoso podría saber las respuestas, pero creo que el pobre no tiene tiempo para un plácido abandono onanista ante el vídeo. Como me costaría mucho tiempo responder a tus preguntas y no tendría la seguridad de encontrar las respuestas, te sugiero que consultes varias fuentes fiables.

a) Hace dos años Luke Ford publicó History of X, un libro esplédido [sic] de editorial Prometeus de Nueva York. Te lo recomiendo. También te recomiendo su completa página web Lukeford.com, en la que encontrarás información actualizada a diario sobre el planeta X. Cuenta con biografías y entrevistas de las estrellas del porno USA, monografías sobre el sida o el sexo interracial, artículos de historia.
b
) La mejor base de datos, que ya conocerás, es Internet Adult Film Database (iafd.com). Muchas de las películas cuentan con críticas de internautas. Ahí podrías encontrar el título de la película de Peter North, para luego buscarla en la página de películas estrenadas en España del Ministerio de Cultura y Educación.
c
) En libros de consulta, te recomiendo las excelente [sic] guías de Robert Rimmer y Patrick Rilley, que deben ir por el octavo volumen. Como estoy un poco alejado de la crítica de porno (me aburre todo lo que se produce, salvo Orgías Vikingas de Thomas Kupcka y alguna de [Mario] Salieri) no estoy tan informado como antes y ya no consulto las guías.

Mi interés por el porno es más humano o sociológico que cinematográfico. Desde hace dos años, trabajo en la redacción de unas falsas memorias en las que reflexiono sobre las interioridades de la industria del sexo introduciendo como anécdotas argumentales todas mis viviencias [sic] con la gente del porno. El libro que escribo es una novela de intención didáctica, pero también de humor y sexo. Mi idea es publicarlo en un par de años en La Sonrisa Vertical. Ya veremos si tiene el interés y la calidad literaria mínima para ser publicada. En todo caso, no estoy del todo insatisfecho con las 230 páginas que he escrito hasta ahora. El novelista Vicente Muñoz Puelles ha encontrado algunos de sus capítulos muy interesantes.

De momento, no se me ocurren más fuentes documentales, porque mis archivos los tengo en casa y te escribo desde el trabajo. Espero que tengas éxtito [sic] en tu tesis y no dudes en escribirme con cualquier pregunta por bizantina que sea. Dále recuerdo al eminente Ramón, que sabe mucho más de porno, aunque no mantiene una bella y sincera amistad con tantas chicas del género como yo! Un abrazo, Lucas

ASUNTO: Tarde, bien y siempre
FECHA: martes 30 ABR – miércoles 1 MAY 2002

Ya te había perdido de vista, te estarás diciendo, y lo cierto es que el tiempo transcurrido te da la razón; sólo puedo decir, como atenuante de mi conducta, que me vi envuelto en una perentoria actividad de redacción que culminó el 21 de febrero, cuando desemboqué en los últimos cien metros de la tesis, de lo mejor que se ha visto en punto final.

Dos manías grandillonas me entraron por el flanco, distrayéndome de la templanza de escribirte y ocupando mis energías de clausura con otro largo trámite de redacción. La primera fue que contraté Internet y después de buscar inútilmente una sindéresis de adulto que darte, te doy la preferencia del niño: me engolosiné cosa mala y me alejé del mundo. La mística de la informática, que por pura insuficiencia encaminábase a la nada y se quedó en lo experimental, pues ahí; un vaciarse sin trascender que hubiera tenido entretenidos pero no ausentes a Tomás de Kempis y a Llull. ¡No es cosa! La segunda es más de Faetón y todo fue acercarse y casi incendiarle la calva a uno. La tertulia literaria a la que voy desde hace ocho años abrió hostilidades contra el Escarabajo Pelotero (el editor Mario Muchnik) y estuve prácticamente dos meses y medio con las armas en la mano, sosteniendo una guerra epistolar de las que parece que se hunde el techo, que tenía el apetito de ser la de Troya y terminó siendo la de Murphy.

Pero ha llegado el momento de contestar a tu e-mail del 11 de diciembre pasado y agradecerte la información preciosa a modo de dispositivo táctico para llegar a ella más pronto. A comienzos de año todavía no teníamos Internet, así que fui con mi hijo menor Rainer-Minaya a uno de estos bares con ordenadores que ya los quieren como el centro de mando que nos mostraban en Juegos de guerra, con Matthew Broderick, y consultamos las bases de datos que me recomendabas.

En la IAFD encontré lo que buscaba. Jose/Josey Duval había hecho de marido humillado en Transformed and Humiliated Husband (1987) junto a la camiona de Duchess von Stern con el tipo poliéster de Sharon Mitchell que no te gusta y las menos conocidas Sapphire y Scarlet Scarleau; y, efectivamente, trabajó con John Leslie, a quien tienes bien situado en tu libro, nos exhortas a que lo veamos como un estudiante de Oxford, ¡válgate Dios!, poco a poco con eso, en, te decía, Nightshift Nurses, también del 87, forzando la cerradura (de pensión) de Keisha, ¡haya prodigios y oprobios!, que le han dado palabra y le han pagado, y ni así. Mi memoria conservó el fichero de esa película de enfermeras, una de tantas superfluas fijaciones si tenemos en cuenta que tengo los ficheros por el suelo con la edad, que se me han caído todos. Este actor, que te dije que sospechaba que era de origen hispano, era o es belga y estuvo activo como se dice de los pintores entre 1973 y 1996, sus buenos veinte años. Actuaba también con el nombre de John Duval.

