EL CENTINELA

Fragosa es la planta de paredes del Valdivia, vena yugular que se ramifica adherida a estopa de bosque impenetrable.

Al sur no hay doncellez geográfica sino la pirosis sanguinosa del Tornagaleones.

La escarpa sin donaire le quema la faringe al Valdivia.

En la última dolencia de los mil setecientos metros, en el curso de los cuales la vitalidad de la isla del Rey va mermando hasta astillarse en agudeza de rabo, se aferra la pequeña isla de Mancera, inclinada sobre sus caletas de aflictivo acceso y sus seiscientos metros de flancos acodillados y convecina cabellera selvática.

Al norte se ha cortado sobre la rompiente robusta sarta de perlas, valvular de encorvados arrecifes. Y dos costas estrechadas en los brazos del Valdivia, soñador de vericuetos.

En la boca de sus canales hay un aliento de piróforo que se inflama cuando las ciento veintiocho piezas cruzan sus fuegos de versado calibre a través de la bahía. El bosque enmascara fortificaciones y las mariposillas verraqueantes que aletean en los pulmones del reducto del Chorocamayo, espectral erizo.

Es preciso tomar a Valdivia, pirámide de selvas y trepadores acantilados.

Ochocientos hombres de línea y otros tantos milicianos.

Nueve fortalezas, baterías artilladas, pero son nueve. Todas bordadas con la red afiligranada de sus fuegos cruzados.

¡Y hay que tomar a Valdivia!…

PRIMERA VOZ

Han sonado los primeros cañonazos. No te demores.

(Soldado patriota agazapado. Acecha al centinela realista que, aislado y asustado en la «hora de la modorra», no ha presentido el peligro.)

SOLDADO

No le veo la cara. Quizás esté dormitando.

PRIMERA VOZ

Está vigilando. No te engañes.

SOLDADO

Si se percatase de que estoy aquí… Si un golpe de aire, si la más leve ventolina le anunciara mi presencia.

PRIMERA VOZ

Te clavaría esa bayoneta en que remata su carabina, descartando todo apremio de conciencia.

SOLDADO

No es un centinela, es… Casi no se mueve.

SEGUNDA VOZ

Medita la triste suerte que cupo a Ordóñez y a Morgado en la revuelta abortada de San Luis.

PRIMERA VOZ

Bien que la merecían. La patria en su defensa no ha de ser indiferente a ninguna ingratitud que se sirve de la misericordia con el vencido para apostatar de las condiciones de su rendición.

SOLDADO

Pronto vendrá la vanguardia de Miller.

PRIMERA VOZ

El centinela todavía medita. Pensamientos inútiles le sirven de resguardo.

SOLDADO

Tal vez piense en su novia y sueñe con poder transportarla en brazos a la ventura del follaje.

PRIMERA VOZ

Escucha la fusilería de la muralla. Están trepando seguramente en desfilada el sendero batido por el mar.

SEGUNDA VOZ

Piensa en sus seres queridos.

PRIMERA VOZ

¡Esto es la guerra y aquél un centinela! El punto de vista es restringido cuando hay deberes que deben ser aplicados. Los seres queridos se quedaron a zurcir medias y a enseñarnos con su abnegación que hay formas tan elogiosas cuanto modestas de cumplirlos. Piensa en La Niebla, castillo tallado en la roca viva, y en la O’Higgins, que con cinco pies de agua en la sentina mantuvo la heroica resolución de Cochrane de llegar.

SOLDADO

Pero así…

PRIMERA VOZ

No será la primera vez que matas a un hombre que no conoces. Recuerda Pisco y las ciento sesenta y cinco bocas de fuego del Arsenal de San Joaquín.

SOLDADO

Tres castillos circulares, gigantescos, grisáceos de torreones para un bizarro suicidio.

PRIMERA VOZ

Sembrando quinientas simientes de Apocalipsis entre los independientes.

SEGUNDA VOZ

Pero este hombre está solo. No tiene más puntos de contacto que el abandono que va empeorando por momentos con el deber de alertar a los suyos.

SOLDADO

¿Quién eres tú?

SEGUNDA VOZ

La Voz de la Humanidad.

SOLDADO

¿Y el otro?

PRIMERA VOZ

Soy la Voz del Deber y un titubeo tras la busca de igualdad aparente estorba mi cumplimiento: el centinela en su aspecto formal. Suprime el aspecto.

SOLDADO

(Tiembla de incertidumbre.) El deber justifica a la humanidad…

VOZ DEL DEBER

…que no es enteramente capaz de tomar sus propias resoluciones sin el significado ético que ha hecho mi reputación.

VOZ DE LA HUMANIDAD

Es una vida. No sabe de tantas cosas como tú.

VOZ DEL DEBER

¡Es sólo un nombre, una evidencia «técnica», y su eliminación será un episodio! Ea, mátalo.

VOZ DE LA HUMANIDAD

Es una adhesión personal. Ignora que la Idea universal de Imperio español ya no está de acuerdo con la vida secular, y tú que tu patria naciente caería en la misma locura si diere con la prueba teocéntrica de volverla respetable.

SOLDADO

¿Qué hacer?…

VOZ DEL DEBER

Beauchef y sus doscientos cincuenta infantes, y tú posponiendo el suntuoso futuro de América en la indecisión de tu bayoneta al no desoír rezongos pusilánimes.

SOLDADO

Podrán pasar con o sin él. Las victorias no se forjan con crímenes alevosos.

VOZ DEL DEBER

El centinela.

SOLDADO

¡No favorezcas su asedio!

VOZ DE LA HUMANIDAD

Me aproximo, pero aquí estás tan solo como el centinela. Aquí te dejo solo con mi distinción inadecuada de un enemigo accidental y una vida común que vas a interrumpir y nada puedo hacer.

SOLDADO

No, no, por favor. Oblígame.

VOZ DEL DEBER

Por tu esposa que bajo tierra reposa, por tu hijo que te dijo «papito, no dejes uno», por América para los mejores y el honor de tus superiores, por la paz y la torcaz y el amor que Jehová nuestro Dios nos da…, ¡mátalo ya!

Bayoneta hueca, hierro huesudo,
traspasó en estrago, de un solo empellón,
al centinela en Babia, que en transfixión,
intentó arrancársela del esternón
.

     Y no pudo.

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