apóstrofe a Mayumi

PARA: Laura Mayumi* Takahashi Shimura
ASUNTO: Dos cuentos
FECHA: jueves 23 de febrero de 2006  17.22

Mayumi Preciosidad:

Son dos cuentos los que te mando englobados en un volumen mayor de nueve más. El telón que sirve de escenario es la ciudad de Barcelona, por eso lleva el título provisional de Cuentos de Barcelona**.

El personaje es real. El gordo Miguel vivió aquí y en 1982 se mudó con su familia, esa estrafalaria que aparece en los dos cuentos, a Málaga. Se separó de la brasileña que paseaba al perrazo Sokar y actualmente vive con otra mujer.

¿Será de confianza el «lector contumaz» que tienes? El bucanerismo intelectual, sobre todo el de los amigos, está a la orden del día. El primer director que tuvo la tesis, que después falleció, era uno de las Antillas Menores (Barlovento y Sotavento).

En otro envío te haré llegar cuatro capítulos de muestra*** de la novela de 1073 páginas Tortionnaire. Camino de perfección.

GRIZZLY.

postscriptum
¡Esos acentos!

La corrección de estilo se paga entre 2,50 y 3€ los dos mil cien espacios, que vienen a representar una hoja DIN A-4, dependiendo de la dificultad que presente el texto.

¿Tú crees de verdad verdad, Mayumi Preciosidad, que todos llevamos la vida increíble que dices? ¿No habrás estado parada mucho tiempo frente al hueco del árbol de Alicia tú?

_____
* Brasileña de
nacimiento y lote japonés. Ingeniera de profesión, proyectó el puente del Mare Mágnum de Barcelona. Mayumi es el nombre japonés que le puso su padre y significa ‘guapa’.

** Publicados en la categoría NARRATIVA (marzo 28, 2011) bajo el link de descarga historias de la Sibila lúgubre de la emigración.

*** Publicados en la misma categoría (marzo 14, 2011) bajo los siguientes links: cap. VII – Locales y visitantes; cap. XI – Norma the Man-Eater; cap. XVII – Los judíos, y cap. XXXVIII – «Yo soy el gatillo del peronismo».

ASUNTO: ¿Hablamos?
FECHA: miércoles 8 de marzo  19.07

No le veo horizonte a nuestra colaboración, Mayumi Preciosidad.

Dos peñascos me lo hacen creer así. Bueno, uno es un peñasco, el otro su correspondiente caverna.

Uno no es más que la concavidad de las mortificaciones de alguien educado a llevar el corsé del cristianismo. Está relacionado con la «correcta» recepción de los cuentos que te envié. «Realmente escribes muy bien.» ¿Realmente? Hay siempre algo de indiferencia en una correcta recepción. La del que no quiere mancharse. Ni una coma de más. Ni un exceso que recorra la senda que no ha sido hollada y «¡A la… pipeta! exclame, éste es más un animal que un hombre». Una cura de indiferencia por la que tú no has debido pasar en razón a ese zócalo oriental que se continúa en tus antepasados, plataforma corrida de un peristilo virtual que llega sobre los mares hasta el Japón y que a la postre será la virtud que denominas «saludable indiferencia».

Bien, es fácil comprobar que no la tengo, y, como no la tengo, no la practico. No la pienso adquirir en los próximos años, así que por ese lado no hay peligro. Podré decir lo que siento más alto que lo que pienso, contrariando la sabiduría o, por mejor decir, sin un ápice de ella.

Tú estás ahora comprometida en la etapa de gestión de la obra de Joan Garriga, no quieres entretenerte con nada que no sea esa gestión. Lo entiendo. Allí podría acudir puntual lo que llamas la «saludable indiferencia». Yo voy por el camino de la gestión de una obra, no necesariamente superior, que es mi propia obra. Chocan las dos gestiones. Me digo a mí mismo, recibiendo órdenes como el mejor loco: «No te pongas al servicio de otra obra, estando la tuya en un bajío de arena, varada. No tiene sentido. No hay injusticia más dura de sobrellevar que el hacer subir de precio el destino de otro con tu esfuerzo estando el tuyo postergado».

Más aún cuando el otro no lo necesita ni te lo ha pedido.

Que lo ayude su mamacita.

Haría mejor en dar como el renunciante que presenta mi… (iba a decir «mi admirado» Nietzsche, pero una voz me alertó «cuidado que se puede sentir insultado»), que en el Zaratustra da una prueba más de la existencia de un alto sentido del deber, normalizando «al que prodiga su alma, al que no quiere recibir gracias ni restitución, porque da siempre y no quiere preservarse». Pero para eso hay que amar al vecino un poco y ser rico…, y no me refiero a serlo de espíritu, que eso cabe esperarlo de la chusma madura.

El otro es el cansinamente económico. Estoy cobrando un subsidio que me hace de puente para la jubilación. Tendría que empezar corrigiendo un libro de más de doscientas cincuenta páginas para que justificara ponerme, perder tiempo y arrebatárselo a la creación, y acabar ganando lo que obtengo ahora sin quemarme las pestañas y sin mover un dedo.

Tú lo que necesitas es a alguien, preferiblemente un enano, que no tenga obra, que no escriba «realmente muy bien» y que corrija una obra superior sin sentir que pierde el tiempo.

Ya ves que oíste la llamada del destino cuando recibiste mi primer mail y no era el destino, Mayumi, sino un número equivocado. Un indicio erróneo.

«¿Hablamos?» Has hecho la pregunta crucial. ¡Un slogan! No descubriremos ciertamente de qué está hecha la felicidad hasta que no empecemos a mezclarnos con el populacho televisivo.

Grrr…, Grrr…, Grizzly.

Esta entrada fue publicada en Epistulæ in bello (apóstrofes y sátiras). Guarda el enlace permanente.

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