…pues otro habrá de ser vuestro vestigio, / navancos de la oscura Patulea <<Petrarquita

PARA: la tertulia
ASUNTO: Aprendí que la fe era substancia nociva
FECHA: Sat, 26 Oct 2002  14.52

Buscando el modo de saltar al otro lado de la cotidianidad que os burocratiza, dirigiéndome en especial a dos incrédulos de cuyo nombre SÍ quiero acordarme y un ausente que se queja de campanillas y dice por interpósito molusco que es una «hecatombe» esto del patio*, y sin dejar de tiraros puñados de gemas a la cara, os encabezo este emocionante, auténtico madrigal del coche, por ver si os sale trotando el alma del pecho. No paro de transcribiros.

_____
* <patuleansarina>, la dirección de e-mail de la tertulia.

ASUNTO: Circular «a los cuatro vientos»: «Y con esto, Dios
os dé salud y a mí me olvide»
FECHA: Sun, 10 Nov  14.29

Hoy me llamó por teléfono el Petrarca. El viernes 15 viene. Llega el Enterrado Vivo con el dolor de la tumba, la cara jabonosa de adipocira y un edredón de tierra que dejó perdido el autocar la última vez que vino.

«¡Resurge, Javuto!»

Estará en la tertulia. Trae el cancionero devocional dedicado a Maléfica, varios metros virtuosamente peinados con raya al medio como se peinaban las cuadrillas del western para aparecer en los daguerrotipos. Nos lo leerá antes de colgarlo en el patio (como lo exige el Pulpo).

«Desde todos los confines, ¡venid
con el corazón deshecho,
enarbolando los puños
para salvar lo que es vuestro!»

ASUNTO: las gamuzas del Tirol no saltan tan bien como estos cuartetos
FECHA: Sun, 15 Dec  22.38

Ayer cené con la tertulia que lidera Visconti y fuimos a uno de sus bramaderos mundanos.

Como siempre me está insistiendo que recite, supongo que para pomponearse de que él me llevó y tiene un monito con una casaca roja con alamares que baila y toca el saxófono, al llegar ya a la cena le dije hoy te vas a tomar tres platos de la sopita que te traigo.

Buscamos un bar cutre y silencioso en una calle del Barrio Gótico sólo de huida, nos instalamos seis al fondo ajenjo del maudit que pidió él para que nos dejaran tranquilos y les leí (¿se dice así?, ya no sé lo que hago cuando digo que leí) los poemas de Maléfica, con las imágenes preparatorias del viaje del noventa y dos a Estambul que son navegables en más de dos mil kilómetros hasta la tertulia.

Visconti no se esperaba eso. Quería algo más frívolo, el viento cuando espira, que sopla blandamente. La gente como en misa, como alrededor de una hoguera en el campo.

A ley de caballero que parece mentira. Yo no sé si es la peligrosa música de las palabras, si es que el mundo real se hunde, si es que falta una fe y mi práctica deplorable de buscarla ocupa sin derecho el hueco que dejó o si es Ella; el caso es que el camarero brutal que no hacía más que averiar el hechizo, el mendigo que venía a dar lástima, la gente que iba al retrete (la mesa estaba al lado y era un continuo abrir y cerrar de puertas, ir y venir de brisa malita), se quedaban escuchando y mirando como viéndolo en papel de Holanda, se involucraban sin querer.

Los cuartetos 6.º y 7.º han sido alterados. Creo poder dar las razones.

En el 6.º, «pozo de las sombras» era una imagen con una redundantia in adjecto imposible de salvar, aun considerando que el poeta había conseguido cosa que dudo «depurar» el complemento de su sentido recto. Mantuve el verbo en el segundo verso y me parece haber enriquecido las «sombras» en sentido genérico con la sombra de Ella. Es como si las sombras tuvieran ahora otro matiz: el percance de su presencia. Con todo, es un matiz imperceptible, que sólo puede ser soñado.

Al ver que no podía conservar intacto el 7.º, con TODAS las palabras que Petrarquita eligió, fui a la panoplia petrarquesca y descolgué uno de sus alfanjes damascenos: «penitentes» (peregrinos del mortal cuidado, que hubieran dicho los grandes). Nos da ese aire de mortificación ante notario, de rechazados que han de hallar nuevo acomodo en la realidad, si (no) queréis de ascensión mística cortada la retirada, de rumbo interminable. En el segundo verso me pareció que «minuto» le convenía más que «misterio» y quedaba resonando gracias a una similicadencia involuntaria la lengua «que escribe por uno», un antigripal que habría que recomendarle al Sunny con «fortuito» del tercer verso: -uto, -ito.

Otro argumento a favor del primer verso tal como quedó chupetín al gusto es que se evitan los escalones de los dos pronombres del original (QUE creen QUE), en lo que ya había reparado Phantom y lo colocó como él sabe, como un perirráutero borroso a la entrada de los gritos y la jarana. El endecasílabo, ¡oh!, poca cosa.

Qué, a ladrar. Espero un vendaval escandalizado.

Los que van a ningún sitio

Canto las horas, el paraje y el momento
de un lánguido 30 de noviembre
en que ocho corazones en un puño
corrieron en un tren la misma suerte
.

Canto a las mujeres y los hombres
que dejaron colgando en el armario,
aunque no haya de ser más, por una tarde,
la prudencia, la razón y los resabios
.

Como exigía a buena fe de cancionero
disparatada y magnífica la empresa,
fue la comitiva hasta su casa
por verla allá otra vez o la primera
.

Apuntalando los nervios y el desánimo,
temblando como cuerdas de instrumento,
la vimos bajar en la penumbra
y al Pulpo el amor le dio de lleno
.

De aquella comunión, de aquel envite,
fermenta ahora en mí melancolía,
y los recuerdos, astillados en la carne,
dictáronme estos versos de partida:

Somos los que van a ningún sitio,
los que beben en el pozo de su sombra,
los que aman la belleza que se pierde,
los que escuchan el reverso de las cosas
.

Somos los penitentes de la gloria
en el minuto fugaz, la eterna hambre,
de un cruce fortuito de miradas
o el reflejo de la vida en un estanque
.

Aunque pudiéramos ser más (no fuimos todos,
los que en un bar, al abrigo de la noche,
transustanciamos en victoria la derrota),
quede en el papel memoria de sus nombres:

Octo, Johnny el Guapo y la dinamo,
Phantom, rosa fría y la Milana,
Bogart y el que escribe, Petrarquita,
arriesgaron perder poco y ganar nada
.

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