En la misma IAFD pude localizar las películas de Alden Brown (Peter North) y aislarlas mediante una inesperada marca de expiación. Resulta que Megan Leigh, la actriz que trabajó con él en la película que me interesaba citar, era una especialista en recibir la descarga seminal en pleno rostro. La especialidad es y en esto los norteamericanos tienen, por linaje alemán, la virtud romana de la clasificación, y si no, he ahí los actos de la medicina por los propósitos de la botánica de Plinio un cargo en el género y se lo llama algo así como face swallow, ‘trago’. El verbo to swallow es ‘engullir, tragar’, lo que le tocó hacer a Megan Leigh. Su autoestima no debió de llevarse muy bien con el trago y fue, a la postre, un mal trago, aunque tú lo relativices apelando a la competencia de la estadística (pág. 104). La IAFD traía 14 que habían hecho juntos con esta litiasis o mal de piedra en la conciencia de la actriz de verdad que la chica tal vez quiso ser y que para mis fines, permitiendo que interviniera activamente el egoísmo, me sirvió, en trueque de su tragedia, como la substancia que te ponen en la piel para detectar los puntos alérgicos. Eliminé las demás y me quedé con dos que podían «decirme» algo. Ahora las someto a tu examen y parecer. Son Making Charli y la que te decía, Magic Shower. Lo curioso es que las dos son de 1989 y las dirigió el mismo, un tal Gordon Vandermeer. ¿Te suena? ¿Cuál sientes que puede ser? (1)

La página web de tu tocayo Ford no me satisfizo. La IAFD es, con mucho, la «mejor base de datos». Me lo aseguraste y estoy persuadido.

¿Dónde puedo consultar la página de películas del Ministerio de Cultura y Educación? ¿Es como un ISBN? ¿Y dónde está?

No hace mucho saqué del videoclub Dr. Max y las tetudas. Cómo explicarte el desencanto si, como dices, «no estás tan informado como antes» y tu interés por el género «es más humano o sociológico [?] que cinematográfico», cuando al acto se lo privaba de escenario, su desprecio ha sido el mismo exactamente que el que decidió la muerte de la puesta en escena. ¡Todo lo hacían sobre un tresillo! El despotismo no se estableció sino cuando Max Bellocchio, el director, apareció explicando cómo se iba a rodar la miseria, mostrando «la película dentro de la película» en plan Wim Wenders, haciéndose el metagracioso y toqueteando a las actrices. Como siempre, se desaprovechó a la Estanquera de Fellini con un corpazo de eufórica manteca, honrado, que se veía que no había sido corrompido por ninguna dieta embustera; no se provocó al espectador con las sugestivas formas de la pereza y la magnitud de la lactancia en todas las dimensiones del sólido mamario. ¡Los que fuimos amamantados hasta el año de edad y el biberón se nos subió al cerebro por dárnoslo puntualísimo hasta los cinco, o sea, los que fuimos deformados como los luchadores de sumo para ser viciosos mamantones voyeuristas deberíamos ser los directores! ¿¡Dónde está ese cine de posturas!? ¿Será Ponce su Juan el Bautista?

Llamé a Mayans (2) a Madrid y me lo negó todo. A él NADIE le metió un dildo nunca. Me hizo acordar de la vez que vino Jess Franco a Barcelona con su musa (3) y al término de la charla fui a hablar con él. Yo llevaba en bandolera, en un macuto, tu libro y el de Ramon. Para ilustrar un pasaje de la conversación, abrí el libro de Ramon por la foto en que se ve a Lina Romay casi en pelete en La chica de las bragas transparentes. La señora no estaba allí para mostrar nada de lo que había debajo. Si hasta llevaba gafas de conferenciante… Esta gente que ha vivido de su cuerpo parece que estuviere esperando que el prestigio se duerma, que es mala fama y vergüenza que dio comida y pagó Burdeos. Oye, sentémonos, una vez que no haya gente sacas el libro, pero, así fuera yo ésa, te lo metes en el culo por ahora, mira que eres inoportuno, recordarme cuando era joven, ¿no ves que voy tapada?; y en fin, en este recinto (4) que parece la universidad, conque no es muy hábil, ¿eh?

Le transmití tus recuerdos al «eminente Ramon» (se escribe sin acento, a la catalana). Leímos tu e-mail en la casa de Ferran Comajoan, un joven coleccionista que vive en un búnker y se deja caer en la cama para dormir, después de un vuelo sobre montañas de películas. Se rió con eso de que tú mantienes una «bella y sincera amistad con tantas chicas del género» mientras que él no se come un rosco.

Notas

(1) Casto Escópico no contestó. No iba a estar allí mucho tiempo esperándole y confié en la memoria. Estaba seguro de que el título traducido era el literal (La ducha mágica) y así fue en la tesis.

(2) J[osé] A[ntonio] Mayans, Robert Foster, Tomé Proculi y una decena de pseudónimos o más, que sufrió sin esperanza de premio casi todos los papeles de protagonista en las películas a jirones de Jess Franco.

(3) Rosa Maria Almirall, Lina Romay, Candy Coster y otro tanto in 8 Legs to love You.

(4) El FNAC de plaça de Catalunya.

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